Cuando el amor no alcanza
Cuando el amor no alcanza, con guión original de la escritora Maité Verá y dirección del realizador Jorge Alonso Padilla (Bajo el mismo sol), es el título de la telenovela de producción nacional que transmitiera los martes, jueves y sábado, en horario estelar, el Canal Cubavisión de la Televisión Nacional.
Maité Vera se licenció en Teatrología por la capitalina Universidad de las Artes (ISA), y desde hace varias décadas, es una prolífica guionista de novelas para la televisión cubana. Después del triunfo revolucionario, incursionó en el campo de la literatura en respuesta a inquietudes cognoscitivas y espirituales generadas en el medio familiar y escribió guiones para teatro.
Ha asistido como delegada a los congresos de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), cuya membresía integra, así como al XXII Congreso del Instituto Internacional del Teatro (International Theatre Institute), que tuvo lugar en La Habana. Además, se ha desempeñado como jurado en varios concursos y talleres literarios nacionales. Por sus valiosos aportes al desarrollo del teatro y la pantalla chica insulares ha recibido disímiles reconocimientos y distinciones.
La trama de Cuando el amor no alcanza gira alrededor de conflictos relacionados con el déficit habitacional, el machismo, la homofobia, la dicotomía campo-ciudad, la sobreprotección materna y la rebeldía que se desencadena durante la adolescencia, la contradicción entre la teoría (que sin «práctica es puro verbalismo»), y la práctica (que sin «teoría es mero empirismo»), así como la discriminación racial (leitmotiv en la producción intelectual y espiritual de Maité Vera). Esos son —en líneas generales— los principales ejes temáticos en que se sustenta dicho audiovisual.
El núcleo fundamental de ese dramatizado es el amor, pero también las situaciones adversas u hostiles a las cuales deben enfrentarse varias generaciones de cubanos y cubanas para alcanzarlo a plenitud.
Con 65 capítulos de 45 minutos de duración, presenta una estructura cerrada, ya que uno de los personajes, al unísono con la trama y a través de la narrativa, abre y cierra cada capítulo, lo cual constituye —según mi apreciación— una forma novedosa de finalizar el capítulo en la dinámica de los dramatizados transmitidos por la TV cubana.
El elenco actoral está integrado por Mayelín Barquinero, Orelvis Díaz, Yura López, Marta del Río, Mayra Mazorra, Alicia Bustamante, Yenisee Soria, Ironel Moraga, Frank Mora, Leidis Díaz, Alberto Yoel García, Jorge Luis López, Daysi Sánchez, Amada Morado, Obelia Blanco, Samuel Claxton, Liudmila Alonso, Patricia Ramírez y Angélica María González, quien sustituyó a Patricia, como consecuencia de un grave accidente que ella sufriera en pleno proceso de filmación de la telenovela.
Los papeles protagónicos los interpretaron la actriz Mayelín Barquinero (Rita), una mujer de 40 años, técnico medio en reparación de equipos de radio y grabadoras, que se siente realizada como esposa, madre y trabajadora, pero tras dos décadas de casada, el ocaso de la relación conyugal le cambia por completo sus perspectivas a corto y largo plazos; y el actor Orelvis Díaz (Daniel), jefe de una brigada de la Organización Básica Eléctrica (OBE), quien, no obstante el amor que siente —o dice sentir— hacia Rita, con el discurrir del tiempo, se va deteriorando la pasión inicial y establece una relación íntima con la esposa solo para cumplir los deberes matrimoniales pautados por la sacrosanta programación socio-cultural.
Daniel cae en las redes invisibles de una aventura casual con Yaneisi (Yura López); relación extraconyugal que lo llevará primero al divorcio, y luego, a la fractura del núcleo familiar, ya que la amante ocasional, quien nunca había salido embarazada, al fin lo logra.
Paralela a esa trama central, se desarrollan varias subtramas, en las que se sustenta Cuando el amor no alcanza, y que —por interferencia de un conjunto de factores objetivo-subjetivos— no logran integrarse armónicamente a la trama principal, y por ende, quedan pendiendo —cual Espada de Damocles— en un vacío dramatúrgico.
La acción dramática libera los problemas de distinta índole que afrontan las personas que viven en el Edificio «Nena», radicado en el municipio de Plaza de la Revolución, La Habana, donde en cada apartamento van apareciendo los diferentes personajes involucrados en esa enrevesada historia, cuyo relato pudo haber sido mejor escrito y actuado para beneplácito de los amantes del género, que todavía evocan con agrado las telenovelas La cara oculta de la luna, Bajo el mismo sol y La otra esquina, para citar solo las más recientes que focalizaron la atención y el interés del público cubano.
Ese dramatizado pretende reflejar las disímiles circunstancias que condicionan el comportamiento psicosocial de los personajes: los errores cometidos sin medir o prever las consecuencias, la convivencia, la violencia corporal o verbal, como vehículo idóneo para resolver los problemas interpersonales o de otra índole, infidelidad conyugal, los celos enfermizos, las continuas intromisiones familiares en la vida de la pareja, la curiosidad morbosa por conocer los pormenores de la existencia ajena, la ambición desmedida por los bienes materiales, los complejos que influyen —y a veces determinan— que dos personas, por mucho que se amen, no puedan consolidarse como pareja.
Los personajes tratan por todos los medios a su alcance de representar el discurrir cotidiano de nuestra realidad existencial, con el marcado propósito de que el televidente se identifique con sus avatares. Lamentablemente, a lo largo de la trama muchos no alcanzan ese objetivo, porque se percibe un gran desbalance en las actuaciones; situación determinada —en gran parte— por las deficiencias de que adolecen el guión y la dirección de actores; asignaturas pendientes en muchos audiovisuales cubanos.
Un verdadero actor o actriz se desempeña con excelencia artístico-profesional en cualquier medio en que se desenvuelva, porque si es capaz de interiorizar las características psicológicas de la historia en que participa y el personaje que representa, prestarle piel y alma, así como olvidarse por completo del escenario o el set de filmación donde se encuentra, no hay nada que pueda limitar o entorpecer su crecimiento intelectual, humano y espiritual.
Los ejemplos hablan por sí solos, aun en ese mismo contexto. Por lo tanto, la manida explicación de que son noveles en la pantalla chica no constituye un sólido argumento para justificar sus encartonadas actuaciones, las cuales dejan mucho que desear.
Cuando el amor no alcanza es una más de esas telenovelas de factura nacional que —independientemente del esfuerzo realizado por el equipo de realización y el elenco artístico— no satisface la avidez cognoscitiva y espiritual que identifica a los consumidores de tan polémico género audiovisual que, en nuestro archipiélago, tiene cálidos defensores y furibundos detractores.
Editado por: Dino Allende
