Noticia lírica sobre poesía social
La poesía de Cuba, como la de otras naciones, tiene correspondencias propias, encuentros temáticos, familias de poemas. Es lo que hallo con tanto placer entre el poema «El taller de maquinarias», de Bonifacio Byrne y el anterior «Al trabajo», de Joaquín Lorenzo Luaces, ambos antecedentes de «Salutación fraterna al taller mecánico», de Regino Pedroso. Anarquismo y socialismo se acercan en la poesía de Cuba en tres décadas diferentes: una de fines del siglo XIX, otra de principio del XX y el poema de Pedroso ya en los finales de los años 20 de ese siglo, con el que se abría una senda para la poesía proletaria cubana, que en Nosotros (1933), del gran Pedroso, encontraría consumación.
Dice Byrne sobre los obreros:
Lo digo con fe inmensa y entusiasmo profundo:
esos hombres mañana gobernarán el mundo.
Y finaliza:
No os desunáis… ¡Cuidado! Mientras estéis unidos
seréis los vencedores y no los oprimidos.
Ya del taller se alejan los rudos artesanos,
sudorosas las frentes y tiznadas las manos.
Ahora se diseminan por plazas y callejas…
Mañana, a su trabajo volverán las ovejas!
No sería difícil hallar en estos versos una intención de carácter socialista, pero en verdad Byrne loaba al trabajador y miraba hacia el futuro. Luaces había dicho: «¡Es el trabajo el redentor moderno!», con dosis del «Anarkos» que ha de cantar con rareza el colombiano Guillermo Valencia. En ambos poetas de Cuba se sienten trasfondos de voces anarcosindicalistas epocales. No deja de ser peculiar que Byrne hablase de «ustedes», alejando al yo lírico de la cualidad de clase social, o mirándola desde su belvedere. Pero Luaces vio a los obreros con otro matiz, sin escapar del tono utopista.
Regino Pedroso asumió la valía de clase de manera autobiográfica, es el obrero quien canta. Él conoce la teoría de la «lucha de clases» más allá de los libros, por experiencia vital. Dice: «¡Bravos trabajadores! ¡A luchar y vencer, / con el culto al trabajo y el amor al taller!» Son pareados como los de Byrne, pero el contenido es otro: lucha y victoria. Hay una intención clasista que no mira desde afuera, sino que incorpora el latido esencial de una clase emergente.
La «salutación fraterna» de Pedroso tiene un trasfondo partidista, y eso se verá mejor en Nosotros, sobre todo en el preámbulo en prosa, que es una suerte de «manifiesto», con un interés más allá de la creación poética per se. La influencia anarquista ha cesado en sus versos, él se declara marxista. Se ha dicho, con razón, que con el poema y el libro de Pedroso se inicia la poesía proletaria cubana, aunque los antecedentes de Luaces y de Byrne marquen tanto interés.
Véase que se habla de «poesía proletaria», no exactamente de la «social», que es antiquísima en la tradición cubana, pues ya se halla en algunos textos del siglo XVIII, en muchos del XIX, y sobre todo en José Martí. Claro que esa poesía del proletariado es social, pero lo social tiene rangos diferentes, desde el impulso civil (canto a los héroes, mártires, símbolos patrios o situaciones sociales descriptivas), la poesía comprometida (que habla de luchas sociales, señala, denuncia),hasta la partidista (que se inclina a algún partido político, y de hecho canta sobre la lucha social desde ese partido). Esta gradación es importante para diferenciar, por ejemplo, la poesía civil de La zafra (1927), de Agustín Acosta, de la primera época de Nicolás Guillén (inclinada a lo étnico esencial), y la propiamente militante de Pedroso en el mencionado Nosotros. El apelativo de social incluye también la alusión o el canto directo de las circunstancias en las que vive el pueblo y sus diferentes clases sociales. Pero hay diferencias entre la poesía social descriptiva y la poesía social de combate. Sus intenciones son desiguales, aunque todas enuncien o denuncien algo próximo. La poesía social es poesía de la identidad y sin dudas, usando un término que acuñó Ernesto Cardenal, «exteriorista», separada del intimismo del «yo», sobre todo amatorio, sobre todo erótico, o de los aciertos de la metapoesía, de las estéticas puristas o formalistas.
Los poetas cubanos nos ayudan a comprender fases de la poesía social de Cuba. Luaces, Byrne y Pedroso, y luego Nicolás Guillén, entre otros poetas de «lo social», han forjado en la identidad cubana una poesía que expresa la realidad clasista, ellos desde el taller, otros desde el surco, algunos desde las clases medias. La poesía tiene este camino, el de la inmersión total en las circunstancias de vida. Y esa tierra fértil para la expresión, necesita cultivo. Declinó en décadas del final del siglo XX (quizás bajo influjos de los poetas de la revista Orígenes, o de variados formalismos), volverá por sus fueros entrado el XXI. Es el natural péndulo que va de lo social a lo íntimo, connatural a la especie humana. La poesía social a veces aguarda, emboscada, la situación que la desata.