Fredrika Bremer. Razones para el recuerdo
No sabemos en cuántos países del mundo se recuerde este 31 de diciembre de 2015 los 150 años del fallecimiento de una autora que no escribió ningún best seller, ni dejó una huella indeleble en las letras escandinavas, pero que sí resultó una de las voces femeninas destacadas de su época, una autora que escribió una novela, Hertha (1856), que trata sobre la falta de libertad de la mujer, con lo que inició un debate público que devendría punto de partida del movimiento feminista en Suecia.
En Cuba existe una razón muy especial para recordarla. Ella escribió desde esta Antilla mayor una colección de cartas que constituyen un documento importante, un testimonio de su tiempo, reveladoras de la sensibilidad de Fredrika, su fascinación por la naturaleza tropical y también de su dolor ante la presencia de la esclavitud. Así pues, resulta Fredrika Bremer una figura que no puede pasarnos inadvertida. La vivienda, entonces Casa de Hospedaje, donde residió, en la calle Oficios número 18 advierte al paseante de la presencia allí de la ilustre escritora.
A mediados del siglo XIX Fredrika decidió cruzar el océano Atlántico; se detuvo en Estados Unidos y Cuba, las sociedades de una y otra nación las observó cuidadosamente y comentó en sus escritos. Desembarcó en La Habana el 31 de enero de 1851 y de cuánto la impresionó la isla da prueba la primera de sus cartas:
"Estoy sentada bajo el claro y cálido cielo y las hermosas palmeras de los trópicos; ¡qué bello y qué extraño...! El aire espléndido y delicioso y las altas palmeras son indiscutibles bellezas".
Fredrika dirige las cartas a su hermana. Lo hace a la manera de un diario en que detalla su recorrido por las ciudades de Matanzas, Cárdenas y otras locaciones. Abundan los apuntes sobre la vida en las poblaciones cubanas y su arquitectura; se extasía ante la riqueza y diversidad de la fauna cubana, también ante el colorido de su vegetación. Sin embargo, lo que para ella, y para el lector europeo en su generalidad, debió ser un descubrimiento, son las descripciones que hace de las danzas de los esclavos. Pero Fredrika no se deja llevar por el pintoresquismo, su observación es crítica, conmovida, denunciante, cuando escribe:
"La situación de los esclavos en las plantaciones es aquí, generalmente, peor que en los Estados Unidos; viven peor, se alimentan peor, trabajan más duramente y carecen de toda enseñanza religiosa. Se les considera totalmente como ganado, y el comercio de esclavos con África se practica todavía, aunque en secreto".
Cartas desde Cuba, su libro en cuestión, ha tenido varias ediciones por el Instituto del Libro. Es un texto ameno, inusualmente ameno para un género como el epistolario. Una última cita, de la carta fechada el 8 de mayo de 1851, nos da la medida justa del pensamiento de Fredrika Bremer:
"He aspirado una nueva vida en Cuba, pero vivir aquí no podría. ¡Esto solo podría hacerlo donde exista y crezca la libertad!"
Librepensadora, simpatizó con los trabajadores ingleses y el socialismo, contribuyó al despertar ideológico de la mujer sueca, abogó en favor de buscarle un lugar más apropiado a la mujer para el desarrollo de su talento y personalidad. Fredrika, curiosamente, no nació en Suecia sino en Finlandia, en 1801, pero desde muy niña la familia mudó a Estocolmo.
Viajó por Europa y conoció algo del continente americano. Algunos de sus libros están traducidos al inglés, y en Estados Unidos varias instituciones honran su memoria con su nombre.
Fredrika Bremer murió en Estocolmo el 31 de diciembre de 1865. Recordarla desde Cubaliteraria y sus Cartas desde Cuba, es un sincero y modesto homenaje.
Editado por: Dino Allende
