Gil Vicente, poeta entre dos culturas
Del portugués Gil Vicente, uno de los grandes poetas de su tiempo, no se sabe a ciencia cierta ni el año ni el lugar exacto de su nacimiento y muerte. Se cree que haya nacido en una villa del norte de Portugal, tal vez Guimaraes o Barcelos, entre las décadas de 1460 y 1480; su fallecimiento, en sitio desconocido, se supone que habrá ocurrido alrededor de 1540. Tampoco se sabe con certeza si su identidad coincide con la de un famoso orfebre del mismo nombre, o si fue maestro de retórica, como afirman algunos estudiosos. Lo único seguro es que dejó un valioso legado dramático y poético, recopilado por sus hijos Paula y Luis, y publicado en 1562 bajo el título Copilaçam de todalas obras de Gil Vicente.
Al igual que otros escritores de su época, creó piezas teatrales con tema religioso, como el Auto pastoril castelhano, cuyo asunto es la Navidad; el Auto de los Reyes Magos y muchos más. Pero también fue autor de comedias, así como actor y organizador de espectáculos, y cultivó la poesía lírica. Su teatro está escrito en verso, y algunos de sus poemas que hoy conocemos están incluidos en sus obras dramáticas. Un dato curioso e interesante es que escribió parte de su obra en portugués y parte en castellano, por lo que se le ha considerado no sólo el fundador del teatro portugués, sino también del teatro español, cuya paternidad comparte con Juan del Encina.
Los poemas que aquí presentamos, brevísima muestra de un vasto quehacer lírico ubicado entre finales de la Edad Media y comienzos del Renacimiento, han sido tomados del libro The Oxford Book of Portuguese Verse, Oxford, 1952, y traducidos del portugués por la autora de estos comentarios.
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¡Blanca estáis y colorada,
Virgen sagrada!
En Belén, villa de amor,
De la rosa nació la flor.
¡Virgen sagrada!
En Belén, villa de amar,
Nació la rosa del rosal.
¡Virgen sagrada!
De la rosa nació la flor,
Jesús nuestro Salvador.
¡Virgen sagrada!
Nació la rosa del rosal,
Dios y hombre natural.
¡Virgen sagrada!
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–¿De do vienes, hija,
blanca y colorida?
–De allá vengo, madre,
de orillas de un río:
hallé mis amores
en rosal florido.
–Florido, hija mía,
blanca y colorida.
–De allá vengo, madre,
de orillas de un alto:
hallé mis amores
en rosal granado.
–Granado, hija mía,
Blanca y colorida.
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Quitad los ojos de mí,
vida mía y mi descanso,
que me estáis enamorando.
Los ojos vuestros, señora,
señora de alta hermosura,
por cada momento y hora
dan mil años de tristeza.
Temo no alcanzar ventura.
Vida, no me estéis mirando,
Que me estáis enamorando.
Selección, traducción y presentación: Olga Sánchez Guevara
Editado por Heidy Bolaños
