Para un hombre “común” Páginas inéditas
Licenciado en Español y literatura, Premio David, Luis Rogelio Nogueras, El mundo hoy (concurso ecológico) y Julián del Casal, además poeta y narrador, Rafael Amador Díaz Pérez visitó Páginas inéditas, tertulia que dirige el periodista Fernando Rodríguez Sosa.
Ante un público ansioso de escuchar sobre la vida profesional del escritor, la librería Fayad Jamís abrió sus puertas a las cuatro de la tarde donde sentados en unas cómodas butacas Sosa interpeló a su invitado.
Lo primero que supimos de él fue que comenzó su vida literaria allá por el año 1969, cuando un profesor de literatura le alertó de sus dotes de escritor. Posee como reliquia de esos tiempo un pequeño libro de poemas del año 1972. Después se enriqueció en los talleres literarios municipales.
"La crítica ha dicho de este intelectual -dijo Sosa- que presenta una obra muy bien cuidada en su aspecto formal y escritural". Pérez respondió que la literatura de hoy está llena de confusión, mugre y miseria; que es necesario mostrar lo bello y darlo. Él considera que en la poesía es donde puede obtener la expresión más pura y limpia. Por eso en su obsesión de lograr la perfección un poema lo reescribe hasta 60 veces si es necesario y lo deja cuando el texto ya no asimila ni un punto ni una coma.
Le gusta tratar temas universales como el amor, la muerte, la partida. Prefiere el verso libre, le parece que llegar a él es parte evolutiva del mismo escritor y lo que es la literatura, pues la rima lo limita y asfixia porque lo comprime la métrica.
La poesía para él es un misterio. Un poema es un pequeño libro y un libro es un gran poema. Es su teoría para preparar un libro que siempre requiere de una estructura pensada, y para su estilo lo divide en partes.
No tiene temor que al exponer un poema queden al descubierto sus pensamientos más personales, ya que opina que hay tres grandes fundamentos que lleva consigo la poesía, uno de ello es la sugerencia. Al compartir un poema el lector se vuelve su cómplice y ve, muchas veces, cosas que el escritor no ha visto haciendo otro poema.
Tiene como proyectos narrativos una novela que abarca su adolescencia en 1970, el quinquenio gris (poniéndolo no muy gris) y el periodo especial; el libro de cuentos Ciertos silencios agrupa 13 cuentos de amor, desilusión, vida y muerte; un poemario titulado Los gobiernos del polvo que cree que será el último libro en escribir. Esta decisión radical la toma porque es un persona con una estricto cuidado de escribir y publicar y hay mucha dificultad en realizar la segunda.
Piensa que la narrativa y la poesía tienen puntos de contacto, más en estos tiempos de fusión donde todo es provechoso y todo se compensa: la ensayística, el periodismo, etc.
Tiempo atrás Rafael Amador Díaz Pérez fungía como asesor de radio; ahora pule los guiones radiales que están a punto de salir al aire. No se siente cómodo haciendo de locutor de radio pues opina que su voz no es la más apropiada y no piensa, por su físico, incursionar en la televisión.
Su primera vocación fue hacia la pintura, se considera un pintor frustrado. Pero eso le enseñó que un escritor debe tener sensibilidad hacia todas las artes porque lo engrandece y le sirve como asidero.
Sus escritores preferidos son el camagüeyano Emilio Vallaga y Nicolás Guillén.
Leyó para el público de su obra publicada Salvajes lejanías “Los ángulos confusos”, poema dedicado a Lezama Lima; y del libro inédito “Cierto silencio” el cuento “Espantapájaros”, una narración donde se expone la filosofía del conflicto del hombre por el hombre.
Para cerrar la actividad vino como siempre la pregunta retórica de quién es nuestro invitado, a lo que respondió Rafael Amador Díaz Pérez: un hombre que trata de ser común.
Editado por Yaremis Pérez Dueñas
