Una Feria escrita (y pensada) para su gente
El conteo regresivo de la 27 Feria Internacional del Libro de La Habana ya ha sido pulsado. Y con él, expectativas a un lado y otro de la bahía capitalina, tensiones y muchos desvelos acopiados con una misma proa en dirección a La Cabaña.
Hacia esta fiesta —una de las mayores motrices de la familia cubana en el escenario cultural— redirigieron miradas directivos de las instituciones competentes, y representantes del país y el autor protagonistas de la Feria. El punto de partida fue la conferencia de prensa que tuvo lugar este martes en el Salón de Mayo, del céntrico Pabellón Cuba.
La Feria que moverá del 1 al 11 de febrero la Ciudad de las Columnas desde una fortaleza colonial, mueve en realidad a muchos… incluso desde poco después de clausurada la edición 26.
LA BICICLETA... VIENE CON LA CÁMARA
En la Feria cuenta todo. Y la identidad visual del capítulo 27 del certamen —que se le debe al diseñador José Manuel Alum Misas— es un recurso doble de locomoción (física y creativa) con más de mil recuerdos, proyectos y lecturas para chinos y cubanos. La carga (los libros) contiene uno de los mejores alimentos que se cuece desde el conocimiento y hacia la cultura de la memoria. Esta es una interpretación muy personal de quien escribe.
Sonia Almaguer Darna, directora de la Cámara Cubana del Libro, explicó en este sentido la visión profesional sobre los atributos y connotaciones, más allá del cartel. La obra —Premio Cartel de la Muestra de Jóvenes Realizadores (2009)— “ofrece un resultado que refleja los rasgos característicos del evento de mayor alcance popular de la cultura cubana, y que reúne a autores y editoriales de Latinoamérica y el mundo”.
Y, además, “celebra la dedicatoria a la República Popular China, destacando los nexos entre ambos países sin renunciar al colorido y la singularidad de nuestro contexto”. Al mismo tiempo —afirma— “la imagen convida a explorar el camino hacia el conocimiento a través de la lectura, accesible desde cualquier punto de la Isla; oportunidad que nuestro pueblo disfruta cada año, desafiando cualquier circunstancia y empleando los más diversos medios de locomoción y logística”.
En torno al plato fuerte —la Feria— destacó que para esta cita, considerada “uno de los acontecimientos más trascendentes del movimiento editorial cubano y el evento cultural más aglutinador del país”, se prevé hasta el momento la participación de 31 países (incluyendo a la nación anfitriona), entre invitados y expositores. De estos, dijo, 17 tienen ya la acreditación de espacios en el recinto ferial.
Se han registrado, en total, 133 expositores, significó Almaguer Darna. Lo anterior supone un 44 % por encima a las inscripciones realizadas en igual fecha del año precedente. Como dato adicional, apuntó la cobertura actual de alrededor del 60% del área disponible en La Cabaña para la exhibición y comercialización de libros.
A la amplia presencia de editoriales del sistema del libro en Cuba, añadió la de varias casas análogas en el ámbito foráneo, entre las cuales aludió a Caribbean Book Company, Selvi Editores, Los libros más pequeños, Ediciones Aurelia y Pathfinder Press.
¿Coordenadas para el público? Si bien la inauguración del evento será el 1 de febrero en La Cabaña (y la gala artística tendrá dos días en cartelera, por primera vez en el Gran Teatro de La Habana “Alicia Alonso”), la apertura al público sucederá el viernes 2.
Se ratifican los horarios usuales de la sede principal: de lunes a viernes de 10:00 a.m. a 6:00 p.m. y el fin de semana el recinto abrirá a las 9:00 a.m. con cierre igual a las seis de la tarde. A partir del 26 del actual mes, quienes deseen adquirir entradas (las diarias, a tres pesos en moneda nacional, y las permanentes, a veinte) podrán dirigirse a la red de librerías de la capital, a los estanquillos de correo Habana Este, al Pabellón Cuba o a los tradicionales puntos comerciales en el Parque Morro-Cabaña.
EN PROGRAMA: UNA CUBA IMPRESA Y UNA CUBA DIGITAL
Edel Morales —vicepresidente del Instituto Cubano del Libro (ICL)— abundó en los detalles del programa literario de FILCuba 2018, del cual es director.
Hasta la fecha —puntualizó— existe confirmación de 318 invitados extranjeros que proceden de 30 naciones. De ese listado, 104 son escritores y los números deberán crecer.
Recordó el vicetitular del ICL que en la Feria pasada participaron 510 invitados de 46 países, lo cual impuso un récord de participación para la historia de estas citas.
