Elogio en los 80
«Logré lo que quería en la vida, que era ser escritora. Quise ser periodista y también lo logré. Y fui una periodista reconocida profesionalmente. En lo humano, siento que cumplí los principios en que me formé. Me siento, por eso, satisfecha, pienso que he sido fiel a mí misma».
Así confesaba la narradora y periodista María Elena Llana al periodista Fernando Rodríguez Sosa, en la inauguración del nuevo espacio “El elogio oportuno” que, en la Librería Fayad Jamís, en el Centro Histórico habanero, rendirá homenaje a escritores, libros e instituciones que arriben a aniversario cerrado.
Nacida en Cienfuegos, ochenta años atrás, la también guionista de radio y televisión es considerada una de las más relevantes narradoras cubanas de entre siglos, autora de una literatura que se caracteriza por abordar el tema fantástico, entrelazado con el humor y el absurdo, rasgos también esenciales en su obra.
Durante el fluido y ameno diálogo sostenido con Rodríguez Sosa, la autora del conocido cuento “Añejo cinco siglos” se refería a sus estudios de juventud, tanto de Artes plásticas, en la Academia de San Alejandro, como de Periodismo, en la escuela Manuel Márquez Sterling.
Su ejercicio en el periodismo, por más de medio siglo, en la prensa escrita, la radio, la televisión y las agencias de noticias, era abordado en una conversación ingeniosamente enriquecida con las anécdotas y los recuerdos que atesora quien, en los últimos años, se ha interesado en escribir para el lector infantil y juvenil.
Además la conversación llevada a cabo en la institución cultural ubicada en la populosa calle Obispo, abordaba su labor como guionista de radio y televisión, enfatizando las adaptaciones de sus cuentos para ambos medios,
Esta jornada de homenaje servía, igualmente, para poner a disposición de los lectores una nueva edición de Casas del Vedado, libro de cuentos de María Elena Llana, que ahora publica la Editorial Letras Cubanas, avalado con el Premio de la Crítica Literaria otorgado en el año 1984.
Para el cierre de “El elogio oportuno”, era invitado el tenor Bernardo Lichilin, quien interpretaba tres obras emblemáticas dentro del catálogo musical cubano: Corazón, de Eduardo Sánchez de Fuentes; Siboney, de Ernesto Lecuona, y Quiéreme mucho, de Gonzalo Roig.
Como recuerdo del encuentro, se entregaba a la escritora una obra original realizada por Javier Castillo Ortiz, estudiante de la Universidad de Ciencias Informáticas, inspirada en la imagen del Héroe Nacional cubano y en las palabras que sirven para denominar este nuevo espacio.
Este encuentro mensual “El elogio oportuno”, explicaba su anfitrión Rodríguez Sosa, toma su nombre del aforismo martiano que reza «el elogio oportuno fomenta el mérito; y la falta del elogio oportuno lo desanima», que aparece en las páginas del periódico Patria, en abril de 1892.
Editado por: Nora Lelyen Fernández
