Los 150 años de Justo de Lara

Provenir de una familia de raigambre literaria y dentro de ella convertirse, posiblemente, en su figura más destacada tuvo que representar para José de Armas y Cárdenas un compromiso y honor muy grandes. Se hizo famoso con el seudónimo que utilizó para firmar sus trabajos, Justo de Lara, que lo inserta en la historia de la literatura cubana, al punto que el más importante de los premios periodísticos conferidos durante los años republicanos llevó su seudónimo.
Guanabacoa, la villa de Pepe Antonio, lo vio nacer el 26 de marzo de 1866, hace 150 años, en un sitio que ha probado su fertilidad para que en ella germinen las diversas manifestaciones de las artes.
El ejercicio de la crítica literaria y del periodismo lo distinguieron, y aún hoy, cuando leemos su prosa, descubrimos en ella la meticulosidad de quien disfrutó el oficio de escribir y trasmitir el conocimiento a sus lectores con tal maestría que consiguió además el bien difícil visto bueno de la crítica.
De él escribe el erudito dominicano cubano Max Henríquez Ureña: “La sencillez de su forma no excluye la elegancia serena de sus armoniosos períodos. En su estilo se revela su espíritu: ajeno a las turbulencias de las pasiones humanas, el suyo fue un espíritu de remanso, propicio a la quietud”.
Lo anterior nos da la medida de cuan mesurada fue su palabra y cuan despierto su intelecto al asumir la función de emitir criterios literarios.
Y aún cuando pueda resultar lugar común la enumeración de los méritos con que fue reconocido, apuntemos que fue miembro de la Academia de la Historia de Cuba, de la Real Academia Española y de The Hispanic Society of America, en Nueva York, que le premió su libro Historia y Literatura.
Los estudios cervantinos, aun desde la adolescencia, atrajeron su atención y lo dieron a conocer por sus originales enfoques. En España, país que visitó en más de una ocasión, conoció personalmente al erudito hispanista Marcelino Menéndez y Pelayo, con quien trabó amistad. También allí se entrevistó con el primer ministro español Antonio Cánovas del Castillo, con quien conversó en dos ocasiones y ello le permitió escribir un folleto publicado a su regreso a Nueva York.
José de Armas y Cárdenas, licenciado en Derecho Civil y Canónico, si bien nunca ejerció la carrera, disfrutó de la solvencia económica necesaria —vivió años en el extranjero— y de un dominio tal del idioma inglés que pudo moverse, investigar, trabajar y dar a la luz el resultado de sus apreciaciones, ideas y críticas.
Desarrolló además una intensa actividad en publicaciones, léase revistas y periódicos (El Fígaro, Cuba y América, Diario de la Marina, Heraldo de Cuba, La Discusión, El Mundo…), y se destacó por crear y redactar (casi) íntegramente algunas de ellas, como Las Avispas (en Cuba) y El Peregrino (en España). Se trató en ambos casos de revistas de crítica literaria.
El diario New York Herald lo destacó como corresponsal en Cuba durante la Guerra Hispano-Cubano-Norteamericana, e igualmente años después, en 1908, lo envió a Haití para evaluar la situación política en ese país, misión que también le asignó el Diario de la Marina.
Menos conocido es que cultivó la poesía, hizo traducciones del inglés, redactó una novela y llevó a la escena un drama. Su talento multifacético le ganó enorme prestigio, avalado en la sapiencia de sus juicios y la galanura de su escritura.
José de Armas y Cárdenas, Justo de Lara, seudónimo que tomó del personaje protagónico de El delincuente honrado, del autor español Gaspar Melchor de Jovellanos, murió el 28 de diciembre de 1919, en Cuba, adonde quiso regresar para que sus restos permanecieran en la patria que amó.
Editado por: Dino Allende
