Chanito Isidrón, el rey de la décima humorística
Ser poeta es un reto en sí mismo, ser poeta humorístico lo es doblemente, porque el buen humor es privilegio no muy abundante. Tal poeta, cuando cultiva la décima, en Cuba tiene un ejemplo que perdura y siempre se recuerda: el de Chanito Isidrón, “la voz mayor del humorismo criollo en el repentismo”, como se le reconoce.
Este autor desapareció el 23 de febrero de 1987 y pese a haber transcurrido de ello ya tres décadas, se le sigue citando como homenaje y memoria a su talento humorístico y gracia chispeante. Nadie mejor que él para ofrecer su retrato:
Por esa causa al chiquito
denominaron Cipriano;
el Cipriano bajó a Chano
y Chano vino a Chanito.
Muchas manos han escrito:
“Señores Chano y Sidrón”,
figurándose que son
dos, como Diana y Apolo,
sin saber que es uno solo
largo, flaco y narizón.
Ya tiene su nombre: Cipriano Justino Isidrón Torres, hijo de emigrantes de las Islas Canarias y nacido en 1903 en Calabazar de Sagua, quien criado entre guateques campesinos y trinos de guitarra, desde su niñez dio muestras de su condición de artista natural, pese a que la situación económica familiar limitó sus estudios a los grados del nivel primario.
Con todo, el espíritu de Chanito lo impulsaba cada vez más lejos. Ya había revelado sus dotes para la improvisación poética y su facilidad para comunicarse con el público. El recorrido por los campos del centro de la Isla, guitarra al hombro, no solo daba a conocer su nombre sino también sus versos, lo popularizaba y le ganaba admiradores en número creciente.
Hallé un fotógrafo un día
con su aparato completo
que abajo de un trapo prieto
a retratar se metía.
Yo iba con la suegra mía,
se llamaba Esther Consuegra,
que iba con su saya negra
y el fotógrafo enfocó
y “equivocao” se metió
en la saya de mi suegra.
El doble sentido se le da con naturalidad y elegancia, no busca la carcajada mediante la vulgaridad sino a través de la intención, que completa el auditorio con su imaginación. Porque ahí radica la esencia de su décima: en la conjunción de lo que no se dice con lo que se insinúa. El chiste y la musicalidad de la estrofa se suman al convite del buen humor, sin soslayar la enseñanza que la historia nos deja como “valor añadido” que el poeta regala a cuantos le escuchan. El versificador tiene así, también, algo de filósofo:
Vi en La Habana a una criatura
flaquita, que por relleno
se colocaba en el seno
dos chirimoyas maduras.
Luego allá en Monte y Figuras
fuimos a un baile de son
y en el primer apretón
que hube de darle bailando
los dos salimos regando
champola por el salón.
En décimas escribió Isidrón una novela para la radio que tituló Amores montaraces, de 1938. La radio difundió los versos de Chanito, así como la música campesina y su popularidad se explaya de tal manera que en 1941 se traslada para La Habana, donde se le escucha a través de las emisoras radio Lavín, después Mil Diez, y Radio Cadena Azul. Como autor de novelas campesinas con décimas cantadas, Chanito entrega un género dentro del cual se mueve magistralmente.
Si de humor se trata, no pierde la ocasión de generar la sonrisa cómplice:
Del corazón se enfermó
mi mujer, allá en La Habana,
y el médico una mañana
a registrarla empezó.
El vestido le quitó,
saya, blúmer y refajo,
y yo al ver ese relajo
le dije: “No me conviene,
qué va, mi mujer no tiene
el corazón tan abajo”.
Por el camino de crítica social transitaron también algunos de sus programas radiales, y en tales ocasiones el humor dejaba de ser noble para teñirse de rebeldía. Su último trabajo fue una saga sobre Manuel García, el conocido “Rey de los campos de Cuba”, personaje popular, defensor sincero de la libertad de Cuba, con elementos de bandolero y algo de Robin Hood.
Mucho respeto y admiración nos merece la décima humorística, pícara y musical, exigente desde el punto de vista de la métrica. Agudeza, observación, talento e inspiración siempre penetrante requiere de quienes la cultivan y Chanito Isidrón destacó como un auténtico ejemplo de versificador popular para convertirse hoy día, en un personaje casi legendario. En 2003 se creó, en su honor, el Premio Chanito Isidrón de Novela en Décimas.
