Poesía de María Liliana Celorrio
Brotada desde las grutas íntimas, echada a andar por el mundo sin otra brújula que la autenticidad, la poesía escrita por María Liliana Celorrio es de una notable fuerza expresiva. Parece subir a sus labios con todas las vísceras de la pasión, con los torrentes telúricos de su paisaje natal, con las palabras aprendidas en horas de entrega, tristeza, entusiasmo, amor. Cualquier vivencia le sirve de motivo, y desde cualquier anécdota levanta su soberbia atmósfera lírica.
Trabaja con los elementos primeros de su biografía, cuando aún era una mirada de asombro atravesada deuna silvestre inocencia. Mueve pasiones, enhebra sacudimientos fuertes, desboca animales de fantasía, yergue obeliscos locos, monumentos alucinados, mientras avanza como una exhalación por las sabanas del espíritu. Exhibemucho vigor en la palabra, y su imaginación es un agradable y furioso caos de colores en el viento. Sus mejores textos son un indudable aporte al actual coro lírico del país, de tanta diversidad enunciativa.
ROBERTO MANZANO
MARÍA LILIANA CELORRIO (Puerto Padre, 1958). Miembro de la UNEAC y del Grupo Iberoamericano de Amigos de la Décima Espinel Cucalambé. Ha recibido la Orden por la Cultura Nacional y la Réplica de la Pluma del Cucalambé. Su obra ha sido incluida en antologías en Brasil, Estados Unidos, España, Venezuela, México, Islandia y Puerto Rico. Ha publicado los libros Juegos malabares (Ediciones Caserón, Santiago de Cuba,1990), La barredora de amaneceres (poesía, 1993), Del amante (1997), El jardín de las mujeres muertas (cuento, 2001), Yo la peor de todas (poesía, 2003), El último tango en París (poesía, 2010), Madame la Gorda (poesía, 2014), por la Editorial Sanlope, Los hombres de pálido (cuento, Ediciones Áncora, 1997), Mujeres en la cervecera (cuento, Ediciones Unión, Premio de la Crítica, 2004), Las hijas de Sade (en coautoría con Guillermo Vidal, novela, Ediciones Unión, 2012 ) y Matar al pájaro sentado (cuento, Ediciones Unión, 2012).
Estaba el perro echado en el rincón
como un buda dormido, como un perro:
alegría en la casa, testaferro
feliz de la memoria: en el horcón
familiar su estampa era la ruina
de tiempos ya pasados y remotos:
es el perro dual, árboles rotos
de la infancia feliz, no de la inquina,
la dejadez senil, la muerte lenta
de todo lo que fue y ya es vencido,
sus patas viejas han estremecido
la fibra humana, sin la virulenta
necesidad del odio, ya perdido:
perro que es mi dolor y me ha mordido.
Tengan piedad de mí que cargo la poesía.
Esos momentos en que cae el atardecer
y el hombre deslumbrado ve tanta belleza;
todo el estío y la belleza del dolor caen sobre mí,
y siento como el africano su atardecer en llamas
o soy el vecino que se asoma, ciego, buscando la luz.
Tengan piedad de mí que me duelen los perros,
los caballos con el látigo sobre el lomo,
y el lazo del cazador vigila para que corra mi sangre
y se agolpen las palabras.
Tengan piedad de mí que oigo el grito de la tierra,
y hasta mi lengua llega el veneno del áspid,
y los sucesos de otras latitudes irrumpen ante mis ojos,
y recojo la lava del volcán,
y ahueco con mis manos el agua de las casas
desbordadas por la lluvia.
Tengan piedad de mí que he caminado sobre el desierto,
arado sobre el mar,
y a veces he sido manto y otras sombra.
Tengan piedad del poeta que en el cuerpo, oh Dios,
repica su corazón ante la sordera del mundo,
repica y repica,
muriendo cada día como el albatros de Baudelaire
o el grito de Munch.
Tengan piedad de mí que cargo la poesía.
LOS AMANTES
Hoy vinieron los amantes.
