La negociación del Tratado de Reciprocidad Comercial de 1934 entre Cuba y los Estados Unidos (II)
La posibilidad de un viraje automático en las condiciones económicas del país hicieron que tanto Welles como Machado se lanzaran a la búsqueda de soluciones por el camino equivocado, desconociendo la revolución que ardía bajo sus pies. Testimonios tanto de Machado como de Ferrara establecen que ni siquiera Welles le refirió la necesidad de convocar a elecciones para el año 1934 y sólo les habló de concertar un arreglo de tipo económico.
Como Welles debía mantener vivas las esperanzas de un acuerdo económico, se inició a partir de ese momento una loca carrera entre el Departamento de Estado norteamericano y el gobierno de Gerardo Machado. Este último, presionaba para hacer efectivas las cláusulas de un nuevo tratado comercial y ley de cuotas azucareras, mientras Welles orquestaba toda una fábula para convencer a Machado de que la bonanza económica estaba cada vez más cerca.
Cuando el embajador norteamericano supo que Oscar Cintas, su colega cubano en Washington, se reuniría con el secretario de Estado, Cordell Hull, ansioso por obtener ventajas comerciales, en telegrama del 13 de mayo señalaba: “Aprovechando esta situación sería propicio que se le informe al embajador isleño que nuestro gobierno ha tomado en consideración los primeros pasos para un tratado comercial de mutuo acuerdo y con interés común para ambas naciones (...) creo necesario que una preliminar discusión, en términos generales, de nuestras futuras relaciones comerciales ayudará a que el gobierno cubano nos ofrezca ventajas en este terreno.”1
Welles había dado prioridad a los aspectos económicos en la solución de la crisis cubana y estimulado, en las esferas del gobierno machadista, la ilusión de una rápida recuperación del país. Pero no satisfecho con los resultados de estos intercambios de opiniones, en telegrama del 16 de mayo al Secretario de Estado informó que tenía la intención de comenzar, de manera informal, conversaciones para las negociaciones del futuro acuerdo comercial entre Cuba y los Estados Unidos. No recibió contraorden alguna por haber dado este paso.2
El 18 de mayo, la prensa nacional recogía las declaraciones de Welles a la Prensa Asociada (AP) en el sentido de que las conversaciones preliminares para precisar “las bases generales para futuras negociaciones” sobre la revisión del Tratado de Reciprocidad Comercial comenzarían dentro de pocos días. El Embajador prefirió calificar estos encuentros “de tentativa, para aclarar la atmósfera”. Mientras, el resultado definitivo de las negociaciones dependerían, a su juicio, de dos consideraciones:
-La decisión del Secretario de Agricultura americano en cuanto al azúcar, de acuerdo con la Ley de Auxilio Agrario a fin de proporcionar la aprobación de ventajas básicas.
-La seguridad que ha de obtener el Presidente de los Estados Unidos del Congreso, en cuanto a una legislación que lo capacita para negociar conciertos recíprocos comerciales.3
La fórmula “anzuelo” estaba lista, el panorama político nacional determinaría hacia dónde mover la atención. Mientras Welles alentaba este proyecto, Machado hacía lo mismo para obtener ventajas de tipo económico. Uno y otro comenzaron a ganar tiempo para materializar sus objetivos.
Welles, que ya se había comprometido a comenzar conversaciones con funcionarios del gobierno cubano para estudiar aspectos de un futuro Tratado de Reciprocidad Comercial, participó en tres encuentros con altos dirigentes gubernamentales en un palacete veneciano, residencia de Orestes Ferrara. El anfitrión presidía la comitiva del gobierno que formaron Eugenio Molinet, secretario de Agricultura; Octavio Averhoff, secretario de Hacienda; Ramiro Guerra, secretario de la Presidencia y Viriato Gutiérrez, senador de la república. Por la parte norteamericana estaban el embajador Welles, el attaché comercial y el Primer Secretario de la embajada.
La prensa destacó la relevancia de estos encuentros que no pasaron de ser más que simples escarceos; trascendíó que se había “entrado en materia con datos en la mano” .4 Según Orestes Ferrara, virtualmente se completó un proyecto de Tratado de Reciprocidad Comercial tan pronto como las peticiones de Cuba fueron abordadas en tres sesiones.5
Welles, por su parte, el 25 de mayo informaba de estas conferencias al Secretario de Estado norteamericano, explicándole que se habían abordado las concesiones que el gobierno cubano haría a cambio de otras de parte de los Estados Unidos: “He percibido una gran disposición del gobierno cubano a permitir a Estados Unidos muchas ventajas en relación con nuestras exportaciones en la agricultura y nuestros productos manufacturados.”6
El Embajador advirtió que se trataba sólo de intercambiar puntos de vista, pues los Estados Unidos no estaban todavía en condiciones de realizar ninguna propuesta oficial.
