Contar la historia con las armas de la novela
Casi tres décadas después de haber presentado una de sus obras en el habitual espacio de promoción literaria Sábado del Libro, el narrador, lingüista y traductor Rodolfo Alpízar Castillo volvía a ser protagonista de este encuentro semanal que, auspiciado por el Instituto Cubano del Libro, presenta las novedades editoriales publicadas por sellos nacionales y territoriales.
En ocasión del aniversario 130 de la abolición de la esclavitud en la isla y en vísperas del inicio de las guerras independentistas de 1868 y de la Jornada por el Día de la Cultura Cubana, Rodolfo Alpízar Castillo presentaba, en la Calle de Madera, en la emblemática Plaza de Armas habanera, su novela Robaron mi cuerpo negro, publicada por la Editorial Letras Cubanas.
En tres partes y veintisiete capítulos, esta narración –que recibió, en el año 2015, primera mención en el Premio de Novela Alejo Carpentier— cuenta una historia que acertadamente integra realidad y ficción, enmarcada en los levantamientos de esclavos ocurridos, en Matanzas, en 1843, durante la dominación colonial española.
A ello se refería, precisamente, Alpízar Castillo cuando recordaba que, a partir de los talleres y seminarios convocados por la Casa de África, de la Oficina del Historiador de la Ciudad de La Habana, se interesó por el tema, al descubrir un texto del investigador José Luciano Franco en que se hacía referencia a la esclava Fermina, a quien liberaron de su encierro los esclavos sublevados en Triunvirato.
A partir de ese hallazgo –confesaba— concibió y escribió un relato marcado por el erotismo, en que actúan –junto a la esclava Fermina y a su antagonista, el despiadado y morboso Blanco Gordo— otros personajes, como José Manuel, Juliana y Domingo, cada uno diseñados de acuerdo al marco histórico que sirve de escenario a la novela.
Agradecía Alpízar Castillo a todos aquellos que, de una u otra manera, contribuyeron a hacer realidad la aparición de Robaron mi cuerpo negro, que se presentaba, coincidentemente, el propio día en que, cuarenta años atrás, él llegaba como internacionalista a la capital angolana.
«Creo en esta novela –concluía—, como creo en todas mis obras. Pero este libro, particularmente, ha movido tantas voluntades, que estoy convencido de que lo acompaña algo mágico. Y eso se lo debemos a que, creo, Fermina es nuestra primera heroína negra y esclava protagonista de una novela cubana».
Desde una primera lectura, en su función como editor de este texto, el también narrador Michel Encinosa Fu apreció que estaba ante una novela hecha, terminada, sólida, rotunda. Una obra de la que, de seguro, se hablará, por el tema y el contexto en que se desarrolla, pues desde su título y la acertada ilustración de cubierta se sabe de qué va: negritud, esclavitud, rebeldía.
«Más que el robo de un cuerpo, o de incontables cuerpos físicos de nuestros ancestros —afirmaba—, se trata del robo, la usurpación, el arrebato, de toda una raíz, de tradiciones, de religiones y creencias, de costumbres... No es, sin embargo, un libro-discurso, es una novela con todas sus armas de novela, en la que se entremezclan, fluyen, de manera muy armónica, estos temas de nuestra historia».
En la extensa bibliografía de Rodolfo Alpízar Castillo, en que aparecen más de una treintena de libros, se encuentran la novela Sobre un montón de lentejas, el volumen de cuentos Sólo Cristo salva, la noveleta para niños Rafael y el caballito de madera y la investigación Para expresarnos mejor. El acento, la puntuación y el gerundio.
Obras de autores portugueses, brasileños y africanos de habla portuguesa –como José Saramago, Frei Betto y Artur Pestana (Pepetela)— han sido traducidas por Alpízar Castillo, quien recibió, en el año 2011, por la obra de la vida, el Premio Aurora Borealis de literatura de no ficción, concedido por la Federación Internacional de Traductores.
Fotos de Adrián Guerra
Editado por Heidy Bolaños
