Poesía de Pepe Sánchez
Feraz es el campo de la poesía en Cuba: feraz lo que hemos recibido en herencia, feraz lo que hoy se siembra desde los más diversos surcos para los ojos del porvenir. Para alguien que la haya estudiado con detenimiento y esfuerzo, es asombrosa su abundancia, pero es también asombrosa su escasa capacidad promocional legítima. Con qué falta de constancia, sistema y pericia se difunde la memoria lírica cubana: aún mucho más dolorosa es la ausencia de grandeza, generosidad, flexibilidad e inteligencia para exhibir todo lo que se intenta en este campo primado de nuestra imaginación colectiva en el terreno de la creación inmediata.
Aquí, en esta sección, hemos ido promoviendo, junto a las grandes figuras clásicas, muchos cultores contemporáneos de la creación lírica, de las más diversas posturas, edades, territorios, niveles de desarrollo, para que el lector se encuentre avisado de cuanto asoma de interés. Y hoy ofrecemos a nuestros queridos lectores algunas piezas de un creador que merece ser más leído entre nosotros: Pepe Sánchez, que desde la Cuba profunda trabaja con ahínco y notables resultados para la difusión universal de nuestra poesía en su conjunto. En esta oportunidad exhibimos un breve manojo de sonetos suyos, que estamos seguros nuestros lectores disfrutarán.
ROBERTO MANZANO
PEPE SÁNCHEZ (Cumanayagua, Cuba, 1956). Poeta, narrador, ensayista y periodista. Director fundador de la revista cultural Calle B (www.calleb.cult.cu). Ha publicado Los dados del viento (poesía), Ediciones Mecenas, 1991; Sueños del tiempo (poesía), Reina del Mar Editores, 1996; El comedor de relojes (narrativa), Ediciones Mecenas, 2000; Paradoja del hombre en su ciudad (poesía), Editorial La Tinta del Alcatraz, México, 2004; Alfanjes de luz (poesía), Ediciones Mecenas, 2004; Caballos sobre el césped (poesía), Literalia Editores y Editorial Paraíso Perdido, Guadalajara, México, 2004; Piratas en el alma (Poesía, Editorial Ave Viajera, Bogotá, Colombia, 2010): Rimas del bendito amor, Editorial California UHE, Los Ángeles, USA, 2011. Ha obtenido diferentes premios y menciones en concursos de narrativa y poesía, nacionales e internacionales. Le fue otorgada la Primera Medalla Internacional a la Paz y la Cultura Presidente Salvador Allende, Fundación Salvador Allende, Santiago de Chile, Chile, 2011. Le fue otorgada la Moneda XXXV Aniversario de los Órganos del Poder Popular, Asamblea Provincial del Poder Popular, Cienfuegos, Cuba, 2011. Su obra ha sido traducida al holandés, italiano, francés, inglés y rumano. Textos suyos aparecen en diversas publicaciones digitales nacionales y extranjeras, así como en antologías, revistas culturales y periódicos de Cuba, Holanda, Argentina, México, Colombia, Italia, Uruguay, Perú, Chile, Rumania, España, Puerto Rico, Panamá y Estados Unidos.
OTRA VEZ
¿En mí qué buscas? Vengo del invierno,
del musgo de la sangre y las rotundas
piedras del sacrificio. No hay segundas
nupcias con la verdad ni con lo eterno.
No busques lo que soy, sino esa fiesta
civil de frutos tercos y prohibidos,
de palabras sedientas y cohibidos
mares que una pasión audaz orquesta.
¿En ti qué dejo? Soy la sal de tus
sueños, la medianoche de tu ausencia:
Isla sin descubrir y sin herencia.
Sobre todas las cosas, busco luz.
Y aunque no tenga puertos cotidianos,
dejo en ti el mito alado de mis manos.
AL FINAL
Desde siempre eres búsqueda y te espero:
en las ruinas que abrazo, recio al borde
del otoño, de un sueño atado al orbe;
frente al mar y en el río que yo quiero.
Te busco entre las cuerdas de lo fiero,
y en la apacible ruta de un acorde,
renacido en el viento monocorde,
junto al arduo brocal del refranero.
Y te espero en la espiga de la tierra,
con el olor antiguo del camino,
bajo los ciegos cantos de la guerra.
No importa cuándo llegues ni si llegas,
o el manojo de lluvia y sol que alegas.
Lo que importa, al final, es ser tu sino.
NOSTALGIA DE LA MEMORIA
Todo hombre tiene dos
batallas que pelear:
en sueños lucha con Dios;
y despierto, con el mar.
ANTONIO MACHADO
A veces se quebranta la memoria
y una nostalgia antigua es recobrada
bajo un atardecer de hablar y azada,
donde es vago el cantar y agraz su noria.