El caballero de azul con la sonrisa del gato de Cheshire
como una presencia del más allá
se vuelve de repente un fondo de botella
por el que veo el mar
huelo el mar
gusto el mar
ese hombre estaría mirándome
y sería la magia de Charlot
el silencio de Charlot
el que trae ese aire triste que lo vuelve a mí
después llega el hombre de guante blanco
a pasarme la lengua por los párpados
a echarme el humo de su cigarrillo en el rostro
a hacerme maullar sobre un tejado de zinc caliente
ese hombre estaría bien con los zapatos lustrados
y una flor en la solapa
y vendría a enseñarme del vino
de la orgía del cuerpo en amplia orquesta de matices
ese hombre frota mi clítoris
que no es más que la memoria de las sábanas
y regresa en la lenta parábola del viento
en la lujuria del espejo
después viene el perdido
el Van Gogh desorejado
el que no tiene nada que dar sino la desesperación
el chillido de los pájaros agoreros
a ese le he puesto el misterio a manar
para que me mienta y lacere
ese hombre llegó a mi cerebro de pie
y abrió sus alas y no emprende vuelo
sobre ese hombre hay paracaídas que no abren
árboles sin nidos
huellas en la cabeza del pan
que amarga la soledad de quedarse sin él
sin fotos amarillentas que guarden su rostro
y sea su sombra la que llegue hasta aquí
después viene el definitivo
el que aún no ha llegado y he tejido
en días de hambre y sinsabores
ese vendrá con tijeras de podar a hacerme figuritas de papel
con un ladrillo en la mano construirá la casa
el sillón de sentarme a soñar
ese hombre inventará la belleza
si la belleza es la actitud de la entrega
nunca ingresará en la fila de los amantes tangibles
sólo estará en mi cabeza y desde allí hará su reino
inventará los cascabeles
y dulces campanitas amarrará en la ventana
secará los pájaros ateridos
dará de comer a mis animales
pastará sobre mí la yerba amarga del verano
él será el del corazón hueco
el que no tiene pecho donde cobijar la esperanza
pero yo le esperaré siempre y desterraré a los otros
les daré la mitad
mi retrato
una vela para alumbrar el pasado.
A ese hombre que no vendrá nunca
lo mataré sólo cuando esté muerta.
Ella escogió la rosa
yo la espina
ella el mantel de la mesa
yo aré el campo
y saqué sobre un mar de sal
las nobles viandas.
Ella lo escogió con pinzas
olfateó
palpó con dedos de seda
la textura de su piel.
Ya estaba el buen semental
el inteligente
para redimir la raza.
Yo lo escogí
por el brinco de mis ojos
por el ensanchamiento del pecho
por el suspiro.
Él nos escogió a las dos.
CONVERSACIÓN CON DIOS SOBRE LA PÉRDIDA DEL AMADO
Él era suave, Dios, con su lengua de pasto verde y húmedo.
Tenía los tobillos dulces los ojos de espuma.
Él era duro como las colinas,
el aire fuerte que choca con las montañas.
Cascaba las nueces de la alegría,
maceraba la esencia de mi espalda.
Él era cruel, Dios, me dio un hachazo con los dientes,
despedazó mi carne en días de lujuria,
se apoderó de mi tesoro y lo regaló en la feria,
me expuso a los ojos de la maledicencia.
Él era hermoso, Dios, y asesino,
me golpeó el pecho y abrió todas mis puertas,
no me hizo dormir, me dio el insomnio de su boca,
la elasticidad de su abdomen.
Él era tierno, degollaba mis párpados con la saliva de sus poros,
me daba el paisaje con toda la ventura de la floresta.
Él era rico, la joya de su mano relampagueaba en la noche,
todo lo iluminaba con la luciérnaga de su sangre.
Él era verde como el árbol,
la sombra de la vegetación de mi cuerpo,
lo hiciste para mí y no me prefirió,
yo era el rayo, Dios, la tormenta,
pero era más fuerte que el río de mis pies,
se fuey las piedras de la ventisca vinieron sobre mí,
y no soy, Dios,
sino un cerrojo,
la hendidura del cielo,
el desierto amargo bajo el sol de los siglos.