El programa de 2018 incluye un amplio espectro de actividades, con un gran peso en cuanto a la presencia de China, en calidad de País Invitado de Honor, acotó. Remarcó, asimismo, que en esta edición habrá 22 sedes fuera de La Cabaña, hecho que proyecta mayores bonos de accesibilidad de cara al público, en relación con calendarios anteriores.
Dentro de los espacios destacables de la edición 27 de la Feria en La Habana, ponderó a Cuba Digital, que lidera la editorial Cubaliteraria. En la opinión de Morales, esta iniciativa encarna la continuidad de espacios que sirvieron de antesala, desde el 2000, como Isla interactiva y Lecturas en la red. Sin embargo, este año la propuesta rebasa cualquier antecedente (sobre todo por la visión integradora de los actores del mundo digital en el país) y, por tanto, “adquiere una dimensión mayor”.
A la agenda cohesionada de Cuba Digital, se suman otros espacios: el Salón Profesional del Libro, que —para el escritor y directivo— marca un punto importante en la socialización de actores clave en el ámbito literario, fundamentalmente editores; y los encuentros de bibliotecarios, que sesionará en la Biblioteca Nacional de Cuba, y de Jóvenes Escritores de América Latina y el Caribe. Ese último se proyecta “en esta oportunidad con alcance en Iberoamérica, y con participación europea y asiática también.” Cuenta ya con más de 80 escritores confirmados.
Otros intercambios análogos de diferentes especialidades reunirán a historiadores, por un lado, y pondrán en el epicentro a las Ciencias Sociales, por el otro. Especialmente en un año en el que se celebrarán “acontecimientos históricos que vienen a recalcar por su significación para la cultura cubana y el país en general”: el 150 aniversario del inicio de las guerras de independencia, el 90 del natalicio del Che y el 65 del asalto al cuartel Moncada.
Nada, que habrá espacio, profesionalmente hablando, para todos. Desde la Cuba que se piensa y se debate en salas o subsedes, la que se imprime para ser leída (e interpretada) en cualquier esquina, y la Cuba Digital que llega con nuevos soportes y el mismo norte en la literatura.
BOLOÑA REGRESA A LA CABAÑA
Aparte de ser el titular de Ediciones Boloña, Mario Cremata acudió ante la prensa en representación del autor a quien distingue FilCuba: el doctor Eusebio Leal Spengler.
Dijo que si bien el doctor Leal es una persona muy modesta y humilde, la palabra para definir la sensación con que ha vivido la noticia de protagonizar la Feria es un sustantivo: euforia.
“Está como un niño chiquito al que le van celebrar un cumpleaños. Un cumpleaños que coincide además con sus 75 años de vida (…) y 50 de que fuera designado Historiador de la ciudad de La Habana”, observó.
Como su arte de escritor se hace más nítida en la oratoria, “los libros de Leal que ha publicado Boloña han circulado siempre en un marco estrecho”, aseveró.
El sello que dirige Cremata tiene ya en las manos algunas reediciones de los títulos del Historiador de La Habana, como Fiñes, libro cuya última edición se hizo en el 2007, y los compendios Hijos de mi tiempo y Eterna sapiencia. También aquilata su vitrina de presentaciones con La luz sobre el espejo, uno de los primeros libros de Leal Spengler, y Fundada esperanza.
A propósito de las actividades conmemorativas en el 2018 de los 150 años del inicio de las guerras de independencia, uno de los títulos que se reeditará es El diario perdido de Carlos Manuel de Céspedes, anticipó. Y con nostalgia de generación que no ha encontrado prácticamente ese ejemplar en los estanquillos, recordó que la última edición que vio la luz fue en 1998, hace casi 20 años. “La edición corregida de El diario perdido… tiene un ensayo introductorio de Eusebio Leal Spengler”.
“Como novedad —adelantó Cremata— tenemos un compendio de discursos y conferencias, que abarca desde 2015 hasta la fecha. El último de los discursos que hemos insertado fue el que pronunció el 28 de octubre en Estados Unidos, cuando sesionó en Washington el Encuentro de Cubanos Residentes en el Exterior. Un discurso que aborda las relaciones entre Cuba y Estados Unidos desde el punto de vista de la gente, no desde la política. De cómo repercuten en la gente los cambios a favor o en contra. (…) Es la primera vez que se va a recoger esa transcripción y va a aparecer en un libro”. A eso sumó las expectativas de algún que otro libro sorpresa.
