Una voz desde Guanajay
La vida de Joaquín Aramburu Torres transcurrió entre la ciudad natal, Guanajay, y la capital provincial, Pinar del Río. Fue un autor que trabajó en disímiles faenas para subsistir y halló en la literatura el estímulo que su espíritu de poeta y narrador requería para vivir.
Fue obrero manual, se hizo maestro de azúcar, trabajó de mayordomo, enfermero, empleado del comercio, panadero, lector de tabaquerías, también fue escribiente y delegado del Banco Español de Guanajay. Todo ello acumulando conocimientos para lanzarse al ruedo de las colaboraciones en la prensa. Menudo esfuerzo tuvo que hacer este escritor de provincias, que cursó la enseñanza primaria en su natal Guanajay y aprovechó al máximo las enseñanzas de sus maestros, a los cuales honró con su posterior labor intelectual.
Nació el 10 de septiembre de 1855 y en 1888 ingresó en la masonería. Buena parte de su vida y de su producción escrita tuvo que ver con esta condición de masón, al punto que varias de sus obras sobre ese tema tuvieron más de una edición.
Se contó primero entre los autonomistas y después comprendió que el camino a seguir era el del indepemdentismo, motivo por el que fue procesado; aunque no llegó a ser encarcelado sí se le obligó a trasladarse a La Habana, bajo control de las autoridades españolas.
Aramburu colaboró en sus inicios en La Crónica y El Entusiasta. Fundó la publicación El Occidente y colaboró también en El Eco, La Escoba y La Alborada. En La Habana lo hizo para El Triunfo y El Comercio. Además, dictó numerosas conferencias en las escuelas de verano para maestros. Sin embargo, su mayor trascendencia está dada por haber estado a su cargo la sección “Baturrillo” del Diario de La Marina durante casi veinte años, desde 1904 hasta su fallecimiento.
De su trabajo titulado “Tres tumbas” (las de Carlos Manuel de Céspedes, José Martí y Bartolomé Masó) es el siguiente fragmento, que ilustra su escritura:
“Allá, en la región hermosa por donde nos viene el día, en el Oriente indomable, el de la leyenda altiva, de los héroes de la patria y las arrogantes hijas, tres esqueletos descansan en lechos de tierra tibia.
“Proyecta su sombra el sauce, sobre la losa reclina el rosal sus verdes ramas, y lirios y margaritas se deshacen, en la tarde, en muchas hojas finísimas, cual si fueran de Natura tristes lágrimas caídas.
“Junto a los tres epitafios —que son la misma elegía—tres ángeles soñolientos descansan, más que vigilan. Son tres virtudes cristianas, que bajo el mármol dormitan, y tres fases de la historia de la nación simbolizan”.
Este autor publicó libros de poesía: Ráfagas y brisas (1892); Páginas íntimas (1895); también Prosa y verso (1895); Grandezas asturianas, colección de leyendas de esa región española (1890); Un detallista feliz, novela de costumbres (1892); Páginas (1907), que es una selección de sus trabajos en prosa y en verso, sin incluir aquellos trabajos que dedicó a la masonería.
Perteneció a la Real Academia de Galicia y murió en Pinar del Río el 14 de septiembre de 1923.
Editado por: Dino Allende
