Eliana Dávila Rodríguez en Entre Libros
Magda Resig (M.R.) Durante más de 40 años la invitada de hoy ha probado la excelencia en su gestión como editora. Ella ha aportado con su trabajo, especialmente consagrado al universo de la poesía, pero a la literatura toda, al desarrollo de la literatura en nuestro país y por supuesto ese prestigio alcanzado le ha valido para obtener el Premio Nacional de Edición entregado en la más reciente fiesta de las letras cubanas. Se trata de Eliana Victoria Dávila Rodríguez a quien mucho agradezco su presencia en nuestro espacio. Bienvenida.
Se dice que ser editor es casi ser escritor, pero en ese sentido siempre hay sus diferencias, cuánto puede aportarle la edición a la labor de un escritor y cuánto de escritor debe poseer un editor.
Eliana Dávila: La relación entre el editor y el autor es un complemento: el editor puede en muchos aspectos salvarle el libro a un autor, por lo que yo diría que hay una simbiosis entre autor y editor. Un libro puede tener determinadas dificultades de estructura o problemas técnicos y el editor sugiere, no determina, solo sugiere al autor lo que considere necesario para el mejoramiento de ese libro.
Y en cuanto a las competencias que debe tener un editor, ¿qué cualidades y aptitudes profesionales debe poseer?
Yo siempre he dicho que nosotros salimos de la universidad sin las herramientas necesarias para ser un editor. Esta profesión es un reto al que te enfrentas cuando comienzas esta labor. Es la única labor que yo he hecho toda mi vida y la he aprendido a medida que he ido trabajando, o sea, tus colegas de más experiencias, tu afán de tener conocimientos es lo que te va dando la experiencia como editor porque siempre vas a tener dudas: del editor que no tiene dudas, desconfía. Este es un trabajo muy particular, un trabajo muy especial.
¿Y cuál es el mayor placer que siente un editor?
El mayor placer es ver la obra terminada. Cuando ya ves el libro impreso, en tus manos, dices, bueno, ya he pasado por este largo camino que a veces es placentero, otras no tanto, pero siempre se siente alegría y regocijo cuando ya está terminado el libro.
Ud. tiene mucho reconocimiento por la edición de la poesía, por la edición de libros de poesía que, según los grandes expertos en estos temas, son los más difíciles de lograr y de editar; quiere decir que un editor de poesía debe contar con gran conocimiento del universo literario. En este sentido, ¿qué supone editar poesía a diferencia de otros géneros literarios?
Yo he transitado por todos los géneros, pero hace aproximadamente veinte años me he dedicado exclusivamente a la poesía. La poesía es un género que no se valora en su real importancia, es un género muy difícil de trabajar porque es un mundo de abstracción, de subjetividades, donde tienes que interpretar lo dicho porque la poesía es un universo abierto. Entonces, desde este punto de vista, al trabajar el libro te vas convirtiendo en un crítico de la poesía, que concluye cuando se realiza el texto de contracubierta para el libro, y se valora al presentarlo en ciertos escenarios.
Realmente a la poesía no la puedes modificar gramaticalmente como a un libro de cuentos, una novela, un ensayo, pero sí puedes sugerirle al autor, sobre todo si son estrofas clásicas, mientras que la poesía llamada libre no está regida por ciertos cánones.
Ud. Ha tenido a su cargo la edición de colecciones de lujo y ediciones especiales como las que marcan los siglos XIX y XX y dentro de estas hay dos figuras muy importantes: Nicolás Guillén y Dulce María Loynaz. ¿Cuánto le inspiró y le implicó editar a estos dos grandes de la literatura cubana?
Para mí fue una enorme satisfacción trabajar estas dos figuras, entre otras, pero tuve el gran privilegio de poder trabajar en vida con Nicolás y fue una relación muy buena, divertida puedo decir, porque él era un hombre muy simpático. Trabajando, leyendo su obra pude conocerla realmente y hacer mi propio juicio sobre ella. A Dulce María la visité dos veces en su casa, me adentré en el mundo de su poesía y de sus misterios hogareños. Pienso que su obra es noble y abarcadora y de un fino y sutil perfil poético. Son personalidades completamente opuestas. La poesía de Dulce María me produjo una identificación, pero fue una fiesta trabajar con ellos dos.
Ud. Es una lectora especializada para las obras que se presentan en el Centro Provincial de Libro para su posible publicación, ¿esta es otra manera de involucrarse en la creación literaria cubana?
Sí, es una prolongación de mi trabajo. No es que yo determine si un libro se publica o no, pero sí doy mi criterio y, sobre todo, es un trabajo que me satisface hacer.
¿Qué nos podría decir una editora como Ud. de más de 40 años de experiencia sobre la naturaleza de la literatura que se produce en Cuba?
Si vamos a hablar de poesía debemos partir de la certeza de que Cuba es un país de poetas y creo que tenemos ejemplos de literatura muy positiva. En mi profesión como editora de poesía he tenido la suerte de trabajar libros como el de Roberto Méndez, Teresa Melo, Sigfredo Ariel, Omar Pérez, entre otros muchos, que han sido premios del respetado Concurso Nicolás Guillén.
M.R: Ya sabemos que Eliana Dávila es alguien que no se presenta sola, no se exhibe sola, pero sin dudas, el premio que ha recibido reconoce toda su labor en la edición de la literatura cubana y la coloca a la vista pública como una de esas grandes aportadoras a la creación en nuestro país. A ella hemos dedicado este programa Entre libros.
M.R. Gracias.
E.D. Gracias a ustedes.
Editado por Heidy Bolaños
