Tres poemas para recorrer la sensibilidad de Martí
Considerado una de las principales plumas de Latinoamérica, José Martí es —además— uno de los artífices indispensables de la poesía escrita en este lado del mundo.
Este segundo domingo de enero, la invitación de Cubaliteraria empieza su derrotero por abrir la puerta de la poesía martiana. Como un acercamiento inicial para recorrerla después, con el detenimiento de quien quiere conocerla toda, de quien se atreve al deleite.
Tres títulos, quizá no de los más conocidos de sus poemarios, encabezan esta tertulia dominical. Y así usted, querido lector, podrá probar los sabres de un "Domingo triste", beber un tanto de una "Copa con alas" y hasta, ojalá, atender a la petición de un hombre que defiende la nobleza de sus canas.
Domingo triste
Las campanas, el sol, el cielo claro
me llenan de tristeza, y en los ojos
llevo un dolor que el verso compasivo mira,
un rebelde dolor que el verso rompe
¡y es, oh mar, la gaviota pasajera
que rumbo a Cuba va sobre tus olas!
Vino a verme un amigo, y a mí mismo
me preguntó por mí; ya en mí no queda
más que un reflejo mío, como guarda
la sal del mar la concha de la orilla.
Cáscara soy de mí, que en tierra ajena
gira, a la voluntad del viento huraño,
vacía, sin fruta, desgarrada, rota.
Miro a los hombres como montes; miro
como paisajes de otro mundo, el bravo
codear, el mugir, el teatro ardiente
de la vida en mi torno: ni un gusano
es ya más infeliz: ¡suyo es el aire,
y el lodo en que muere es suyo!
Siento la coz de los caballos, siento
las ruedas de los carros; mis pedazos
palpo: ya no soy vivo: ¡ni lo era
cuando el barco fatal levó las anclas
que me arrancaron de la tierra mía!
Copa con alas
Una copa con alas: quién la ha visto
Antes que yo? Yo ayer la vi. Subía
Con lenta majestad, como quien vierte
Óleo sagrado: y a sus bordes dulces
Mis regalados labios apretaba:
Ni una gota siquiera, ni una gota
Del bálsamo perdí que hubo en tu beso!
Tu cabeza de negra cabellera
—¿Te acuerdas?— con mi mano requería,
Porque de mí tus labios generosos
No se apartaran. Blanda como el beso
Que a ti me transfundía, era la suave
Atmósfera en redor: La vida entera
Sentí que a mí abrazándote, abrazaba!
Perdí el mundo de vista, y sus ruidos
Y su envidiosa y bárbara batalla!
Una copa en los aires ascendía
Y yo, en brazos no vistos reclinado
Tras ella, asido de sus dulces bordes:
Por el espacio azul me remontaba!
Oh amor, oh inmenso, oh acabado artista:
En rueda o riel funde el herrero el hierro:
Una flor o mujer o águila o ángel
En oro o plata el joyador cincela:
Tú sólo, sólo tú, sabes el modo
De reducir el Universo a un beso!
No me quites las canas
No me quites las canas
Que son mi nobleza:
Cada cana es la huella de un rayo
Que pasó, sin doblar mi cabeza.
Dame un beso en las canas, mi niña:
¡Que son mi nobleza!