Un jefe con vocación de creador
La sala teatro de la Biblioteca provincial Rubén Martínez Villena volvió a ser escenario del tradicional espacio El Autor y su Obra que, por esta vez, rompió de cierta forma los moldes cronológicos de una propuesta, pero no su esencia.1
En esta ocasión la figura objeto de reconocimiento fue el escritor, crítico, editor y periodista Rogelio Riverón Morales, que desde hace algunos años también dirige la Editorial Letras Cubanas. Contó con un panel de excelencia integrado por reconocidos investigadores, editores y creadores: Cira Romero, Michel Encinosa, Alberto Garrandés y Antón Arrufat; así como también la presencia de tres escritores con una trayectoria creativa notable: Roberto Fernández Retamar, Julio Travieso y Enrique Pérez Díaz, junto a un público formado principalmente por colegas, familiares y amigos del homenajeado.
Un acercamiento conciso a lo expresado por los panelistas permitió a los asistentes conocer con mayor profundidad no solo la obra creada por Riverón a lo largo de más de veinte años y donde predomina la narrativa, concretamente géneros como el cuento (Los equivocados, 1992; Subir al cielo y otras equivocaciones, 1996) y la novela (Llena eres de gracia, 2003; Mi mujer manchada de rojo, 2005; Bailar contigo el último cuplé, Premio Italo Calvino 2008; El tigre y la mansedumbre, 2014), sino también el costado humano de este escritor.
En ese sentido Cira Romero caracterizó su obra narrativa como sólida y fuerte, singular, con una “prosa arritmada (…) impertinente a veces y desgajada de bondades para el otro”; mientras que Michel Encinosa en su intervención enfatizaba el hecho de que, con su obra, Riverón pretende “más que decir, mostrar”, a partir de crear un relato con una propuesta de juego a veces agresiva y “buscarse a si mismo dentro de los personajes”, a la vez que mostraba el lado directivo del homenajeado al caracterizarlo como “un jefe con alma de editor”, que según sus palabras, hace el máximo esfuerzo para que ningún libro editado por Letras Cubanas salga “sin una revisión exhaustiva”.
Por su parte, Alberto Garrandés leyó unas palabras de elogio identificadas con el título de “Rogelio Riverón: notas para una poiesis”, que no solo implican su reconocimiento a la persona objeto del homenaje, sino también una suerte de análisis sobre lo que, según su criterio, importa en la literatura: “la rotundidad del valor estético, el poderío del pensamiento y la habilidad de sublimar la experiencia en conocimiento activo”.2 Además, sobre la obra de Riverón expresó:
Cada vez que me acerco a los textos de Riverón siento, como he dicho en un ensayo, que él pone en uso un estilo donde asoma un menosprecio medio retórico y medio cínico por eso que llamaríamos experiencia reveladora, además de una voluptuosidad disfrazada de ponderación metafórica. Su narrador, que es un superlector de lo real (algo así como un observador displicente y lenguaraz a quien le gusta encogerse de hombros con frecuencia), es un socarrón arañado por el escepticismo.
Los relatos de Riverón nos presentan una autoconciencia de su prestancia, y se distinguen por ostentar un apreciable grado de fruición con respecto a su poderío visual en ese paisaje con voces que contribuyen a edificar.
La intervención de Antón Arrufat cerró el espacio concedido al panel y tras afirmar que Riverón y él se han tratado desde hace mucho tiempo y le profesa un “cariño sincero sin trampas ni alardes”, reconocía que en la práctica había “comentado más sus libros que escrito sobre ellos”, así como que su obra es “de calificación difícil”, ya que desde su punto de vista parece tener una tendencia a “no identificarse con una escuela”, y como punto fuerte de esta afirmó que posee una “eficacia verbal encomiable”.
Llegado el turno a Riverón, su primera referencia tuvo que ver con los años de trabajo en Letras Cubanas, además explicó que cuando recibió la propuesta de homenaje en ese espacio se negó, a pesar de que lo agradecía, pues para él este tipo de celebraciones “implican hacer un alto”. Seguidamente procedió a la lectura de "Fragmentos de un diario", que según manifestó, tiene intenciones de publicar, toma como punto de inicio en el tiempo mediados del 2015, y contiene reflexiones y juicios sobre el sentido de la vida, a partir de experiencias y vivencias cotidianas del narrador.
Notas
1 Tradicionalmente el espacio El Autor y su Obra se desarrolla los terceros miércoles de cada mes en la Biblioteca provincial Rubén Martínez Villena, pero en esta ocasión transcurrió durante el último miércoles de abril para poderlo insertar en el conjunto de actividades por el 50 aniversario del Instituto Cubano del Libro (ICL).
2 El texto completo de esta intervención puede consultarse en Presunciones, la columna del autor en nuestro portal Cubaliteraria
Editado por: Nora Lelyen Fernández
