Entrevista a Antón Arrufat
Antón Arrufat recibió en el año 2014 el premio Nicolás Guillén por el poemario Vías de extinción. En esta obra propone una mirada tierna hacia lo efímero de la vida con desprejuiciado y sano humor. El sujeto lírico transgrede ciertos límites que el autor prefiere no aludir en esta conversación. Por momentos Arrufat se ha sonrojado. Sin embargo, nos da ciertas claves para realizar una lectura más avezada de su libro.
No publicaba poesía desde hace algunos años. ¿Cómo le fue con Vías de extinción?
El poemario se hizo lentamente. Arrojé al cesto muchos poemas y dejé los que me parecieron más interesantes. Después que estaban todos, más o menos treinta y siete, los rescribí a continuación en tres o cuatro días. El hacerlo de esta manera, con el mismo entusiasmo, les dio, creo yo, cierta unidad. Los trabajé y los convertí en ese libro.
Posteriormente agregué “Arte de ver su cercanía” donde reuní un grupo de ideas sobre la senectud que se fueron quedando. Es un poema muy largo, tiene unas siete páginas. Lo hice en dos días, en mi antigua casa de Trocadero en la que viví veintiocho años. Allí escribí mucho, recuerdo ese ambiente inspirador. Creo que es de los mejores poemas del libro.
La poesía conversacional se mantiene como rasgo distintivo.
Son los principios de la generación del cincuenta, a la que pertenezco. Nuestros principios se oponían a la poesía trascendentalista, propia del Grupo Orígenes, fundamentalmente a la poética de Lezama. Era un tipo de literatura que admirábamos, pero que nos negamos a continuar. Quisimos hacer algo diferente.
En Vías de extinción hay dos poemas dedicados a Lezama. En uno voy por la calle Trocadero y me encuentro su casa, toco a la puerta, quiero entrar, es la casa del poeta muerto (título del poema) y él no puede salir a recibirme. Recuerdo que se sentaba en la sala y decía que la poesía era como un manantial fluyendo, el agua dentro del agua. Esos recuerdos los evoco con nostalgia.
El otro es un poema que ya se había publicado en Cercanía de Lezama, un libro de entrevistas de Carlos Espinosa. Tuve la suerte de leérselo a Lezama. Un día que hablábamos por teléfono le dije: “escribí estos versos sobre ti…” (“Leído por teléfono”). Él me dijo: “tiene una larga maduración, usted lo ha pensado mucho y ahora lo ha escrito”. Creo recordar mejor el sonido de su voz, su entonación a través del teléfono, que realmente sus palabras. En ese poema establezco una conversación en contrapunto con un soneto de su libro Enemigo rumor. Hay un momento en el que menciono una parte de mis creencias. No creo que después de la muerte… Eso es parte del manifiesto poético de la generación del cincuenta.
Cuando habla de Orígenes menciona a Lezama de forma recurrente. ¿Es un paradigma al cual regresa?
Prefiero no decir Orígenes absolutizando. Se afirma que Orígenes es un grupo homogéneo, pero entre ellos había diferencias inmensas. Hay distancias muy grandes, por ejemplo, entre Eliseo Diego y Lezama Lima. Para mí nuestra oposición era su poética, Lezama había ocupado toda la isla. Los otros integrantes del grupo ejercían muy poca influencia realmente en nosotros.
En “Leído por teléfono” se manifiesta la diferencia entre Lezama y yo. Lo que digo en el poema está en unos artículos publicados en Lunes de revolución. En un verso aparece Teócrito, fundador de la poesía pastoril o rural en la antigua Grecia que, de cierta forma, se opone a lo clásico y por tanto, al estilo defendido por Lezama. Poema de negación, y al mismo tiempo de admiración. Cierra con una comprensión: Lezama es inmortal, es decir, su obra permanecerá. Claro, esto no es simplemente lo que es el poema.
En la Valoración múltiple de José Lezama Lima usted hace referencia a la amistad que los unía.
