Los grandes sin el Nobel
A quien Dios se lo dio, San Pedro se lo bendiga, decíamos medio siglo atrás los entonces muchachos. Más acá se popularizó la expresión al que le tocó, le tocó. Nos guste o no, aceptemos o no su esencia conformista, recuerdo una y otra porque aunque el tema de este trabajo es el de aquellos grandes escritores que bien pudieron merecer el Premio Nobel de Literatura sin que “nadie se hubiera puesto bravo” y sin embargo no lo recibieron, no nos consideramos indicados para cuestionar a quienes sí aparecen en la distinguida relación de premiados, pero el tiempo, la justicia y el olvido ha pasado la cuenta... con premio incluido y todo.
Aun cuando lo que más puede molestar es el número de autores de habla española a los que, mereciéndolo, nunca se les confirió, no podemos dejar de mencionar algunas otras omisiones que difícilmente puedan pasarse por alto. La lengua portuguesa, por ejemplo, cuenta con un solo premiado, José Saramago, en tanto los luso parlantes del lado de acá del Atlántico, en Brasil, todavía están a la espera del primero.
Prepárese pues. León Tolstoi, figura cumbre de la literatura rusa, que vivió lo suficiente para que se le confiriera, nunca lo alcanzó. El tiempo ha demostrado que el premio, más que un honor para él, lo hubiera sido para la Svenska Akademien (Academia Sueca) que lo otorga.
Si de la literatura de lengua inglesa se trata, los nombres de Joseph Conrad, Gilbert K. Chesterton y Graham Greene se barajaron una y otra vez sin llegar al premio. Como es usual cuando esto sucede, se conjeturaron diversas razones (todas subjetivas, porque el subjetivismo no está ausente en quienes lo otorgan), de las que no se excluyen credos políticos, religiosos y prejuicios inconfesos acerca de algunos géneros literarios subvalorados.
Otras literaturas y lenguas pueden argumentar olvidos igualmente discutibles, o lauros muy escasos, aun cuando actualmente el premio cuida de ampliar sus latitudes geográficas, diversificar los idiomas y tendencias filosóficas, entre otras consideraciones y subjetivismos (¿?).
La literatura española guarda apenas cinco premios en sus vitrinas, aun cuando alguno que otro no correspondiera con lo más esperado. Se quedaron sin alcanzarlo el más reconocido de los filólogos del siglo XX español, Ramón Menéndez Pidal, quien vivió muchísimos años, de manera que tiempo hubo sobrado para premiarlo.
Ramón María del Valle Inclán, Pío Baroja y Miguel de Unamuno, miembros los tres de la Generación del 98, iluminan la literatura española de las primeras décadas del siglo. Lo recibió Juan Ramón Jiménez, pero existían méritos para más entre los citados y algún otro omitido que el propio lector puede incorporar.
Aunque con seis premios en el morral, entre los hacedores de literatura en lengua española en América abundan los nombres distinguidos soslayados por la Academia Sueca. Los argentinos nunca comprenderán (porque difícil resulta de explicar) que Jorge Luis Borges no aparezca en el listado de los Nobel, y los mexicanos se duelen de la ausencia de Alfonso Reyes (entre otros), en tanto los venezolanos aspiraron a él con la obra y personalidad de Rómulo Gallegos; los uruguayos hubieran disfrutado mucho un premio para Mario Benedetti y los paraguayos otro para Augusto Roa Bastos.
¿Y Cuba? Por solo citar dos ejemplos ¿Acaso Alejo Carpentier no lo merecía? ¿O Dulce María Loynaz?
También usted puede opinar, porque tampoco es completa nuestra propuesta de escritores olvidados por el Nobel. Tal vez para paliar en algo las veleidades de la memoria se creó el Premio Miguel de Cervantes, llamado el Nobel de las letras españolas, que en cierta medida salva numerosas lagunas, pero tampoco está exento de detractores e inconformes.
En cualquier caso, seguimos a la espera y recordamos las sabías y filosóficas palabras de Ramón Menéndez Pidal, quien al respecto comentó un día: “Sin el Premio Nobel se puede vivir extraordinariamente. Hay mucha gente sin él y no se ha muerto”.
Si tiene alguna duda, recuerde que don Ramón vivió nada menos que 99 años.
Editado por: Dino Allende
