Arthur Miller en su primer centenario

El mundo de las letras no pasará por alto la fecha del 17 de octubre de 2015, cuando se cumplen 100 años del nacimiento en Nueva York de uno de los más importantes autores de teatro de todos los tiempos: Arthur Miller.
Se trató de un intelectual con un quehacer intenso, variado, perdurable. Se habló mucho de él en vida y también se ha seguido haciendo tras su muerte, ocurrida en febrero de 2005, y de la cual se cumplió meses atrás una década.
Miller fue un periodista notable y premiado, un dramaturgo importante, un guionista de éxito (candidato al premio Oscar en 1997 en la categoría de mejor guión adaptado por la película El crisol).
También escribió novelas, relatos y ensayos. En cuanto a su vida personal, enfrentó situaciones difíciles de las cuales emergió con eticidad y mayor renombre.
Ganó el Premio Pulitzer por la pieza Muerte de un viajante (1949), narración de la trágica historia de un hombre común arruinado por la crisis. En Las brujas de Salem, (1953), que le valió el Premio Tony, denuncia las persecuciones contra la ciudadanía durante los tiempos del senador Joseph McCarthy y las investigaciones del Congreso de Estados Unidos sobre las supuestas actividades subversivas. En esa etapa, Miller también fue víctima de la llamada “cacería de bujas”, emprendida contra los intelectuales que supuesta o realmente simpatizaban con el comunismo. Pese a las presiones a que se le sometió nunca aceptó filiación comunista alguna ni dio nombres de personas que junto a él asistieron a un círculo literario donde presumiblemente se simpatizaba con esta ideología. En mayo de 1957 se le juzgó y condenó por desacato, al negarse a ofrecer nombres de supuestos comunistas y un año después un tribunal de apelaciones anuló la sentencia, por lo que no llegó a ser encarcelado.
Autor que enjuició los valores de la sociedad norteamericana, traducido y representado en infinidad de lenguas, fue galardonado con el Premio Príncipe de Asturias de las Letras.
Sin embargo, un capítulo de su vida permanece casi olvidado: su visita a Cuba a partir del 8 de marzo del año 2000. Llegó junto a su esposa, la fotógrafa Inge Morath, de nacionalidad austro-norteamericana, y al también escritor William Styron, en un viaje organizado por William Luers, quien fungió de subsecretario de Estado durante la administración del presidente norteamericano James Carter.
Un vasto programa cultural de encuentros con intelectuales cubanos y visitas a centros de interés histórico, cultural y social, devino aquella visita de quien era ya una leyenda dentro del teatro norteamericano —léase con mas justicia, mundial— del siglo XX. Tenerlo en La Habana podía asumirse como un sueño hecho realidad para sus lectores y admiradores.
Delgado, vivaz y bien conservado en sus 85 años, Arthur Miller percibió el conocimiento que los cubanos —estudiantes, profesores, escritores, público en general— poseían de su obra, muchas veces representada sobre las tablas y que por largo tiempo ha estado incluida en los programas de estudio de las carreras universitarias del perfil de las Humanidades.
Pero digamos algo en honor a la verdad: desde mucho antes de visitar el país, Miller era una presencia ilustre en las librerías, centros docentes y escenarios, un autor que acompañaba con su palabra a los amantes del teatro en Cuba. También, y vale citarlo, en torno a él existía la curiosidad por conocer a un hombre que se prendó de la belleza de Marilyn Monroe, y con ella estuvo casado entre 1956 y 1961.
Alcanzó un gran éxito de librerías con la publicación, en 1987, de su autobiografía A vueltas al tiempo. Personalidad y al mismo tiempo un personaje de la cultura y la literatura norteamericana, Arthur Miller celebra su primer centenario con la certeza, dondequiera que esté, de que le restan unos cuantos más por celebrar.
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Fotos tomadas de Progreso Semanal
Editado por: Dino Allende
