En el cuarto centenario de la muerte de Cervantes: traducciones del Quijote al alemán
Hace cuatro siglos, el 22 de abril de 1616, falleció Miguel de Cervantes y Saavedra en Madrid, donde fue enterrado al día siguiente. Había nacido en Alcalá de Henares, el 29 de septiembre de 1547, y su vida fue casi tan aventurera como la del protagonista de su gran novela, El ingenioso hidalgo Don Quijote de La Mancha. Muy joven se alistó en la Armada española; en 1571 participó en la batalla de Lepanto, donde resultó herido y perdió el movimiento de su brazo izquierdo, por lo que se le llamó el Manco de Lepanto. Cuando regresaba a España fue apresado por corsarios y sufrió cinco años de cautiverio en Argel (1575-1580). Liberado por los frailes trinitarios, comenzó su carrera de escritor con la publicación de La Galatea (1585). En 1605 vio la luz la primera parte del Quijote. Cervantes conoció el éxito literario, pero no se libró de la pobreza, aunque esta no impidió que siguiera dedicándose intensamente a escribir. En 1613 publicó las Novelas ejemplares; en 1615, Ocho comedias y ocho entremeses y la segunda parte del Quijote. Dedicó sus últimos meses de vida a Los trabajos de Persiles y Sigismunda (obra publicada póstumamente, en 1617).
En 2015 se cumplió el cuarto centenario de la publicación del Quijote, ese canto a la locura de amor, la libertad humana y la capacidad de convertir sueños en aventuras. Curiosamente, el original de esta obra, que ha sido traducida tantas veces y a tantas lenguas, fue presentado por Cervantes como la traducción de un texto más antiguo, escrito en árabe por Cide Hamete Benengeli, un supuesto historiador musulmán.
Conmemorando al autor de esta novela fundacional en la lengua española, echemos una breve ojeada a sus traducciones al alemán.
En un lugar de La Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme, no ha mucho tiempo que vivía un hidalgo de los de lanza en astillero, adarga antigua, rocín flaco y galgo corredor. (…) Es, pues, de saber que este sobredicho hidalgo, los ratos en que estaba ocioso –que eran los más del año – se daba a leer libros de caballerías (…) Con estas razones perdía el pobre caballero el juicio, y desvelábase por entenderlas y desentrañarles el sentido…
In einem Dorfe von La Mancha, auf dessen Namen ich mich nicht entsinnen kann, lebte unlängst ein Edler, der eine Lanze und einen alten Schild besass, einen dürren Klepper und einen Jagdhund. (...) Es ist zu wissen, dass obgenannter Edler die Zeit, die ihm zur Muse blieb –und dies betrug den grössten Teil des Jahres– dazu anwandte, Bücher von Rittersachen zu lesen (...) Mit diesen Sinnen verlor der arme Ritter seinen Verstand und studierte die Meinung zu begreifen und zu entwickeln...
El fragmento anterior, correspondiente al inicio de la obra, pertenece a la traducción realizada entre 1799 y1801 por el escritor y filólogo Ludwig Thieck, quien tradujo la novela completa en la que hoy se considera una versión clásica en lengua alemana. Pero la primera traducción del Quijote a ese idioma –a la que sólo precedieron en Europa la inglesa, en 1612, y la francesa en 1614– fue parcial, y se debió a Pahsch Basteln von der Sohle, que en 1621 tradujo 22 capítulos. La versión de la novela completa por el escritor y periodista Ludwig Braunfels, publicada en 1883, fue considerada por algunos como la más fiel al original y la más erudita.
Mediante las traducciones del Quijote se acercaron a él Herder, Schiller y Goethe, quienes lo valoraron altamente; lo mismo ocurrió con Lessing y Heine, y ya en el siglo XX con Kafka, quien escribió un apólogo titulado La verdad sobre Sancho Panza. En su viaje a Estados Unidos en mayo de 1934, Thomas Mann llevaba un ejemplar de la traducción del Quijote por Thieck, y reflejó esa experiencia en su ensayo A bordo con Don Quijote, una defensa de los valores de la cultura europea amenazada por el fascismo en ascenso.
Si la vigencia del Quijote necesitara ser demostrada, serían pruebas de ello las reiteradas publicaciones de la ya mencionada traducción de Ludwig Thieck (el fragmento citado en este artículo pertenece a una edición de 1961), así como la nueva versión realizada por Susanne Lange , que se publicó en 2008 y fue muy elogiada por la crítica. Filóloga y traductora literaria, Lange (1964) estudió germanística y teatrología, y ha impartido clases de literatura y traducción en la Universidad de Tübingen y en la Universidad de los Andes, Bogotá. En 2009 le fue otorgado el premio de traducción de la Deutsche Akademie für Sprache und Dichtung (Academia Alemana de Lengua y Creación Literaria), por sus traducciones desde el español, y en particular por la nueva versión del Quijote. Además de Cervantes y Luis Cernuda, Lange ha traducido a Lydia Cabrera, Abilio Estévez, Federico García Lorca (Mariana Pineda, La zapatera prodigiosa, Yerma), José Kozer, Fernando del Paso, Octavio Paz, Juan Rulfo y Juan Villoro, entre otros.
Sobre la versión alemana del Quijote por Susanne Lange se ha dicho que “mantiene el ritmo y la exactitud, el humor y la opulencia de Cervantes” (Heinz Schlaffer, Süddeutsche Zeitung, 14.10.08), y que “conserva toda la riqueza de ese libro maravilloso” (Martin Ebel, Tages-Anzeiger, 16.12.2008).
Gracias a las traducciones y reediciones, el ingenioso hidalgo de La Mancha continúa sus viajes y aventuras en diversos ámbitos lingüísticos, y a cuatro siglos de la muerte de Cervantes contribuye a mantener vivo su legado literario y humano.
El poeta mexicano José Emilio Pacheco, en su discurso de agradecimiento al recibir el premio Cervantes en 2010, cuenta una anécdota de su infancia: “la experiencia de un niño que una mañana de Ciudad de México va con toda su escuela al Palacio de Bellas Artes y asiste asombrado a una representación del Quijote convertido en espectáculo. (…) A telón cerrado aparece el historiador árabe Cide Hamete Benengeli, a quien Cervantes atribuye la novela. Cide Hamete Benengeli ha decidido abreviar la historia para que los niños de México puedan conocerla. La cortina se abre. De la oscuridad surge la venta que es un castillo para Don Quijote. (…) Dos horas después termina la obra. Desciende de los aires Clavileño que en esta representación es un pegaso. Don Quijote y Sancho montan en él y se elevan aunque no desaparecen. El Caballero de la Triste Figura se despide: “No he muerto ni moriré nunca… Mi brazo fuerte está y estará siempre dispuesto a defender a los débiles y a socorrer a los necesitados”.
Editado por Heidy Bolaños