Él me recibía los martes, los jueves hablábamos por teléfono largamente. En uno de esos encuentros me dijo: su generación destruyó mi propósito de hacer una ciudad de poesía. Ustedes, al introducir una manera distinta de escribir han roto ese proyecto. Siempre creyó que la poesía era el arte supremo, que había sido decisivo en la historia del hombre. Eso también creíamos nosotros, pero a nuestra manera.
Quizá algunos poetas siguen pensando así, pero no todo el público lector. La poesía se vende poco y tiene poca resonancia en la sociedad. En algunos lugares más que en otros, por ejemplo en Colombia cuando se hacen los festivales se llena un estadio. Tal vez haya un renacimiento de lo que representa la poesía, pero en fin, eso puede haber decrecido. En parte esto explicaría el asombro con el que escuché con tanto asombro su visión de la poesía.
Se pudiera establecer cierta relación entre Vías de extinción y De Senectute (Catón o De la vejez) de Cicerón.
En sociedades más rudimentarias, cuando el jefe iba a tomar una decisión importante reunía al concejo de ancianos. El viejo era el sabio, el que había acumulado la experiencia, al que se le debía preguntar. La vejez tuvo también un valor enorme durante el periodo romano que tal vez hoy no tenga.
Cuando el cristianismo alcanza su auge mayor, terminado el imperio romano, el cuerpo, como presencia, pasa a un segundo plano. El cuerpo debe ser despreciado porque es la parte perecedera, mientras el alma es inmortal. Sería interesante destacar vínculos y diferencias entre las épocas, a partir de un análisis detallado de esta obra que conozco como De la vejez.
Entonces, Vías de extinción plantea una situación de mucha actualidad que es el envejecimiento poblacional. ¿Cuál es su criterio ante esta realidad?
En algún momento habrá que multiplicar los asilos, levantar grandes condominios de ancianos. Si vas por la calle y te fijas, tienes un momento de melancolía: ¡hay una cantidad de viejos! (risas), ¡aunque también hay una cantidad de jóvenes que le pasan a uno por el lado!
A mí me interesa el modo en que la gente camina. En el libro que estoy escribiendo sobre la ciudad que heredamos, tengo como una teoría sobre los pies. ¿Por qué la gente camina de forma distinta? Creo haber descubierto una teoría del caminar, pudiera decirse que es como un fetichismo del paso. Yo me siento muchas veces en el Prado y observo a la gente caminar. Parte del problema del adulto mayor en Cuba consiste en la dificultad para caminar. Algunos me han dicho que es la humedad de la ciudad que va venciendo los huesos…, toda una serie de explicaciones fisiológicas y médicas.
En algunos poemas se percibe cierta visión apocalíptica del futuro.
Bueno, uno que se llama “El Muro”. Detrás hay un lugar al que uno aspiró a llegar a lo largo de toda la historia, y ese lugar no existe. Aunque saltemos el muro lo que habrá detrás será otro muro, otra cosa que saltar. Por eso dice que tenemos que saltarlo con los dientes podridos de tanto esperar y de luchar por ver que detrás de eso hay otra cosa, y detrás de eso no hay nada: latas oxidadas, utopías fenecidas. Es de los poemas más terribles que tiene el libro. Ese y el de “Ya ves” en el que el protagonista lírico recuerda que los padres le decían: ¡Ay, este muchacho ya comprenderá, ya comprenderá! Nunca comprende. Comprender para los padres era admitir, y eso no está en la naturaleza del sujeto poético de este libro.
El exergo del libro “Lo irreal intacto en lo real devastado” de René Char, de cierto modo lo explica. El pensamiento, la ilusión en medio de la devastación física del mundo. Lo real empieza a desaparecer y, sin embargo, lo ideal todavía sigue estando intacto.
Usted tiene acostumbrados a sus lectores más asiduos a un estilo donde la figuración radica en lo coloquial. Un lenguaje, aparentemente, cotidiano deja ver una segunda lectura de trasfondo.
