Elpidio Valdés ordena misión especial

El cortometraje Elpidio Valdés ordena misión especial, del maestro Juan Padrón, Premio Nacional de Cine 2008, tuvo su estreno en el Pabellón Cuba, como parte de las actividades incluidas en el programa estival de la feria Arte en La Rampa y del aniversario 45 de la creación del popular personaje, que —por los valores éticos, patrióticos, humanos y espirituales que en él han podido descubrir los niños y jóvenes cubanos durante ese lapso— se ha ganado la admiración y simpatía de chicos y grandes, no solo en la mayor isla de las Antillas, donde nació y creció, sino también en otras latitudes.
Juan Padrón (Carlos Rojas, Matanzas, 1947) es licenciado en Historia del Arte por la Universidad de La Habana (1978), miembro de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) y de la Unión de Periodistas de Cuba (UPEC). Se desempeña como uno de los mejores realizadores del dibujo animado insular y fuera de nuestras fronteras. Es —además— ilustrador, historietista y guionista.
Comenzó su carrera artístico-profesional como dibujante de historietas humorísticas para el suplemento estudiantil Mella, y trabajó como camarógrafo de mesa de animación, en la sección fílmica de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR). A partir de 1974, se incorporó al Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC) como director de cine de animación. Es el creador de Elpidio Valdés; carismático personaje nacido en 1970 que simboliza al combatiente mambí durante nuestra última guerra independentista contra España (1895-98) y obtuvo la aprobación entusiasta de niños y adultos; así como también de las series Filminutos y Quinoscopios, estos últimos en colaboración con el humorista argentino Joaquín Lavado (Quino) en la década del 80. También en esa década estrenó su largometraje Vampiros en La Habana, valorado como un clásico del género y con el que Padrón logró una sátira magistral al cine de terror.
La presentación del cortometraje Elpidio Valdés ordena misión especial, producido por los Estudios de Animación del ICAIC, estuvo acompañado por la canción-homenaje que la emblemática agrupación Buena Fe le dedicara al versátil artista de la imagen.
El trabajo vocal, junto al cromático como manifestación genuina de cubanía, y la fidelidad a ese arquetipo de cubano en que se ha convertido Elpidio Valdés, constituyeron elementos de marcado rigor estético-artístico en el proceso creativo de esa nueva entrega.
Estoy seguro de que filmar con Padrón es un entretenimiento, además de una enseñanza, pero supone una verdadera prueba de fuego que el equipo de trabajo debió enfrentar, porque la técnica utilizada en ese nuevo capítulo es —en extremo— muy avanzada con respecto a las entregas precedentes.
En ocasiones, se subestima el animado y se percibe como un arte menor. En realidad, es todo lo contrario, ya que es —por derecho propio— un arte mayor que, a mi juicio, no tiene límites ni fronteras.
Un dibujo animado tiene la particularidad de influir desde las voces de los personajes que en él participan. De ahí, su importancia capital, ya que los animadores lo que hacen es ponerle cuerpo al alma que los actores y actrices le prestan mientras tiene lugar el proceso de grabación.
En opinión de este cronista, es factible llevar a Elpidio Valdés al mundo del videojuego, pero ya no sería un medio audiovisual, donde se narra una historia, sino un proceso interactivo que requiere el empleo de una mirada diferente por parte de quien acceda a ese tipo de modalidad.
Por último, me parece oportuno advertir a los lectores que este no resultó ser el Elpidio Valdés que estamos acostumbrados a ver en la pequeña pantalla y en el cine, ya que este cortometraje marca una nueva línea de trabajo estético-artístico, con la cual Juan Padrón sueña despierto. Para hacerla realidad, contó con los recursos humanos y tecnológicos indispensables a partir de la actuación de la compañía PMM mientras el público, a través de una gran pantalla, al tiempo que disfrutaba del cortometraje interactuó – por vez primera en Cuba- con los personajes de este animado, viéndose en tiempo real, como parte del mismo, lo cual fue toda una novedad.
¿Alguien sería capaz de dudar que, si desarrolla dicha línea tal como la está concibiendo, culminaría con el mayor de los éxitos?
Editado por: Dino Allende
