Roma
Preciada poeta Carilda Oliver Labra:
Le escribo con la alegría de recibir y leer su poemario Una historia del deseo1, que con tan hermosa dedicatoria me envía desde su Isla. Supuse que fue un acto hedónico para usted escribir estos poemas a partir de la inspiración personal de la historia de Pinocho tan etiquetada para un público infanto-juvenil, algo que en literatura es cuestionable por muchos y yo comparto el criterio. ¿Quién por muchos años que tenga no ha sentido el placer de leer estas historias? No sé si al final de nuestras vidas volvemos a nuestra infancia, pero más que eso está la vocación de seguir siendo una especie de duende en nuestros propios universos.
Qué hermoso me resultó leer su poemario que traspasa la historia de Pinocho con una visión más incisiva en la cosmovisión de lo humano. Aquí se escucha el ajetreo del carpintero y esa obra es más que un sueño, es imagen y semejanza:
Se parece al hombre
Cuando elige
Abrir algún camino
Que no tengo dueño.
Esa relación implica más allá que la hechura, el vínculo afectivo, la trasmutación cognitiva del sueño. En ese terreno querida Carilda; ha entregado un gran desprendimiento. En el propio poema “invitación al viento” ese ensueño se resuelve desde la perspectiva más humana:
Un pequeño corazón
Entre las plumas
Tembló un instante
Y alzó el vuelo.
De tal modo que infiero que usted cuece cada poema que integra esta hermosa obra desde una sensualidad extrema, desde esa mirada intensa de mujer que también asume una desgarradura inversa, una especie de contaminatio ante el aliento que resulta lograr la vida, deprender de una obra ese verdadero aliento, ya sea como un hijo más (desde ese desprendimiento materno) o como sabiduría ante el papel de la vida (desde un desprendimiento intelectivo). Aunque se vuelva al inicio, pues estamos hablando de una ruptura temporal:
Dentro de la madera
Tiembla desamparado un hombre
Que no sabe si es de hijo
O de amante
El amor que lo trastorna.
¿Quién puede cortar / los hilos del destino? Esta interrogante que usted se hace también se la hacía a mi amigo Rodin y no tuvo respuesta. Yo que he sido un constante buscador de la imagen me aferro a explorar todo azar, todo empeño por justificar el destino y ese Dios dialogante también reaparece como ruptura o necesidad de otros derroteros. Tengo que agradecer a Roberto Braulio y -ruego- le haga extensiva mi satisfacción en descubrir tan bellas ilustraciones que acompañan esta entrega.
Carilda, ciertamente Pinocho es la historia del deseo, de la satisfacción gustosa del que vuelve a lo inicial después de morar en otros exteriores. El deseo más que ansía es placer, así volveré a este poemario una y otra vez con todo mi afecto y gratitud.
Rainer Maria Rilke
1-Editorial Gente Nueva, 2015