“Boloña, hace diez años, no tiene presencia física en La Cabaña. Y este va a ser un momento importante también para la editorial, que ya tiene más de veinte años de trabajo, es decir, cierta madurez que nos permite regresar a La Cabaña, en un espacio privilegiado”.
LO MEJOR DE CHINA, DE BEIJING A LA HABANA
¿Con qué vendrá China a la Feria? Para despejar incógnitas asumió la batuta el Sr. Yao Fei, Consejero Político de la Embajada China en Cuba, esta vez en calidad de Encargado de Negocios.
La Mayor de las Antillas y el gigante asiático, desde el establecimiento de relaciones diplomáticas “siempre han sido buenos amigos, buenos compañeros y buenos hermanos”. Y en este capítulo repasó las visitas de alto nivel, la cooperación y el provechoso intercambio “en los ámbitos político, económico, comercial, cultural, educativo, científico y tecnológico”.
En su debut ante la prensa cubana, Fei acentuó que —atendiendo a la gentil invitación del Ministerio de Cultura de Cuba y del Instituto Cubano del Libro— China participará en la vigésimo séptima Feria Internacional del Libro de La Habana como País Invitado de Honor. Siendo este un escenario que propiciará el mayor acercamiento cultural entre las dos naciones. Y a modo de comentario, resaltó la feliz coincidencia de que van “a aprovechar este gran evento cultural para celebrar el Año Nuevo Chino”.
A la Feria traerán, explicitó, una delegación de prensa, una representación artística de altísimo nivel, las más importantes casas editoriales y algunos de los autores de mayor prestigio en la China moderna.
Clásicos de la literatura cubana traducidos al chino y de la literatura de la tierra de Confucio llevados al español, podrán ser disfrutados en la fiesta por excelencia de las letras en Cuba. El diplomático sumó, a la cartelera cultural del País Invitado, el encuentro de escritores de ambas geografías, la Semana de Cine y “una exposición de la cultura de impresión antigua de China”, teniendo en cuenta que —justamente— “la técnica de la impresión fue uno de los cuatro grandes inventos” que su patria ofreció al mundo.
Los libros que viajarán de Beijing a La Habana acercarán a los lectores de nuestro país a tópicos como la gobernación china, las culturas tradicionales del gigante asiático, la cotidianidad de su pueblo y otros.
“En resumen, vamos a traer lo mejor de China para exponerlo ante el público cubano”, insistió Fei. Y todo ello, para que el próximo año la Feria “sea una edición más brillante, más espléndida y más exitosa”.
UN PAÍS CONTADO POR SUS LIBROS (Y EN FAMILIA)
El interés es “que la Feria sea un evento cultural que trascienda el libro para convertirse en una expresión de la cultura en general, ya que es el evento más concurrido, a lo largo del país”. Así remató el presidente del ICL, Juan Rodríguez Cabrera, la brújula de una agenda escrita a muchas manos.
Al anunciar la dilación esta vez en el límite de clausura —cerca de tres semanas más de lo habitual— subrayó la (plausible) pretensión de cerrar el 13 de mayo, en Santiago de Cuba, con la cuarta edición de Cien horas con Fidel, de Ignacio Ramonet. Y a ese homenaje a Fidel, se añadirán las conmemoraciones de los aniversarios 90 del Che y 290 de la Universidad de La Habana.
Como FILCuba es una fiesta de extremo a extremo del archipiélago, el quid y los esfuerzos se anclan en un claro puerto: “cumplir con el propósito de que los libros principales no se queden en La Cabaña, sino que viajen por todo el país junto a autores, promotores, trabajadores del libro en general”.
Y es que —aseguró Rodríguez Cabrera— “hacer la Feria del Libro, más allá de una voluntad, también es un sacrificio de muchos que hacen posible poder reunirlo todo, para que haya esa presencia que respalda la acción y el trabajo permanentes de muchos creadores, de muchos autores (…) Sin ellos sería imposible hacer una Feria”.
“Organizada” y con doble alcance… Ese es el evento que se quiere, que se proyecta, según el director del Instituto: “al alcance de los cubanos que tanto la esperan” y a la mano, también, de lo que la dirección del país aspira de quienes la organizan. De ahí que la página 27 requiera “una Cabaña y 22 subsedes lo más tranquilas posibles para que haya disfrute de la familia. Porque, en Cuba, la Feria es de la familia”.
Una Feria que —entre febrero y mayo— catalice lo mejor de las letras de un país. Y el civismo del país que participa en ella. Una Feria donde el libro devenga ventana a través de la cual los lectores redescubran realidades y emociones; y donde la literatura refracte las luces hacia la gente. Y la gente haga, también, su parte a la inversa.
