Ramón Meza y Miguel de Carrión desde un enfoque educativo
Los narradores de la primera generación republicana, Ramón Meza y Miguel de Carrión, fueron entrevistos este lunes en el Colegio Universitario de San Gerónimo no a partir de sus novelas Mi tío el empleado y Las honradas, respectivamente, sino a través de su contribución a la esfera educativa cubana en el primer tercio del siglo veinte.
Sus aportes encaminados a enfrentar una educación verbalista y de castigos corporales, incapaz de ver al alumno como una individualidad, mantienen una actualidad impresionante, destacó Marlén Domínguez en su intervención que forma parte del ciclo de conferencias “Importantes escritores de Hispanoamérica y Cuba” organizado por la Academia Cubana de la Lengua.
Ramón Meza (1861-1911) y Miguel de Carrión (1875-1929) "consideraron que son la educación y la sociedad en que se vive, y no los rasgos morales hereditarios, lo que moldean el carácter y los sentimientos humanos, algo fácil de aceptar ahora pero no a principios del siglo veinte donde imperaban las teorías biologisistas y deterministas", sostuvo Domínguez.
La profesora titular de la Universidad de La Habana resaltó que el interés por la educación en ambos autores fue resultado del tránsito hacia una nueva época que reclamaba seres humanos diferentes para acciones transformadoras. "Son intelectuales que compartieron la idea de que la educación por sí sola no podía producir el cambio que se necesitaba y actuaron en consecuencia", enfatizó.
No solo conocieron de primera mano las teorías científicas y pedagógicas de su tiempo con sus avances y limitaciones –aseveró la académica- sino que las emplearon para elaborar sus proyectos y desafiar así una visión educativa memorística y rígida, desconectada de un pensamiento crítico y liberador.
Son escritores a quienes no se les escaparon los grandes problemas que de la empresa educativa. Defendieron desde sus artículos "el balance de las materias a estudiar, el derecho al descanso del alumnado, la interrelación del estudio con el trabajo, así como el desafío de la instrucción en los campos rurales", añadió Domínguez. "Se puede entender mejor el universo narrativo a partir de sus ideas de cómo debía funcionar la educación pública", concluyó. Sus aportes en la esfera educacional les permitieron completar una visión de la sociedad cubana y apostar por el maestro como un guía y orientador capaz de inculcar identidad nacional y ver al país como un proyecto de nación.
