Recordar, desde los sueños
Quien observa sus dibujos, y más que eso: los contempla —porque cuando se trata de Rapi no vale sino la contemplación—, maldice mil veces no haberle conocido, y maldice mil veces el curioso modo en que el destino nos arranca los grandes genios cuando más nos tienen soñando.
Diez años después de su muerte (8 de enero del 2006), Constante Rapi Diego nos sigue sorprendiendo por su encanto, por su enorme talento devuelto en ilustraciones, carátulas de discos, afiches, postales, cortos y largometrajes… Por ello, no podría recordarse de otro modo que con alegría, como él mismo pidió.
Fue así que el espacio Miércoles de Sonrisas, del Centro Cultural Dulce María Loynaz, sirvió de escenario para homenajear a esta figura y a su hermano, Eliseo Alberto, con el ánimo de rescatarlos del olvido a través de las cosas que amaron. Una presentación de dibujos, ilustraciones, postales familiares, dedicatorias… de Rapi fue el apoyo que escogió Josefina de Diego Fefé, para hablar de su personalidad.
“Desde chiquito se supo que iba a ser artista, dijo. Aprendió de pintura hojeando libros, viendo ilustradores ingleses y otros pintores de la Edad Media y del Renacimiento. Fue un autodidacta, no podía dejar de dibujar. Si dejaba una nota por debajo de la puerta ahí ponía su “firma”, si estaba en un bar dibujaba el posavasos; en un restaurante, la servilleta…
“Era la irreverencia personalizada, se burlaba de todo pero en buena onda, como dicen los mexicanos… hasta de su propia enfermedad. Nunca perdió el optimismo ni los deseos de vivir”.
Fefé hizo alusión, además, a las cualidades de Rapi para la escritura, a su agudo sentido del humor y a la pasión por las Matemáticas, que reflejaba en todo lo que hacía. “He querido recordarlo con alegría y no con tristeza, como me enseñó. Se había propuesto ser feliz a toda costa y compartir con los demás esa felicidad”.
Escribía maravillosamente, comentó José María Vitier, invitado al espacio. Si no hubiese sido el maravilloso dibujante que fue, hubiese sido un extraordinario escritor. Teníamos la broma de hablarnos en versos rimados, casi siempre décimas, que él jocosamente llamaba “pésimas”.
“Era una persona que había que conocer, explicarle a quienes no lo hicieron cómo era resulta muy complicado”, aclaró. Pero me opongo a esa suerte. Como mencionó la conductora habitual del espacio, Laidi Fernández de Juan (para quien Rapi fue un hermano), “a ese ser excepcional no es posible vincularlo con la añoranza, porque no es verdad que no nos acompaña”.
Dibujo de Rapi tomado del portal Cubaliteraria
Editado por: Dino Allende
