Arbitrariedades que tiene la vida
Resulta por lo menos interesante analizar cómo, desde maestros hasta escolares, han convertido el poema X del libro Versos sencillos, de José Martí, conocido en sus medios como “La bailarina española”, aunque realmente la obra no tiene título, en un tema propio para los niños, al punto que hoy se declama y se seguirá declamando por los siglos de los siglos en aulas, matutinos y funciones teatrales para alumnos y padres.
En las palabras de introducción del libro, publicado en New York en 1891 y dedicado de puño y letra a Manuel Gutiérrez Nájera, “marfil en el verso, en la prosa seda, en el alma oro”, el poeta, refiriéndose a sus poemas dice: “… o de amor doloroso a la hermosura, como riachuelo de oro natural , que va entre arena y aguas turbias y raíces, o como hierro caldeado, que silba y chispea, o como surtidores candentes”. Y luego apunta, como al descuido: "¿Y tanto pecado mío extendido, y tanta prueba ingenua y rebelde de literatura?”
En fin, me puse a buscar algunos criterios de otros estudiosos sobre el tema, y particularmente sobre el poema X de Versos sencillos, o “La bailarina española” y encontré opiniones como las siguientes: “Poema de la colección que refleja frescura, pero con hondo y complejo lenguaje recreando artísticamente las verdades del pensamiento y el ideario martiano. Certera visión humana de sentimientos y postulados filosóficos y políticos”.
"Debido a las circunstancias en que es escrito el poema, Martí comienza con los versos “El alma trémula y solapadece al anochecer". Refiriéndose a su propio estado anímico y a la tristeza que siente por la situación de Cuba y de todos los demás pueblos americanos, nos lo deja avizorar en la expresión del alma temblorosa, sufriendo y padeciendo sola por la dura experiencia de lo que preparaba el norte codicioso e inescrupuloso de apoderarse de Cuba”.
“Se trata, por tanto, de un poema de naturaleza óptica. Inmediatamente, el poeta atrae la atención hacia la ceja. Pero ¿cómo nos la hace ver? “de paso”. Eso puede significar traduciéndolo al lenguaje cinematográfico que esa ceja ha entrado en cuadro inesperadamente, o fuera de foco”.
“En este poema, Martí, con la palabra y sus posibilidades infinitas de expresión, transita por imágenes plásticas cinéticas (cinematográficas y danzarias) y a la vez nos muestra grandes focos de varias partes coreográficas del baile flamenco. Nos refleja a través de la imagen literaria, conflictos dramáticos dados desde la misma posición del autor hasta las “supuestas” sensaciones y sentimientos de la artista bailarina”.
“La conciencia estética reñida con la conciencia política, esta dura batalla se libraba en la mente y el corazón de José Martí, la noche en que se anunciaba la presentación de “La Bella Otero”.
“La conmoción que esta mujer causaba en el ánimo de los hombres no le dejó fuera, El intelectual, el admirador de toda belleza vibraba en su fibra mas íntima con su arte, por eso, aunque estaba en la acera la bandera española contra cuyo poder su sentido libertario se revelaba, él necesitaba entrar, verla, disfrutar del magnifico espectáculo que era aquella mujer que conmovía desde el “tablao” haciendo gemir con su ritmo, su cadencia y sus mágicos movimientos la esencia de toda masculinidad; así la describía, así se llenaba de su imagen, así la reflejó en palabras para la posteridad”.
Y a esta última aseveración me quiero referir, porque es única en mis averiguaciones, y refleja la idea que quiero dejar plasmada en este escrito: el poema X de Versos sencillos, de José Martí, es un poema esencialmente erótico, porque no se puede seguir viendo a Martí solo como el Apóstol de la Independencia de Cuba, como el adalid, era también un hombre, que amaba, que amó entrañablemente y también sufrió, como le sucede a todo amante, y mas si es un ser de la sensibilidad que emanaba de su alma. Tuvo un gran poder de seducción, sí, no solo con las mujeres, fue capaz de seducir y convencer a los hombres para combatir por la libertad, capaz de seducir a los tabaqueros de Tampa con su verbo encendido.
Aquella noche en el teatro Edén Musee, de la calle 23 de Nueva York, el hombre solo y de alma trémula, es decir, temblorosa, vibró de deseo, al punto que la motivación lo lleva a escribir ese bello poema.
Comentaré algunos versos para apoyar en algo mis aseveraciones:
Cuando dice: “Ya llega la bailarina/ soberbia y pálida llega/ hay quien dice que es gallega / pues dicen mal: es divina” ya Martí sabe que se va a encontrar a Carolina Otero, “la bella Otero” de quien luego les daré un esbozo de su vida, pero para empezar, y como dijo uno de los investigadores revisados: “bailaba como si el demonio se la llevase, por y para los hombres que continuamente iban en su búsqueda… la bellísima gallega de movimientos sinuosos, la serpiente de cascabel española, la sirena de los suicidios, la leyenda de la belleza suprema que nunca amó a nadie…” Luego Martí dice: “Y va el convite creciendo / en las llamas de los ojos / y el manto de flecos rojos / se va en al aire meciendo. / Súbito, de un salto arranca / húrtase, se quiebra, gira / abre en dos la cachemira / ofrece la bata blanca".
Y es que hay uno de los investigadores revisados que dice textualmente: “Carolina lo daba todo sin ser de nadie ni de nada. Vestida con extravagante lujo de joyas auténticas y trajes imposibles, dejando ver su cuerpo con escuetos camisones transparentes de piedras preciosas engarzadas, la Bella era el espectáculo más hermoso que se pudiera contemplar en las postrimerías del revuelto siglo XIX”. Otro investigador refiere que las cúpulas del hotel Carlton de Cannes fueron hechas inspiradas en los bellos senos de la gallega.
