Lo digital sirve para dar voz a muchos
En octubre de 2015, durante el II Congreso Internacional de Humanidades Digitales que se efectuó en Madrid, conozco a la argentina Gimena del Río Riande. Luego de cuatro días de intercambios y diálogos, asintió a contestar varias interrogantes que hoy comparto con los lectores de Cubaliteraria.
Gimena del Río Riande es Doctora en Filología Románica por la Universidad Complutense de Madrid con premio extraordinario de doctorado y Magister en Estudios Literarios por la Universidad Complutense de Madrid (UCM). Experta en Investigación y recuperación del patrimonio literario por la Universidad Autónoma de Madrid (UAM) y Licenciada y profesora en Letras por la Universidad de Buenos Aires (UBA).
Trabajó como investigadora para diferentes proyectos sobre edición digital de textos medievales y modernos en la Universidad de Santiago de Compostela (USC) y en la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED, Madrid), fue becaria de SECRIT (CONICET) y adscripta de la Cátedra de Literatura Española Medieval de la UBA.
Organizó el primer THATCamp en la ciudad de Buenos Aires en 2013, las reuniones científicas que dieron origen a la Asociación Argentina de Humanidades Digitales (AAHD), proyecto personal que transformó en colectivo y del cual hoy es vicepresidenta. También organizó el DayofDh Buenos Aires 2015 y las I Jornadas Nacionales de Humanidades Digitales “Culturas, Tecnologías, Saberes”, entre muchos otros eventos.
Es parte del comité directivo de la Revista de Humanidades Digitales de la UNED, coordinadora de la sección de Humanidades Digitales de la revista ArtyHum, miembro del comité científico de Digital Studies/Le champ numerique, Frontiers in Digital Humanities, y de los blogs de investigación Hypothèses. Es miembro del comité ejecutivo de Global Outlook:: Digital Humanities (GO::DH), vocal de Humanidades Digitales Hispánicas (HDH) y vicepresidenta de la Asociación Argentina de Humanidades Digitales (AAHD).
¿Podemos hablar de una ciudadanía digital?
Sí, claro. Podemos hablar de ciudadanos digitales y humanos digitales; un nuevo mundo digital, en tanto lo digital ha modificado por completo nuestras rutinas y conductas, desde la forma de comunicarnos, de aprender, de investigar, como nos lo mostró muy bien Lev Manovich hace varios años, o la magnífica Katherine Hayles... No hay rincón al que no haya llegado este cambio.
En octubre de 2015 se efectuó el II Congreso Internacional de Humanidades Digitales Hispánicas. Puede explicarnos cuáles fueron sus objetivos y sobre esa base, los resultados más significativos?
La idea del congreso fue reunir a las voces más representativas de las Humanidades Digitales de habla hispana en una ciudad central para el mundo occidental, como lo es Madrid. Además, también se pretendió concientizar a estudiantes e interesados en el tema acerca de la importancia de que las Humanidades Digitales sean parte del currículo académico universitario.
Lo interesante del congreso es que informó acerca de proyectos de investigación, avances de las infraestructuras europeas como DARIAH, en solo tres días. La incorporación de un último día (el cuarto) dedicado a las Humanidades Digitales en Europa (auspiciado por la EADH) permitió a quienes venían de Latinoamérica actualizarse sobre los trabajos en otros países europeos.
Es de destacar que la UNED transmitió en directo todo el congreso, lo que hizo que desde diferentes sitios del planeta pudieran seguirse las presentaciones gratuitamente. El Laboratorio de Innovación en Humanidades Digitales (LINHD) hizo aquí un excelente trabajo y los resultados fueron muy buenos. Experiencias similares se replicarán este año desde México, con el Tercer Encuentro de Humanistas Digitales, y desde Argentina con el Congreso Internacional Humanidades Digitales: Construcciones locales en contextos globales, que coordino, y que es auspiciado por la HDH.
¿Cuál es su opinión respecto al avance incesante de las nuevas tecnologías, sobre todo en el ámbito de las humanidades?
