Fábulas inmortales de Jean de la Fontaine
Con un prólogo titulado “Cuentan que…” de su editor, Esteban Llorach Ramos, la Editorial Gente Nueva sacó a la luz en el año 2007, hace casi una década ya, la segunda edición de Fábulas, de Jean de la Fontaine. El texto cuenta, además, con la excelente traducción de 1927 en verso al castellano de Lorenzo Elizaga. La corrección de estilo estuvo a cargo de Elsa Natalia Obregón Ochoa.
Es esta una edición especial bellísima, dedicada no solo “al pueblo francés”, como la original, sino a la Biblioteca Nacional José Martí en su centenario. La cubierta y guardas sobre las ilustraciones originales de Gustave Doré de 1867 fueron realizadas por Armando Quintana Gutiérrez, y el tratamiento a las imágenes y la composición son de Alina Alfonso Moreno. El diseño corresponde a María Elena Cicard Quintana. Destaca la elección de una tipografía cursiva muy estilizada para las principales señalizaciones de créditos y divisiones en partes o libros, simulando la caligrafía de la época en que fueron escritas las historias.
Aunque hay dudas en su fecha exacta de nacimiento, pues algunas fuentes la ubican el 7 de septiembre, otras el 8 de julio, pero siempre del año 1621, Jean de la Fontaine vio la luz en Château-Thierry, comuna francesa situada en el departamento de Aisne, en la región de Picardía, de donde también son originarios otros dos grandes de las letras galas: Jean Racine y Alejandro Dumas.
Jean de la Fontaine se hizo famoso por sus doce libros de fábulas, recopilados en este que les presento, los cuales fueron multiplicados en ediciones fastuosamente ilustradas desde su primera aparición.
Paul Gustave Doré (Estrasburgo, 6 de enero de 1832-París, 23 de enero de 1883) fue un pintor, escultor, e ilustrador francés cuya obra plástica se integra a la literaria de otros grandes como Lord Byron y Edgar Allan Poe; sin embargo, no fue el primer artista ni el único cuyas primorosas imágenes acompañaron este texto. Antes, sucesivas ediciones contaron con otros creadores, como Jean-Baptiste Oudry (París, 17 de marzo de 1686 - Beauvais, 30 de abril de 1755) pintor, grabador y diseñador de tapices del rococó francés, quien dejó a su muerte un centenar de diseños que fue reproducido en grabados para ilustrar una lujosa publicación de esta obra; también el caricaturista francés Jean Ignace Isidore Gérard, quien firmaba como J. J.Grandville (Nancy 1803- Vanves 1847), quien ilustró además con sus litografías las novelas Robinson Crusoe, Don Quijote y Los viajes de Gulliver. Otro de los ilustradores de las Fábulas fue Benjamin Rabier (La Roche-sur-Yon, Vendée, 1864 — Faverolles, Indre, 1939), quien más tarde se dedicó a los dibujos animados en el cine.
Al parecer, es casi imposible imaginar una edición de estas Fábulas sin hacerse escoltar por una belleza gráfica acorde a sus quilates, por lo cual agradecemos sobremanera al equipo de edición del libro el hecho de continuar con esta tradición tan loable y de haber realizado una selección acorde a la altura de la publicación y de los medios de los que dispone.
Jean de la Fontaine nos lleva de la mano de la lógica por un mundo donde lo mismo hablan y actúan humanos que animales. Disfrutamos tanto entonces del tan conocido cuento “La lechera y el cántaro de leche”, que hasta poseemos en español reflejado en un breve refrán, como de “La cigarra y la hormiga”, “Las dos mulas”, “La leona y la osa”, “El lobo y el zorro” o “El zángano y las abejas”, donde el autor nos propone, en ocasiones, finales abiertos que permiten el razonamiento a veces pícaro del lector, en tanto interlocutor de quien escribe. Con mirada maliciosa y aleccionadora a la vez, muy típica de la época y el entorno social donde se creó, Jean de la Fontaine logra trascender su contexto a través de la plasmación de alegorías, símbolos y sátiras de situaciones universales que revelan la esencia humana en todas sus facetas, plagadas de tantas tonalidades como personas existen. Fuera de moralismos crueles o finales edulcorantes cada historia contiene una medida peculiar que invita a la meditación, a la sonrisa o al asombro ante la sutil y profunda percepción de su creador.
El libro incluye un Glosario final para hacer entender modismos, cultismos, palabras en desuso, despectivos, humoradas, sinónimos y otros recursos, tanto literarios como de traducción, presentes en la obra. También se incluyen en este vocabulario breves reseñas de la vida de personajes históricos que podría desconocer el lector.
Cuenta con una extensa Bibliografía pasiva sobre la lectura, por si quisiéramos indagar aún más sobre la misma, y unas admirables Notas explicativas con comentarios sobre cada detalle, como fuentes o dedicatorias de cada una de las doce partes en cuestión; referencias históricas y autorales; curiosidades y agradecimientos a instituciones que colaboraron con la publicación del libro.
Jean de la Fontaine murió en París en 1695, pero dejó tras de sí una gran obra, cuya cumbre se expresa en este texto que les invito a leer tanto a chicos como a grandes, con gratísimo placer.
Editado por Yaremis Pérez Dueñas
