Mecánica
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Mecánica, del laureado dramaturgo, poeta, crítico y narrador, Abel González Melo (La Habana, 1980), Premio Nacional de Dramaturgia «José Antonio Ramos», de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), es el título de la obra llevada a las tablas por la agrupación Argos Teatro, que dirige el maestro Carlos Celdrán, otro gigante de la escena cubana contemporánea.
González Melo es licenciado en Teatrología por la capitalina Universidad de las Artes (ISA), donde se desempeña como profesor de Dramaturgia. El también miembro activo de la UNEAC ha publicado los libros de relatos cortos Memorias de cera, Perderás la tierra y La casa del herrero, el poemario Temor del que contempla, el volumen de crónicas Cada vez que te digo lo que siento, así como el ensayo Festín de los patíbulos.1
La producción literaria del carismático intelectual cubano ha obtenido, entre otros, los premios nacionales Calendario, José Jacinto Milanés, Dador, Luis Rogelio Nogueras, Mario Rodríguez Alemán y Fronesis.
Mecánica le facilita al público la posibilidad de aproximarse a un texto relativamente poco conocido en nuestro medio. Por otra parte, incorpora las leyes newtonianas del movimiento y el equilibrio, así como los principios de la inercia, la fuerza y la acción-reacción como base sobre la cual se sustenta la escritura de dicha obra.
Los personajes que mueven la acción dramática son los que le dan cuerpo a la trama central alrededor de la cual gira esa puesta en escena. Sin duda alguna, son los intérpretes quienes garantizan el éxito de la representación.
Un elenco de lujo, integrado por Carlos Luis González (invitado), Yuliet Cruz,2 Rachel Pastor, José Luis Hidalgo y Yailín Coppola, mostró —una vez más— las grandes cualidades histriónicas que poseen esos profesionales de la actuación, así como la excelencia artística que los caracteriza, en cualquier medio de comunicación.
La construcción psicológica de los personajes permite crear acciones reales con precisión casi matemática, amén de encontrar la intención exacta que requiere cada momento dramatúrgico, a través del uso racional de recursos técnico-expresivos muy personalizados.
Intérpretes que descubren la elocuencia del silencio, buscan —hasta encontrarlas— las claves más profundas que condicionan el comportamiento psicosocial de los personajes. Se conectan entre sí y establecen un entramado de relaciones, donde las interiorizaciones y el lenguaje corporal alcanzan la autenticidad que exige cada situación. Desde una praxis original, se adueñan del espacio para ambientarlo y compartirlo con el auditorio.
El talento y la capacidad creativa del elenco han devenido requisito indispensable, no solo para enfrentarse a personajes en extremo complejos, prisioneros de sus conflictos, y por ende, encerrados en cárceles creadas por la mente humana, sino también para proyectar abiertamente —desde la verdad y la conducta cotidiana— la imagen opaca de esos seres enrevesados que no muestran con nitidez su verdadera faz.
Mecánica evidencia el encomiable trabajo de dirección de actores que lleva a cabo Carlos Celdrán, para transgredir —sistemáticamente— el tempo lento con la ironía, pinceladas humorísticas, las tensiones corporales, psíquicas y espirituales, una adecuada articulación del subtexto y las sutilezas incluidas en el texto. Desde el papel que desempeñan en la obra, los artistas se expresan a través de un lenguaje accesible, en ocasiones poético y activo.
En Mecánica, González Melo establece un punto de tangencia con Casa de muñecas, obra cumbre del poeta y dramaturgo noruego Henrik Ibsen (1828-1906). En ese contexto dramático confluyen personajes, así como conflictos humanos y sociales que se pueden extrapolar —con verosimilitud— a la realidad cubana contemporánea, cuyas fisuras e imperfecciones se le muestran al espectador para que sean objeto de una severa mirada crítica y tiene como contexto a Varadero, uno de los polos turísticos más importantes del país. A través del quehacer en la dinámica laboral de los personajes que se mueven en la cadena Gran Cuba (nombre que identifica la firma turística en la que se desempeñan los personajes y que tiene como casa matriz una instalación con ese nombre), se plantean posicionamientos en el plano ético, el empleo de las influencias en un medio social emergente en la actualidad del país, vinculado con los empresarios que atienden áreas estratégicas de la economía; así como también la tendencia al replanteo de valores no solamente éticos, sino también desde el campo de las relaciones humanos.
El quehacer cotidiano de los personajes está mediatizado por la ambición enfermiza que generan el poder y el «poderoso caballero don Dinero». Por lo tanto, el conjunto de virtudes (como las denominara el pensador y político cubano Félix Varela y Morales), en que ha descansado —históricamente— la nación cubana, han sido violentamente reprimidas (pero no perdidas), y por consiguiente, reemplazadas por contravalores movidos al compás de una mecánica que funciona como estilo para poder identificar a esos sujetos, precisar la conducta reprobable que los singulariza, así como los excesos de todo tipo en que suelen incurrir.
No solo focaliza la atención y el interés del espectador la línea temática desarrollada en Mecánica, sino también impresiona la forma sui generis en que el director general de Argos Teatro se adueña del texto para diseñar una situación teatral, caracterizada —básicamente— por la integralidad, y en la que se funden en cálido abrazo los disímiles lenguajes utilizados en la puesta.
En perfecta coherencia con la estética que lo identifica, Celdrán emplea todos y cada uno de los recursos que le posibilitan estructurar el montaje de tan polémica obra. Una construcción que le confiere a la labor actoral una función «clave» en el movimiento de la maquinaria en su conjunto, con la seguridad absoluta de que sobre el elenco artístico recae la responsabilidad mayor del sagrado acto de comunicarse con el «respetable». ¿Lo logra? Hay verdades tan meridianas, que tratar de demostrarlas constituye un insulto al sentido común, el menos común de todos los sentidos.
Por lo tanto, Carlos Celdrán conjuga armónicamente eficacia estética con efectividad comunicativa para recrear el nebuloso mundo de Mecánica, concebida por la fértil imaginación de Abel González Melo.
Nota
1.Reseñado en la sección Incitaciones.
2.Entrevistada en esta sección.
Editado por: Dino Allende
