Presentan libro sobre cineastas extranjeros en el cine cubano de los sesenta
No había pasado una semana que saliera de la UEB Gráfica de Holguín, ARGRAF, el libro Intrusos en el paraíso, de Juan Antonio García Borrero, cuando tuvo lugar inesperadamente su presentación en el abarrotado salón 1930 del Hotel Nacional durante el 37 Festival del Cine Latinoamericano.
El volumen publicado por la editorial Oriente en su colección Diálogo se ocupa, al decir de García Borrero, de “un asunto que suele ser descrito por la historia canónica del cine cubano en dos o tres páginas”, sin embargo el creador del blog Cine cubano, la pupila insomne, navegando una vez más a contracorriente, se ha sumergido en las aguas turbulentas de la década del 60 para ofrecer una investigación que abarca más de doscientas páginas.
Muchas veces me ha llamado la atención que la misma historiografía que reconoce la ausencia de una tradición cinematográfica dentro del país, y a la par la carencia de un respaldo industrial que apoyara las iniciativas novedosas que proponía el Icaic en esa etapa fundacional, no tomara en cuenta los indudables aportes de cineastas y técnicos extranjeros en esos años de efervescencia revolucionaria, acotó García Borrero.
De ahí que este libro proponga una revisitación a esos años fundacionales incluyendo filmes y sus hacedores, pero también la época en que se conciben esos aportes. Esta suerte de cartografía del cine cubano es imposible entenderla sin comprender qué sucedía en el cine nacional de esa fecha, los ideales y sueños que inspiraron a los cineastas foráneos para arribar a una Cuba inmersa en un proyecto social sin precedentes, señaló.
Directores de cine como el italiano Cesare Zavattini, Jomi García Ascot, el holandés Joris Ivens, el danés Theodor Christensen se alternan en las páginas de Intrusos en el paraíso con otros nombres como Luis Buñuel, el soviético Mijail Kalartovov, el polaco Andrzej Wajda o Néstor Almendros, por citar algunos, todos agrupados bajo una mirada escrutadora que ha hecho de la investigación un desafío y de la información una herramienta para narrar con pasión acontecimientos que suelen permanecer en el olvido.
De ahí que no nos sorprendamos si de paso leemos las experiencias en Cuba de Margarita Alexandre y el fotógrafo español Juan Mariné, los pormenores de la visita del actor Gérard Philipe, el arribo de “los cineastas que llegaron del frío”, la presencia de Jean Paul Sartre, o la rememoración crítica de los controvertidos documentales PM y Conducta impropia.
Testimonios, documentos, disímiles referencias para reflejar los avatares de una época que parece lejana, pero en realidad no lo es tanto, el autor de La edad de la herejía enfatizó que su interés no es visitar “el pasado reciente” como si se tratara de un museo. “Todo lo contrario, he querido escribir este libro desde el balcón de mi subjetividad para promover el debate con aquellas ideas que movilizaron a un sector de la izquierda a entusiasmarse y respaldar el proyecto cubano de la Revolución”.