Luego el poeta remata: “El cuerpo cede y ondea / la boca abierta provoca / es una rosa la boca / lentamente taconea”. Y no hay nada más que decir, solo recordarles los últimos versos de la siguiente estrofa que son como un “bajar el telón”: “se va cerrando los ojos / se va como en un suspiro”. Pero es que si miramos un poco el sumario que presentan los Versos sencillos observaremos que tiene poemas como el 1, el 4, el 9, por supuesto el 10, el 14, el 16, el 17, el 18, el famoso 19 que comienza “Por tus ojos encendidos / y lo mal puesto de un broche…” /el 20, el 21, el 24, el 33, el 37, el 38, el 42, y el último, el 46, que es como un resumen del super objetivo del texto, donde el poeta comparte con los versos sus penas y angustias. Todos tienen un marcado erotismo, por supuesto, a la usanza de la época y con la elegancia de la poesía martiana.
Ahora pasemos a “La bailarina española”, Carolina Otero, la Bella Otero, ¿quién era esta mujer? Se dice que vivió cuatro etapas: fue mujer, doméstica, bailarina y prostituta. Primeramente hay que apuntar que no se llamaba Carolina sino Agustina. Agustina Otero Iglesias nació en noviembre de 1868, en Valga, un pequeño pueblo de Pontevedra, en Galicia. Cuando tenía diez años, un vecino la abordó en un camino y la violó brutalmente, dejándola inconsciente y haciéndole sufrir una hemorragia que la tuvo al borde de la muerte durante varios días. El violador fue encarcelado, pero dadas las costumbres de la época, la expulsaron de la escuela y obligaron a la familia también a sacarla del seno familiar porque ya no era virgen. Entonces, aún niña, empezó a trabajar en un prostíbulo como sirvienta.
Cierta vez un teatro de cómicos portugueses visitó las proximidades de Valga, y la muchacha vio la posibilidad de huir y con doce años se fue a Lisboa junto a un muchacho. Ya era hermosa y aprendió a bailar con facilidad mirando los ensayos de las artistas. Después de dejar el circo ambulante se hizo prostituta, lo que le reportó mucho dinero.
Luego de un tiempo se fue a Francia, el país de la alegría, allí cambió su nombre, a partir de entonces fue Carolina. Tenía 24 años y un cuerpo perfecto. Empezó una carrera exitosa bailando en los mejores cabarets parisinos.
Tuvo una amplia panoplia de amantes, según algunos investigadores la amaron millonarios como Joseph Kennedy; William Vanderbilt; Alberto de Mónaco, que la aficionó a los casinos de juego; Leopoldo de Bélgica; Alfonso XIII, el príncipe de Gales y el káiser Guillermo; el mismísimo zar de todas las Rusias, Nicolás; Boni de Castellane; y escritores como Aristide Briand, entre los más renombrados.
A los cuarenta y seis años y en la cúspide de su carrera decide retirarse y vivir en Niza, para estar cerca de su gigantesca pasión: jugar en la ruleta. Se calcula que su fortuna fue de 16 millones de dólares en los años cuarenta, tenía además un yate, una isla, un collar de perlas negras de 2 kilogramos de peso. Se dice también que entonces no le interesaba la riqueza, solo bailar y jugar en los casinos. En Monte Carlo perdió enormes sumas.
Llegó el momento en que se le terminaron sus riquezas. El casino de Montecarlo le proporcionó una ayuda para que viviera y el gobierno francés le asignó una pequeña pensión de por vida.
La Bella Otero había nacido en 1868 y murió en la madrugada del 10 abril de 1965, vieja, loca, y solitaria. Desde hacía años malvivía en una diminuta habitación de un antiguo hotel de Niza. Dicen que se suicidó porque no quería llegar a ser centenaria. Y como colofón, para que los lectores puedan apreciar mis puntos de vista en contexto, les ofrezco el poema X del texto Versos Sencillos.
Versos Sencillos X: 1891
El alma trémula y sola
Padece al anochecer:
Hay baile; vamos a ver
La bailarina española.
Han hecho bien en quitar
El banderón de la acera;
Porque si está la bandera,
No sé, yo no puedo entrar.
Ya llega la bailarina:
Soberbia y pálida llega:
¿Cómo dicen que es gallega?
Pues dicen mal: es divina.
Lleva un sombrero torero
Y una capa carmesí:
¡Lo mismo que un alelí
Que se pusiese un sombrero!
Se ve, de paso, la ceja,
Ceja de mora traidora:
Y la mirada, de mora;
Y como nieve la oreja.
Preludian, bajan la luz,
Y sale en bata y mantón,
La virgen de la Asunción
Bailando un baile andaluz.
Alza, retando, la frente;
Crúzase al hombro la manta:
En arco el brazo levanta;
Mueve despacio el pie ardiente.
Repica con los tacones
El tablado zalamera,
Como si la tabla fuera
Tablado de corazones.
Y va el convite creciendo
En las llamas de los ojos,
Y el manto de flecos rojos
Se va en el aire meciendo.
Súbito, de un salto arranca;
Húrtase, se quiebra, gira;
Abre en dos la cachemira,
Ofrece la bata blanca.
El cuerpo cede y ondea;
La bata abierta provoca,
Es una rosa la boca;
Lentamente taconea.
Recoge, de un débil giro,
El manto de flecos rojos:
Se va, cerrando los ojos,
Se va, como en un suspiro...
Baila muy bien la española,
Es blanco y rojo el mantón:
¡Vuelve, fosca, a su rincón
El alma, trémula y sola!