Dime, Dios, por qué extraña coincidencia
no me diste su rojo corazón,
por qué no hiciste que muriera,
Dios, lo quiero muerto,
que nadie más pruebe la miel de su costado,
y quiero decirte, Dios, que por ti y por él,
soy una corola sin abejas,
un tallo cortado por las tijeras del tiempo.
ELOGIO DE LAS PALABRAS
Me encantan algunas palabras por las que puedo escapar
ULTRAMAR me sugiere el mar violento de lejanías marinas
donde habita el delfín
el dulce chorro de la ballena
MANSEDUMBRE hocico húmedo del perro
su rabo acompasado
la alegría de la llegada a las tardes familiares
la lengua de la vaca rumiando su mugido ambarino
el olor de la leche sonando sobre el cubo
CAMPANARIO juegos malabares del viento
techos de tejas movedizas
altura arquitectónica del hombre
veleta umbría de la mano artesanal
TRÉBOL campo compartido con insectos
zumbido de la floresta
rocío bajo la planta de los pies
buena suerte del día
amaneceres de abejas dulcificando corolas
CREPÚSCULO placidez de los ojos
llamarada tardía del cielo incendio interior
calma de la sangre
el corazón golpeando el ritmo de la arteria
latido de la piel marcada de colores.
TRISTEZA forma mía de ver el gris
alcatraz sobre las vigas
azúcar cayendo sin café
pérdida irreparable del olor de la adelfa
alegría pequeña manantial sin brotar
AMOR escaramujo
libélulaposadora de la dormidera
calorcillo oscuro
durofrío entre los dientes
sobresalto del pie del corazón.
Hay palabras por las que puedo escapar
hay otras en las que me quedo
tenues palabras
asesinas amorosas palabras
VASO COROLA MUERTE
ÁNFORA MAÍZ LUCIÉRNAGA
Cuánto me dijeron
cuánto me dicen
las palabras que prefiero.
FÁBULA DE LA OLLA VACÍA
Bulle escuálida olla
multiplica el arroz
que en tu fondo liviano yazgan las aromáticas especias.
Quiero dar de comer a mis cuervos
que sacudan sus alas sobre el festín de la mesa.
Bulle, amarga olla que bruñí con mis dedos
sobre el cántaro de tu boca derramé el insomnio
desmenucé mis perdices
las que no tuve
las que me costaron una pared de la casa.
Por ti, preciada olla
vendí los zapatos
derramé lágrimas sobre el saco vacío del día
me volví prestidigitadora.
Canta, querida olla
los graznidos rompen las ventanas
pero tú bulle y ablanda el hueso de mis ojos.
No dejes de cantar sobre el mantel de la muchedumbre.
canta, canta
Mis cuervos sólo respiran por la boca.
He sido tan infeliz
que es incomparable el dolor
que me trasmiten las cosas
el fregadero tan roto sobre las heces del perro
el quicio de la puerta
y el polvo en estampida
volviendo todo gris
vulnerable.
He sido tan infeliz que bajé los ojos
y no llegó la súplica hasta los pies
mis pies que eran raíces
bajo el dolor ennegrecido del fogón
de la silla vacía.
No tuvo palacio mi halcón
mi princesa
ah por que desoí la voz de la fortuna
y sólo di a mi rama cables eléctricos
la pared desnuda?
Ni siquiera un mísero espejo
donde trenzar su tiempo.
Nada fue amable y sólo hubo cantos
piedras afiladas para su piel.
Ella no está y yo paseo entre los lienzos
y palpo su huella como un perro que no sabe aullar
ni lamer su sombra.
He sido tan infeliz sobre su piso
dentro de su cuarto
y he llorado al ver la cama tan honda
como un pedazo de abismo.
Ah por qué no pude retenerla
entenderla cuando aún sonreía
tenía memoria
sueños
y no pasos vencidos
y no mudez ni calavera.
Ah Dios yo sé que existes
cuando llegue en la barca
acógela
quítale el embozo
todas las telas de la amargura
déjala que hable
cante, ría.
Tú eres el hacedor del mundo.
Líbrala del infierno.
Santificado sea tu nombre.
