Por fin ¿cuándo y dónde murió el autor de Bertillón 166?
Yunier Riquenes García (Jiguaní, Granma, 1982), narrador, poeta, escritor radial, y uno de los inspiradores principales de la buena marcha del proyecto literario Claustrofobias, en la ciudad de Santiago de Cuba, siente predilección por todo lo que se mueve alrededor de la figura del célebre hombre de las letras cubanas, José Magín Soler Puig.
Riquenes fue el primero que abrazó la iniciativa del rotativo santiaguero Sierra Maestra (en su versión impresa), de situar en cada edición, hasta el 10 de noviembre próximo, un espacio que tratara tópicos diversos del autor de Un mundo de cosas, precisamente en ocasión del centenario del natalicio de Soler.
Yunier lleva una cantidad respetable de años, vinculado al estudio de la vida y obra de José Magín, por eso le asiste todo el derecho del mundo, al alertar –igual que hizo el poeta espirituano-santiaguero, Reynaldo García Blanco– sobre un detalle, más bien sobre un error que con cierta regularidad se repite, sobre la fecha y lugar donde se produjo la muerte de Soler Puig.
Riquenes, quien también es miembro de la AHS y del grupo de narrativa Hacedor, y es egresado del Centro de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso, recordó que el pasado 30 de agosto se conmemoró el aniversario 20 del fallecimiento del autor de Bertillón 166, primer premio (novela) Casa de las Américas.
Se lamentó Yunier, que apenas se mencionara el hecho, y que algunas fuentes digitales erróneamente señalan que Soler murió el 2 de agosto, incluso algunas ubican el suceso en La Habana. “Otra vez la muerte de José Soler Puig pasa casi en silencio”, manifestó.
“Debe aclararse, definitivamente, que Soler falleció a las 9:00 a.m. del 30 de agosto de 1996, en Santiago de Cuba, debido a un enfisema pulmonar.”
Apunta Riquenes, que en el periódico Granma, de circulación nacional, el 31 de agosto de 1996, el periodista Luis Suardíaz publicó la nota “Falleció José Soler Puig”, y en la primera línea afirma: “José Soler Puig falleció ayer, a causa de un enfisema pulmonar en Santiago de Cuba”.
Al respecto, el conductor del proyecto Claustrofobias añade otras fuentes bien cercanas, y cita las que se encuentran en el libro Los caminos y la palabra de José Soler Puig, Editorial Oriente, Ediciones Santiago, 2002; de Alejandro Cabal Soler (nieto de Soler Puig) y Edel Torres.
“En las páginas finales del libro se cuenta que el 22 de agosto de 1996, el escritor, muy afectado por una bronquitis aguda, ingresa en la sala No. 4 del Cardiocentro de la ciudad heroína. Ocho días después, el treinta de agosto, a las nueve de la mañana, Soler moría tranquilamente.
LA MUERTE EN SOLER PUIG
Dice Riquenes que la muerte es una de las motivaciones presentes en la vida y la obra de Soler Puig. Y ejemplifica con la novela Bertillón 166, la que escribió para denunciar los crímenes que ocurrían en la dictadura batistiana.
“Según le explicara José Antonio Portuondo, Bertillón 166 significa homicidio por arma de fuego; también se conoce, por revelaciones del propio novelista que estuvo en el Escambray buscando información sobre el asesinato de Conrado Benítez, y de esa investigación escribió la novela, El maestro, que finalmente destruyó.”
Y agrega Yunier: “Varias fueron las muertes tempranas en su familia: su hijo Rafael Soler, también cuentista, y Nené, otro de sus familiares más allegados. En diversas entrevistas que concediera Soler, se reitera el tema. Sobre todo casi al final de sus días.
“Soler no le teme a la muerte. En una ocasión declara que la muerte no es un castigo. Responde que la muerte es el fin del castigo que es la vida, según dice un personaje negativo de uno de sus libros.
“Y responde Soler: ‘He vivido mi vida plenamente, sin arrepentirme de nada. Puedo morir tranquilo’. Y en otras declaraciones, apunta que no le interesan los epitafios; para después de muerto no le interesa nada ni siquiera ser recordado.”
Transcurre 2016, año del centenario del natalicio de José Soler Puig, un momento más que importante para esclarecer de una vez el asunto de la fecha de muerte del escritor.
Riquenes señala, finalmente: “Ojalá se enmienden esos errores (fecha y lugar del fallecimiento), para que no se repliquen más. Y que sea recordado el autor, y que siga viviendo plenamente, sin miedo a la muerte”.
Tomado de Sierra Maestra
Editado por Heidy Bolaños
