El agua, una polémica insoluble por naturaleza
Para quienes piensan que las letras y las ciencias se encuentran muy distantes, hoy les propongo un texto donde se cuenta con perfecta y amena dramaturgia los avatares de un hecho que aún quita el sueño a no pocos científicos de todas las edades, y que se va haciendo cada vez más popular en todos los sectores de la población al contar cada vez más con apoyo oficial.
En el año 2012, el jurado del concurso Pinos Nuevos, que es convocado anualmente por el Instituto Cubano del Libro, estuvo integrado por Enrique Saínz, Alfredo Prieto y Haydeé Arango, y otorgó el Premio de Divulgación Científico-Técnica al trabajo titulado El agua, una polémica insoluble por naturaleza, del joven Rogelio Manuel Díaz Moreno, texto que fue publicado un año más tarde por la Editorial Científico-Técnica de Cuba.
El autor se había licenciado en Ciencias Físico-Nucleares en el Instituto de Ciencias y Tecnologías Nucleares de La Habana en 2003, y terminó un Máster en la misma disciplina tres años más tarde. Su vida laboral se centra desde entonces en el aseguramiento de la calidad y la verificación de tratamientos de radioterapia; también en cálculos de tratamientos de radiocirugía y neurocirugía estereotáxica en el Instituto de Neurología y Neurocirugía y en el Instituto Nacional de Oncología y Radiobiología (INOR) de la capital cubana. Paralelamente es miembro de la sección de Crítica e Investigación de la Asociación Hermanos Saíz, y ha colaborado con Cubaliteraria y La Letra del Escriba con reseñas y críticas de libros. También es fotógrafo y reportero del suplemento El Cañonazo durante la Feria Internacional del Libro de La Habana, por lo que su quehacer resulta una asombrosa mezcla de arte, periodismo, literatura y ciencias nucleares.
El texto que firma cuenta con un prólogo del doctor en Ciencias, profesor e investigador titular Jorge A. Bergado Rosado, quien a grandes rasgos resume y orienta la lectura que vendrá, de manera emotiva y sintética. “No es imprescindible ser un científico para pensar científicamente”, con esta elocuente frase el prologuista nos invita a penetrar en una apasionante discordia que aún hoy mantiene acérrimos adeptos en ambos extremos del problema.
Todo se inicia en el año 1988, cuando la muy reconocida revista Nature publicó un artículo incendiario, al decir del autor, pero prontamente refutado, sobre una supuesta “memoria del agua” que sustentaría la hipótesis homeopática. A través de una introducción y nueve capítulos, Díaz Moreno nos conducirá mediante el juicio lógico y muy claras explicaciones de los métodos científicos seguidos, junto a su fundamentación, hacia el convencimiento de la razón que le acompaña, a la vez que nos presenta anécdotas y caracterizaciones donde el humor, la ironía y el conocimiento comparten escenario.
De la misma manera, nos relata con un lenguaje diáfano y cercano el surgimiento y decursar de instituciones, como la propia revista donde se inicia el debate y el Instituto Nacional de Sanidad e Investigaciones Médicas (INSERM) de Francia, sede de los principales experimentos. Nos ofrece incluso datos biográficos muy curiosos de las figuras que participan, pongo por ejemplo a James Randi, singular personaje perteneciente al equipo editor de Nature, quien mantiene un desafío nombrado “OneMillionDollar Paranormal Challenge” que aún no ha podido ser cumplido mediante el método científico. Además, nos inserta en el intríngulis de una verdadera investigación científica mediante la experimentación, repetida en idénticas condiciones, teniendo en cuenta errores aleatorios, probabilidades y otros términos importantes para lograr verificar un resultado que debe ser luego aceptado por una comunidad no científica y puesto en práctica con responsabilidad.
La obra, escrita de manera sugerente y muy juiciosa, no cierra en su final las esperanzas de los fanáticos de la homeopatía, aunque los resultados logrados por el equipo alternativo resultan negativos, dejando en evidencia que las tesis originales no pasan de ser coincidencias estadísticas motivadas por negligencias y deslices faltos de rigor en el método científico, así como sus efectos, motivo de la sugestión psicológica. Desde el punto de vista literario constituye un placer deambular por estas páginas, bien escritas y mejor editadas por María Luisa Acosta Hernández, con la corrección de estilo de Natacha Fajardo Álvarez.
El diseño de la cubierta, que muestra rosadas moléculas de agua sobre un fondo azul oscuro, pertenece a Carlos Javier Solís Méndez y la composición digitalizada es de Idalmis Valdés Herrera.
Invitamos a la lectura de El agua, una polémica insoluble por naturaleza, para conocer más de cerca la perseverancia de la ciencia y la racionalidad que amerita, para seguir adelante con certezas y luz sobre las dudas que continuamente el universo le presenta.
