Una motocicleta en la noche, de Ragnar Hovland
Sin lugar a dudas, la obra de Mark Twain ha marcado pautas en los lectores chicos y grandes de todos los tiempos, sobre todo su novela Huckleberry Finn, desde que fuera terminadaen 1884 por Samuel Langhorne Clemens, verdadero nombre del escritor estadounidense.
Su espíritu de justicia le hizo colocarse al lado de los más necesitados. Con fina ironía criticó males de todos los tiempos apoyando causas como la emancipación femenina, obrera y racial, y definiéndose al final de su vida como un auténtico revolucionario.
Esta obra, considerada una segunda parte de Las aventuras de Tom Sawyer, escrita ocho años antes, lo consagró como uno de los escritores estadounidenses de mayor importancia en las letras de su país. Orientada como lectura obligatoria en muchas escuelas de los Estados Unidos, ha sido incluida entre los cien mejores libros de la historia de la literatura norteamericana.
Es por ello que aún en el presente, su estilo y argumento inspiran homenajes como el realizado explícitamente por el autor noruego Ragnar Hovland, nacido en Bergen, Noruega, en 1952, en su obra titulada Una motocicleta en la noche, que fuera publicada dentro de la colección Veintiuno de Gente Nueva en el año 2013.
Esta novela para jóvenes cuenta con la traducción de Cristina Gómez Baggethun, la traducción de notas de Lourdes Arencibia y la muy destacada edición del experimentado Esteban Llorach Ramos. Las estilizadas y sintéticas ilustraciones pertenecen a Arassay Hilario Reyes y el montaje de la composición y la cubierta son de Ileana Fernández Alfonso. Se respeta el diseño de la colección de María Elena Cicard Quintana, de fondo simple y blanco con figura compleja.
A pesar de mencionar partes del argumento del relato de Twain en numerosas ocasiones como libro de cabecera del protagonista, pienso que el autor mucho le debe también a El guardián en el centeno, de Jerome David Salinger. Su personaje central, este adolescente que busca en todo momento su lugar en un mundo (mal) construido por los mayores que él, absurdo e ilógico, tratando de entender las razones de su funcionamiento mediante preguntas certeras que muchas veces dejan sin aliento a sus interlocutores y otras los desorientan, evoca a Holden Caulfield en muchas de sus aristas psicológicas, aunque se nos revela mucho más optimista y expectante hacia la realidad que le circunda, a pesar de encontrarse en peores condiciones que aquel. Vive a la orilla de un río contaminado que evoca irónicamente al Misisipi de Finn, en una casucha desbaratada que comparte con su tío Leonard y donde recibirá a su hermano Raymond, medio bandido o justiciero, en dependencia desde dónde se mire, quién lo sacará hacia los caminos en busca de sus padres. Estos son personajes de referencia casi hasta el final de la novela, cuando se le descubren al muchacho las verdaderas y desatinadas causas del abandono de sus hijos al adoptar las creencias fanáticas de una secta religiosa. Mientras, el protagonista se torturará pensándose culpable por momentos de la ausencia de sus progenitores, otras veces la curiosidad le hará investigar o soñar con ellos, y así sucesivamente.
Entre los personajes configurados como negativos resalta Johnny Mamba, el jefe de la banda homónima, abusador y torturador de escolares y muchachas, quien ocupa el lugar contrario a los chinos con quienes negocia Raymond a manera de chantaje. Toda una sociedad juvenil violenta y corrupta irá apareciendo ante los ojos del adolescente, retrato de un entorno marginal que reproducirá acontecimientos paralelos a los de la historia de Huckleberry, como el recorrido en balsa por el río, pero en vez de tener la compañía del esclavo Jim, tendrá la de su tío borracho.
A pesar de este sombrío escenario, la narración está salpicada de situaciones humorísticas y su punto de vista es el de la aventura. Tampoco resulta evidentemente aleccionadora, aunque entre líneas se advierte el dolor y la sensibilidad hacia la necesidad de la familia y el cumplimiento de sus verdaderos roles en la formación no solo de los dos hermanos sino de la mayoría de los jóvenes y muchachas que participan en la historia.
Dividida en tres partes: La balsa, con once capítulos; Un hermano, con 16 capítulos y Los caminos, con diez, Una motocicleta en la noche está enfocada desde el encanto y la frescura de las edades que trata con pericia en una dramaturgia contundente, la cual, sin embargo, desemboca en un final abierto y simbólico.
Invitamos a leer este texto atractivo y actual que ha sido publicado ya en francés, danés, chino y español, entre otros idiomas, y por el cual su autor recibió el Premio Nacional Brage en 1992.
Editado por Yaremis Pérez Dueñas