Machado también ofreció su versión sobre lo discutido en el palacete veneciano de Ferrara:
“Cuba estaría dispuesta a beneficiar los productos americanos sobre los de cualquier otro país yendo si era preciso hasta comprar en los Estados Unidos todo aquello que consumiera y no pudiera producir. A cambio de esto solicitábamos una reducción en el arancel azucarero, la fijación de una cuota para ese producto, bonificación en el arancel del tabaco y en aquellos frutos que Cuba produce en el invierno y que debían entrar al mercado americano sin pagar derechos.” 7
Queda una incógnita histórica a despejar: ¿Por qué se suspendieron estos encuentros relativos al reordenamiento económico del país? ¿Acaso el estado de violencia reinante hizo que cambiasen el carácter de las discusiones de económicas en políticas? ¿Acaso no hubo un entendimiento sólido entre las partes actuantes? ¿O sería que las partes involucradas entendieron no valía la pena adentrarse en detalles de un posible tratado comercial que no había sido todavía aprobado por el Congreso norteamericano?
Por su parte, el Embajador señalaba que la última entrevista tendría lugar el próximo día “hasta que me vea imposibilitado de continuar por el venidero viaje del señor Ferrara a Londres”. Aunque es un factor a considerar, no podemos asumir que tan sólo porque Ferrara salía del país las conversaciones se suspendieron. Este, como se puede observar en citas anteriores, era un defensor de la presencia masiva de productos norteamericanos en nuestro mercado y un rival de los experimentos con nuevas industrias. Pensaba que el país debía retrotraerse a la relación económica de los primeros años de la república.
Por esas razones, pensamos que Welles debió haber tenido un aliado en Ferrara durante las discusiones relativas al nuevo Tratado de Reciprocidad Comercial en estudio. En su libro Hora de decisión, Welles lo señala.8 Entendemos que la suspensión se debió a que la administración Roosevelt presionó para que se adelantasen los arreglos políticos como condición para entrar en los temas económicos. En esos momentos el secretario de Estado norteamericano, Cordell Hull, entendía que: “La perspectiva de un incremento de las ventajas económicas es una golosina que no debe ser otorgada hasta que el gobierno cubano haya adoptado pasos positivos y satisfactorios para acabar con el desasosiego presente.”9
Al parecer también hubo desacuerdos porque el gobierno de Machado después de la Reforma de 1927 había adquirido compromisos con la Asociación de Comerciantes e Industriales y aunque no todos los funcionarios del gobierno cubano eran partidarios de continuar favoreciendo a estos sectores, de hecho tampoco se les podía lanzar a la ruina inmediata. 10
Machado había propuesto comprar en el mercado norteamericano todo aquello que no pudiéramos producir y esto evidentemente no podía ser del agrado del imperialismo, que pretendía inundar nuestro mercado de sus productos, algunos de los cuales habían sido desplazados después de la Reforma Arancelaria de 1927. Para Washington no era satisfactorio otorgarle concesiones económicas demasiado amplias al régimen machadista, en medio de la ola de violencia que sacudía al país y alarmaba a la opinión pública norteamericana, ni ceder fácilmente un mercado que debían de reconquistar para dar alivio a la crisis de superproducción capitalista. De inmediato el centro de la actividad diplomática de Welles pasó al orden político nacional y quedaron relegadas las discusiones sobre un nuevo Tratado de Reciprocidad Comercial.
Citas y notas
1-Foreign Relations of the United States (FRUS). 1933. Volumen V, p. 291.
2-Ibídem.
3-Diario de la Marina. La Habana, 18 de mayo de 1933, p. 1.
4-Ibídem, 25 de mayo de 1933, p. 1.
5-Charles A. Thomson: The Cuban Revolution: Fall of Machado. Foreign Policy Reports. December 18, 1935. En: Archivo Nacional de Cuba. Fondo: Especial, legajo 13, no. 2401.
6-FRUS. 1933. Volume V, p. 293.
7--Gerardo Machado: Memorias.Ocho años de lucha. Ediciones Históricas cubanas. Serie: Historia y biografías, Miami, Florida, 1982 p. 74.
8-Sea que hubiera sido condición natural en él o resultado del antagonismo que despertaba en su espíritu la oposición popular, el hecho es que la vida humana había perdido todo valor para Machado. Los miembros de su gabinete, excepto uno, lo servían incondicionalmente y ejecutaban sus órdenes. (...) La excepción era su Secretario de Estado, el Doctor Orestes Ferrara”. En: Sumner Welles: Hora de decisión. Editorial Sudamericana, Buenos Aires, 1945, p. 236.
9--Bryce Wood: The making of the Good Neighbor Policy. The Norton Library, New York, 1967. p.61.
10-Según el presidente cubano:“Él [se refiere a Welles] traía un plan, un tratado, ya casi redactado, en el cual se estipulaban todas las aspiraciones máximas de su país sin tener en cuenta más que eso, sin contar con la realidad cubana, o peor todavía, contra ella. El intento era volvernos a colocar como en 1925 y restaurar el coloniaje antiguo. Y mi gobierno frente a ese intento detuvo las negociaciones (...) Pero ese tratado era la negación de mi obra. Cierto que favoreciendo al azúcar se favorecía a los azucareros —casi todos extranjeros— pero a costa del pequeño agricultor, del ganadero, del industrial en pequeña escala (...) Favorecerla a costa de otras industrias es doblemente dañino”. Gerardo Machado: Ob. cit., p. 74.
editado por: Dino Allende