MARZO
Llueve y no hay nada.
La ventana es tan endeble que los venablos del viento
zarandean los enseres domésticos
la huella de sangre del cobertor.
Tirito.
Mastico la acidez de la palabra y froto los hombros
¿Quién pudiera crecer las alas
y colarse por las rendijas?
Afuera está la lluvia
flor viscosa.
El cielo y sus capuchas negras.
Podría abrir la puerta y saltar al vacío.
Podría aspirar de una bocanada todo el ambiente tóxico
todas las miserias y minucias de la casa.
Puedo morir sentada
no dar un paso
ni levantar un dedo.
La muerte corroe los panales
acuchilla el interior de la piel.
Llueve.
Diluvia.
Y no avizoro el rayo cauteloso
el crisol de la espera.
Llueve y no hay nada.
Ni siquiera soledad.
MIENTRAS EL CERDO CHILLA LAMENTÁNDOSE DE SU SUERTE
Lamo tu torso sobre las telas sutiles.
Sobre el aroma de los campos
surges ungido de lo oscuro
de las madréporas de los valles del mar.
Sólo para mis ojos
sobre la tela clara de mi pupila
sobre la tela oblicua del hijo
y voy detrás de la aureola de noches sofocantes
de agujeros de muerte.
Mientras el cerdo chilla
toco tu torso
huelo tu sangre con sabor a vino.
Mientras se taja su carne
pruebo el dulzor de tu boca
boca mordida por el misterio del arroz
boca que hicieron para mí infinitamente
con el dolor de la siega
con el dolor de la matanza.
CÁNTICO DEL AMADO
Ah, tus tetillas de sombras
tus axilas de pelusas dormidas
tu costado suave como el café de la noche.
Ah, tu ombligo pozo oblicuo de contornos de musgo
tu ingle desbaratadas arcas la separación de tus muslos
tu sexo espejo cortante de las aguas
pastoso animal que asoma detrás de las máscaras
huevos gemelos que cuelgan sobre el párpado del tiempo.
Ah tus muslos cañas de espinosas sinuosidades
el tobillo indefenso hueso redondeado por mi lengua
tus pies ah, tus pies de falanges sutiles
multiforme herida hollando la tierra en dos.
Ah, tú, lecho de lumbre donde yazgo
húmedo contorno vino diario el de tus labios.
Ah, tus labios armados con los dientes
la sabana escondida de tu lengua.
Te recorro y tu geografía es tan remota como el polvo lunar
real y súbita como la caída de una estrella.
Tu cuerpo es el nacimiento de las cosas
la mano abierta del ocaso
en él se despeñanlos deseos de siete puntas.
Ah, mi amado cómo embriagarte de palabras
árbol de mis ojos
vendimia del campo de mi boca.
PASAJERO DEL MUNDO
Todas las noches me arranco el corazón
y por las mañanas ahí está de nuevo.
Camino por el país de las arenas bajo un sol que no tiene ojos
pero sé que he de buscarte
tú que duermes con una mano sobre el cuello
encima del libro con la luz apagada.
Todas las noches me arranco el corazón
pero ahí van mis pasos sobre las dunas
las tormentas de sal levantan el sonido del viento
y el ulular encabrita el sendero por donde voy
allí donde duermes esperándome
escribiendo cosas para este extraño
que camina sólo parajes remotos.
Cuándo estaremos en un país sin fronteras
cuándo le darás la bienvenida a mi rostro
a la palabra que escapará de mi boca
y harás un mapa dócil para la tierra de tus manos.
Yo soy el caminante que camina millas y millas
que se traga el polvo
y todas las noches tira su corazón a los perros
pero cuando amanece mi corazón toca en la puerta
y yo echo a caminar bajo los espejismos
sobre las sabanas inmensas horadando a las tunas
ahuyentando al escorpión azul de la muerte.
Caminando me asomaré por tus ventanas
y me daré la bienvenida en la geografía de tu calle
mis pies recorrerán tu patio el alero la casita de las palomas.
Ya no seré nunca el emigrante
ni me coseré el corazón con una botella verde
que lanzo al amanecer antes de continuar viaje.