No tanto el uso de metáforas y símiles, necesarios en otra forma de construir la poesía. Es acertado como has calificado el procedimiento de figurar el coloquio. Hay un coloquio fingido. Las conversaciones aluden a ese mundo, a esa parte secreta que hay en el hombre, una especie de deseo que ha de realizarse.
El coloquialismo, en estos poemas, no solo está dado por el empleo de palabras corrientes, sino por un ritmo corriente. Es un ritmo de encadenamiento que poco le debe, diré, a la poesía de Lezama, autor de quien hemos hablado. Es un símbolo recurrente. Creo que lo coloquial refuerza la contradicción con Lezama. Son lugares y personajes cotidianos, el sujeto lírico anda por ahí, por la calle, y hasta los jóvenes le dicen: “oiga señor, lo voy a ayudar a cruzar la calle”. (risas).
La bioética es otra de las temáticas sugerentes del poemario. ¿Cuál fue su intención al mostrar la langosta, el filete de mignon, el pollo grillé como víctimas personificadas?
En el poema “Antes de comer”, dividido en tres partes, el hombre aparece como un devorador de la naturaleza, que es uno de los principios importantes del poemario. En algún verso dice que somos como fantasmas que nos hemos comido la naturaleza sin darnos cuenta, más o menos así.
Son estos animales que le sirven a uno en la mesa, elegantemente puestos, al comerlos no recuerda que han sido cazados y forman parte de la futura extinción. ¿Tú no has pensado nunca cuantos pollos nos hemos comido? Para sobrevivir, devoramos a los demás. El hombre se va comiendo la naturaleza tranquilamente, y llegará un momento que se declarará cansada de alimentarnos.
El poema “Soluciones”, ¿funcionaría como una especie de acertijo?
Cuando perdemos una parte de nuestro cuerpo nos quedan las cosas de la naturaleza que no representan nada, o sea, un espárrago no es un dedo. Si pierdes una parte de tu cuerpo te van a quedar elementos de la naturaleza que son una triste compensación. Se pierde una cosa e indudablemente quedan otras que no son nada. “Soluciones” es un título irónico. Te hago una confesión inesperada: ahora acabo de entenderlo. No apliquen tanta lógica a la poesía porque la van a hundir (risas). La poesía es una efervescencia, algo que se mueve con fugacidad.
En Vías de extinción hay un tratamiento natural de lo erótico. ¿Qué me pudiera decir de la sexualidad en lo que llamamos la tercera edad?
El tema lo dejo a la meditación de los lectores. En Vías de extinción hay confesiones, declaraciones, tal vez no deban tomarse al pie de la letra. El poeta tiene cierta libertad para decir algún disparate. Toma cierta distancia: se apoya en el sujeto lírico que construye para comprender o explicar la realidad que lo rodea. En general son poemas escritos con mucha ternura.
Algún mensaje que desearía que los lectores decodificaran.
Siempre existe algo en una obra que su autor ignora. El lector y hasta los buenos críticos pueden, incluso, descubrírselo después. Si el autor supiera todo sobre lo que escribe, no escribiría nada. La literatura es lo más parecido a una aventura. El autor se pone en marcha, tiene como una idea del lugar a donde ha de llegar, hay una luz en la distancia, a la que se quiere acercar el poema. Pero esa luminosidad empieza a moverse de lugar, y el viaje se va haciendo más proceloso. Llega el momento en que se dice: bueno, terminé, y la luz se oculta. Sin embargo, el autor no conoce todo sobre el viaje. Es decir, no sabría decirte con absoluta certeza lo que esos poemas son en verdad. Tienen un fondo que ignoro, su propia luz. Quisiera llegar a ese fondo y es cuando hago el poema. Son partes del subconsciente, para decirlo con un lenguaje más asequible, sino la literatura sería una cosa que lo dice todo de un golpe. No te lo digo todo porque sea un tramposo, en realidad, yo tampoco lo sé.
Editado por: Patricia M. Peña
