Los últimos días de una casa

Los últimos días de una casa, de la realizadora Lourdes de los Santos Matos, es el título del documental que se exhibiera en el XXXVII Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano.
Lourdes de los Santos Matos (La Habana, 1955), es directora de cine cubano. Miembro de la Sociedad General de Autores y Editores (SGAE) y de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), de la cual integra el consejo ejecutivo de la Asociación de Cine, Radio y Televisión.
Es licenciada en Historia del Arte por la Universidad de La Habana, y ha recibido cursos de producción y asistente de dirección, impartidos en el Instituto de Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC). Trabajó como productora de cine, asistente de dirección y realizadora de documentales en vídeo en el ICAIC, en Relaciones Públicas en la delegación diplomática de Cuba ante la UNESCO y colaboradora del doctor Alfredo Guevara Valdés, en la presidencia del organismo rector del cine cubano revolucionario.
En Los últimos días de una casa, audiovisual, inspirado en el poema homónimo de la poetisa y escritora Dulce María Loynaz (1902-1997), Premio Cervantes de Literatura 1992, la realizadora —desde una óptica eminentemente estético-artística— lleva a la pantalla grande las vicisitudes que atravesara la mansión donde residió la familia Loynaz en la calle Linea, del actual municipio de Plaza de la Revolución.
La carismática realizadora audiovisual se apoya en imágenes de archivo y recientes, así como en los hallazgos de una exhaustiva pesquisa socio-histórica y la valiosa información obtenida a través de las entrevistas realizadas a la también conocida como "Dama del Verso y la Prosa"; al novelista, musicólogo y periodista Alejo Carpentier (1904-1980), Premio Cervantes de Literatura 1978; el doctor Eusebio Leal Spengler, historiador de La Habana; así como al arquitecto que se ocupa de la restauración del inmueble y un vecino a quien Dulce María le prestara un pequeño local en los bajos, porque él y su esposa no tenían dónde vivir.
Los testimonios aportados por las personas encuestadas le muestran al espectador la historia de ese palacio, semiderruido por la implacable acción del tiempo y la desidia de los hombres, quienes han olvidado que allí también vivió el insigne patriota, general de brigada Enrique Loynaz del Castillo (1871-1963).
La trama del audiovisual dura 15 minutos; y en ese lapso, los interpelados evocan el cúmulo de vivencias, anécdotas y experiencias que les generara en la mente y el alma todo cuanto aconteciera en esa casa, donde radicó la prole de quien fuera edecán del mayor general Antonio Maceo y Grajales (1845-1896), héroe de la batalla de Mal Tiempo.
A partir de la puntual intervención de Dulce María, se pudo conocer —entre otras cosas— que la educación recibida por parte de sus padres fue muy férrea, ya que a los hijos no se les permitía salir de la «prisión colonial» en que se encontraban confinados para tener contacto con los niños que vivían en los alrededores, y el vestuario utilizado por la familia era representativo del siglo XIX. Solo cuando los progenitores se separaron, la madre accedió a que salieran al exterior y conocieran el medio que los circundaba, y que para ellos solo se reducía a lo que acaecía en aquellas cuatro paredes, donde el tempo psíquico se detuvo.
En otro momento del audiovisual, la Premio Nacional de Literatura declaró ante la cámara que, en cierta ocasión, una artista le preguntó: “¿Por qué no se había ido de Cuba?”. A lo que le contestó, más o menos con las siguientes palabras: « ¿Acaso usted no sabe que soy hija de un general del Ejército Libertador, y que los retoños de mambises no abandonan la patria por cuya libertad lucharon sus padres en la manigua redentora? […]. Yo no me voy de Cuba, porque aquí nací, crecí y es donde estoy escribiendo mi leyenda personal […]».
Esa joya de la documentalística cubana contemporánea finaliza con la lectura, en la cálida voz de Dulce María Loynaz, del poema que le dedicara al que fuera su entorno mágico.
Editado por: Dino Allende