Tiempo de abuelos, de sabia oratoria
del río con la orilla; una emboscada
de la voz del ayer, que enamorada
nos cuenta los linderos de la historia.
A veces solo escribes los peldaños
de la lluvia que sirve de testigo,
y es tu defensa y tu mejor castigo.
Tiempo de colibríes, y un recuerdo
que arrastra el agua turbia de los años
hacia un mar que navegas sin acuerdo.
UN PALMO DE MIS SUEÑOS
Entre dos ríos fieles, yo fui niño,
tuve alas que alcanzaban otros cielos
y aunque tarde se hacían los desvelos
no era amargo mi vino ni mi aliño.
Mis sueños de papel aún navegan
las aguas del primer amor que tuve
sin tenerlo, un candor de escuela y nube,
palabras torpes que a esa edad nos llegan.
Entre lealtades truncas desperté
a la temprana juventud, leyendo
a Machado, Jesús el Nazareno,
José Martí, Vallejo y tantos que
en la guerra del tiempo siguen siendo
la luz y el viento hacia un mar sereno.
LOS SURCOS DEL CARIÑO
Padre, ya no respetan nuestra tierra,
no han sido abuelos de la luz sembrada
y como ciegos de un rencor que es nada
le han declarado al ruiseñor la guerra.
Padre, habrá que enganchar el viejo arado,
poner cercas de sangre sobre el río,
dejar a salvo el nombre del bajío
que cuenta la heredad de tu ganado.
Padre, no oyen los surcos del cariño,
cómo se alza un recuerdo, el propio aliño;
la canción de los árboles amando.
No entienden que el labriego sabe cuándo
despertar el verdor, para que ladre
libre la lluvia en nuestro campo, padre.
DE AQUEL LABRIEGO AMOR
Madre, ya olvidas que eres nuestro beso,
tanto extraño tu olor en la cocina
y es tan hondo este tiempo que se inclina
que si voy al recuerdo no regreso.
Ya la casa es tu templo sin acceso
a un vencido dolor que desafina
con la memoria lenta que camina
contigo hablando a solas como un rezo.
Madre, ya en el maizal de tu mirada
no se juntan las claras mariposas
de un tiempo de guateque en la alborada.
Ya es otro el fuego y su discreto alarde,
pero tus manos siguen siendo esposas
de aquel labriego amor de tarde en tarde.
OTRO TIEMPO
Mañana todo ocurre en el pasado,
a un paso de tu voz intemporal.
Giros, tonos, y un premio que no es tal.
¿Cómo llevar tus sueños al mercado?
Del horror de ser Hamlet he nombrado
días y noches con un arte igual.
Heráclito y el número mortal,
dos fines y un barquero de este lado.
Pero es falso el rumor del agua y ciego
el canto de sirenas, el recio ego
en que se juntan besos y agonías.
Lo que para otros fueron herejías,
son cuentas del monólogo del hombre
en busca de otro tiempo que lo nombre.
BALADA DEL CAMPESINO
A mis padres
A mis abuelos
Por ese hombre de campo que despierta
con los primeros surcos la mañana.
Por ese hombre de yugo a lluvia cana
y entrecortada voz al viento abierta.
Por ese hombre sudor, tierra y faena,
que vuelve espiga hasta su cama inculta.
Por ese hombre niñez de sol adulta
y mirada fecunda, grave y buena.
Por ese hombre de otoño feliz que arde
siempre rogando a Dios para el reparto
de sus marchitos huesos en la tierra.
Por ese hombre de paz cansada y tarde
donde el tiempo le acuna en flor su parto,
hoy he puesto mi verso en pie de guerra.
BALADA DEL CAMINO
A mis hijos
Y a los hijos de mis hijos
Voy hacia mí, pues vengo de mí mismo,
de una mística luz que llevo dentro.
Eso que buscas parte de un encuentro
contigo, y otro círculo de altruismo.
Con la sangre discreta en su lirismo
nunca podrás hallar el justo centro.
Y aunque ciego es el tiempo en que me adentro
cargo un recio mensaje de realismo.
Puede sentirse el miedo en la distancia,
que todo rumbo no es confiable y poca
duda mata el dolor que no se escancia.
Y entre el ritual que dejas y el que apenas
compartes con los tuyos, se trastoca
el modo de escuchar a las sirenas.
COMO JAMÁS
He sentido el inútil laberinto,
la duda del cristal y el propio averno,
la otra puerta feliz en su gobierno
que igual parece un símbolo distinto.
Me guían formas de un ritual extinto,
he visto a la belleza y al invierno
fijar precio a mis días, un eterno
disfraz de sombra y luz como recinto.
He vivido lo grave y su registro
de cumbre, polvo y sueño, que administro
desde una devoción que no es la paz.
Busco mi código en mortal remedio,
el verbo que resista el bravo asedio
de escribir mi dolor como jamás.
