Palmas en la raíz de otras plantas más exóticas
Cuando leo la poesía escrita1 por Almelio Calderón* (La Habana, 1966) siento “cierto estado de espíritu confuso y tempestuoso en que la mente funciona de un mero auxiliar”, o la fragmentación de un mundo como vehículo generador. A veces parece un niño que se entrega a la escritura, y otras, alguien que alcanza las sumas rotundas o graves de la expresión. “Los versos que allí nos atraen, nos cautivan o convencen, son aquellos donde no hay ninguna sombra de amaño o impostura. Se conjugan allí el estado de inocencia y el estado de alerta.2 Veamos el poema “Puertas” que funciona como un arte poética en su espontaneidad característica:
Hoy pregunté
en qué puerta hay una puerta para tocar
un timbre
unos brazos
alguna tristeza o recado para ceder
un fin
una existencia con sus cuatro oráculos.
Hoy pregunté
cuántas puertas hay que tocar
¿habrá primero que aprender a montar un mundo
o habrá que ganarle a la suerte?
Hoy pregunté
en qué lugares están las puertas para tocar
-en todos los sitios – gritaron ustedes
e incluso donde nunca han existido.3
En su poesía, donde permanece la huella lezamiana y el sello surrealista,4 el discurso gira entre una inocencia y una trascendencia que muchas veces viaja en las inercias del otro yo, y la caracteriza una introspección que encuentra en el universo su manera de recrearse, o los fundamentos que nos colocan ante la escritura: “Solo el desasosiego de un hombre puede iniciar / la construcción de su existencia”.5 También la muerte, lo infernal o enajenante del exilio, o Dios, temas que son revisitados en el cuaderno. Quizá por ello, en su ansia escritural, los poemas alcancen ángulos parabólicos y trazos sentenciosos en los que el reflejo de la crueldad de vivir lejos de su país hace que el poeta se “pierda” entre significativos silencios, pues se observan hiatos entre las imágenes que, amén de describir maneras del estilo del escritor, trasmiten los vacíos o inercias de su identidad. Lo que alcanza su ángulo contrario en las abundantes imágenes de recurrencia de lo propio en lo propio que escoge, de clara raigambre martiana:6
“Un pájaro incendiado se desliza por mi sangre:
su poder me ilumina”7
“he escuchado el rumor de mi ser: algo real más fuerte que la FE me extingue”.8
“me pierdo dentro de mí.”9
Muchas de las cuales se constituyen en versos fuertes que nacen de la contemplación de su soledad, donde se puede defender la noche, o declarar su impotencia.10 Si bien sus poemas formalmente no hacen gala de variaciones significativas - y puede hablarse de una forma preconcebida de construir donde predominan las oraciones con predicado nominal y yuxtapuestas que catalogan fenómenos u objetos, entre ellos la poesía - pueden lograrse hermosos textos como el siguiente:
La muerte se adueña del vuelo de los pájaros.
Es un túnel en la inmensidad.
No es siquiera el reflejo del hombre.11
Así es esta antología, donde “la poesía, al decir de Frank Lentricchia, en virtud de la imagen es la prosa, que no necesita de la imagen, describe[…] y puede rastrearse la idea de que el poema representa una especie de incrustación del símbolo en la realidad, y que esa incrustación es la condición del conocimiento poético”; donde se reúne lo mejor de su poesía con una curiosa ilustración en la que las palmas aparecen casi borradas por una neblina, o el comienzo presentido de una nieve, en la que algunas de ellas nacen de la misma raíz de otras plantas más exóticas.
Notas:
*Almelio Calderón (La Habana, 1966). Miembro de la Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba. Ha publicado los poemarios: Fragmentos para un caballo de aire, Ediciones Extramuros, 1987 y Las provincias del alma, Editorial Letras Cubanas, 1991. Además, su obra está recogida en diferentes revistas nacionales e internacionales.
1 Almelio Calderón. De la pupila del ahorcado. Efory Atocha Ediciones, Madrid, 2013.
2 Louis Zukofsky. Poesía y Poética, 1994, Universidad Iberoamericana, México, D.F, p. 49.
3 ibídem, p. 12.
4 También “poesía que aspira a la fijeza, barroco en clave existencial”. Pedro Marqués de Armas. “Almelio en persona”. Prólogo a la antología, p. 9.
5 "Las provincias del alma”, p. 51.
6 Son imágenes donde hay preferencia por los movimientos íntimos, de gravitación donde el alma y el cuerpo forman una sustancia indiscernible y vibrante, donde prima una opresión que eleva al tiempo que distingue., en: José Martí. Poesía Completa. Letras Cubanas y Centro de Estudios Martianos, La Habana, 1985.
7 “Nubes”, p. 62.
8 “El ser ardiendo”, p 66.
9 “Extinción”, p. 70.
10 “La noche ocupa todo el dominio de su impulso” “Superficie”, p. 61; “La noche es un cuerpo donde uno puede perderse sin alcanzar el poder de la existencia”, “Nadie puede contestar…” p. 44.
11 ibídem, p. 84.
