Aire de luz más allá de la salvación

Ricardo Alberto Pérez y Alberto Garrandés fueron los invitados del espacio Aire de Luz que se realiza todos los primeros jueves de cada mes en el Centro Cultural Dulce María Loynaz.
A las cuatro de la tarde en la sala Federico García Lorca se conoció otra faceta del novelista Alberto Garrandés cuando leyó algunos de sus poemas. En este último tiempo Garrandés le ha puesto particular interés a este género, pues comentó que comenzó pintando y escribiéndola. Ha vuelto sobre estos pasos porque cree que se acumuló algo de lo que no es aún consciente. No busca la forma en ella, esta viene al escribirla, su libro es variado y escrito de disímiles maneras, y muy narrativo. De él Basilia Papastamatíu expresó:
A Garrandés lo conozco desde que compartíamos, hace ya unas décadas, la amistad y la admiración por Ezequiel Vieta; escribió incluso un libro dedicado al análisis de su obra. Y desde esos años, cuando lo que reinaba y se promovía era un realismo convencional y cauteloso, él, estimulado sin duda por sus buenas influencias, sus buenas lecturas y su propia audaz creatividad, empezó a asombrar a todos con ensayos y textos narrativos de una escritura muy innovadora, con historias que transgredían prejuicios, esquemas y pudores necios, e integraban realidades, mitologías y culturas fabulosas, para iluminar al lector y permitirle romper las barreras mentales que lo someten a afanes pedestres y esterilizantes. Curiosamente desde hace algunos años empezó a abordar la escritura poética, primero con Kashmir, como era de esperar, sigue siendo fiel a sí mismo y no hace concesiones. La realidad y el sueño se entrelazan, las criaturas verdaderas y las concebidas por la imaginación del autor extraídas de escenarios milenarios y geografías remotas conviven extrañamente, en el entramado de un lenguaje a la vez sensible, intuitivo, por momentos apasionado y apasionante y con un despliegue de erudición que seduce sin fatigar. Por el contrario, nos induce siempre a seguir leyéndolo, a deleitarnos con su palabra, siempre libre y desafiante.
En las dos rondas de lectura que siempre se hacen en esta tertulia, Ricardo Alberto Pérez, más conocido como Richar, compartió poemas sin títulos, donde el tono caía sobre el acento de su primer verso, como para recalcar el nombre. Fueron trabajos en bruto, poemas muy recientes de unos días, para mostrarnos por dónde va su creación, su búsqueda.
También de él, la anfitriona Basilia Papastamatíu expresó su parecer:
La poesía de Ricardo Alberto Pérez, de un Iibro a otro, nos sorprende siempre por su modo inesperado, único y hasta insólito de manejar la relación escritura y realidad, escritura y cuerpo de la realidad, la escritura como envoltura o tatuaje de la realidad, a partir de su corporeidad, o sea, de su materialidad, de su sustancia más que de su esencia, de su modo de presentarse y existir ante los ojos de un autor ávido por saber ante qué se enfrenta, siempre perturbado y hasta estremecido, porque va de la admiración o el placer ante lo bello o al pavor o al horror de la visión escatológica de su corrupción, de su anonadamiento.
La escritura de Ricardo, entonces, no se da tregua, no funciona como un medio de producir belleza, de construcción de una estética, sino como un instrumento para el descubrimiento; el desentrañamiento de eso que constituye nuestro mundo, comenzando en primer lugar por nuestro propio cuerpo, con sus goces y desgarramientos, su sentido o sinsentido, su razón de ser y de no ser, finalmente aniquilado, sin explicación plausible: a menos que la escritura, nuestra única arma y posibilidad, escarbe y escarbe hasta hacer surgir y revelarnos la verdad, por más atroz que sea. Y en este descarnado desafío se empeña Ricardo a través de la palabra, en su búsqueda de la realidad más sustantiva, brújula y asidero, sostén, aun cuando no sea finalmente la salvación.
Editadoi por yaremis Pérez Dueñas