Que, si las empezamos a usar bien y para el bien, lograremos cambios positivos en muy poco tiempo. Aprenderemos a trabajar colectivamente, le daremos voz no solo a un grupo privilegiado sino a todos los ciudadanos y podremos sacar el conocimiento fuera de las universidades sin que estas se desmerezcan por eso. Que en este momento, alguien que jamás ha escuchado hablar de la Filología, me esté leyendo a mí en una web cubana hablando de Humanidades Digitales es síntoma de que lo digital sirve para dar voz a muchos y para que muchos conozcan más cosas sobre el mundo.
LINHD es un centro de Humanidades Digitales en España y en español que aspira a constituir un puente interdisciplinar y colaborativo entre Humanidades y Tecnología, gracias a los datos enlazados y las tecnologías de la web semántica como filosofía, enfoque y nuevo planteamiento aplicado a las disciplinas tradicionales del ámbito de la cultura. Cómo puede ello ampliarse a realidades socioculturales menos tecnologizadas como la cubana?
Hay que apropiarse de la tecnología. Si nuestra realidad es, a través de los aparatos que usamos, más analógica que digital, pues hay que construir nuevos objetos, nuevos aparatos. Si tu computadora es vieja, pues usa tu celular. Si ambos son obsoletos, pues reúne gente y ponte a trabajar en hacer tus propios aparatos. Hace poco, un investigador en Argentina me decía que los mejores diccionarios sobre literatura están en Cuba, donde se ha escrito mucha literatura cubana pero también mucha literatura sobre la literatura cubana (esto es un diccionario). Pues hoy no hay nada más importante en la web semántica que el uso de vocabularios controlados y ontologías. ¡Mira por dónde Cuba tiene mucho que aportar! Hay que pedir a quienes ya han desarrollado tecnología que la compartan. Casi hay que obligarlos. Si en tu país no hay plataformas, pues usa las de otros. Escribe en blogs, twitea (es rápido). No dejes de hacer activismo cada vez que apelas al uso de lo digital. Crea comunidades. Eso hice yo desde Argentina y hoy tenemos la Asociación Argentina de Humanidades Digitales, que apunta a crear una comunidad global interesada en el impacto de lo digital en las Humanidades. Somos humanistas pero nos reunimos a debatir sobre estas cuestiones fuera de la Academia. Y luego, las volvemos a llevar allí.
¿Podemos hablar de una nueva forma de conocimientos a partir de la incorporación de las tecnologías?
Sí, los objetos hacen que las formas de acceder a ellos construyan nuevas formas de pensar. Otra vez, es Hayles quien lo cuenta bien aquí. En el caso de lo digital, la dimensión colectiva nos lleva a modos de relación que habíamos perdido desde la llegada la imprenta y la dinámica de la lectura silenciosa, la inmutabilidad de lo impreso. Esto nos acerca a los modos medievales con relación a la cultura, a la mutabilidad de la escritura y a la construcción colectiva del conocimiento.
¿Considera que este proceso evoluciona de manera eficaz?
Siempre hay idas y vueltas y malos usos. Pero esa es la historia de nuestra civilización.
Dada tu experiencia en el campo de las humanidades digitales y por tu formación profesional, ¿consideras que el libro digital suplantará al libro físico ?
El libro siempre va a existir. De hecho, el libro en papel, que es una de las tantas formas del libro, pero que es la que las generaciones post Gutenberg conocimos (antes había rollos vegetales, libros de piel de carnero, de oveja, perro…), se está viendo beneficiado por el giro digital, en nuevas formas que lo hacen más bello y accesible como objeto.
¿Podríamos decir que existen nuevos perfiles profesionales y nuevas ocupaciones surgidas de la implantación de las nuevas tecnologías en las humanidades?
Absolutamente. Esto es evidente en el perfil de los nuevos humanistas, que gracias a la formación con respecto a lo digital pueden insertarse en espacios de trabajo antes desconocidos para ellos. Empresas como Google están especialmente interesadas en ese perfil. También los espacios ciudadanos, como los relacionados con los laboratorios, las bibliotecas digitales y, por supuesto, la edición digital en todos sus aspectos, entre muchas posibilidades. Esto nos hace ver que los avances de lo digital no destruyen el empleo sino que crean nuevas formas de empleo.
