ICAIC: desafíos musicales y documentalismo

Ediciones ICAIC asiste nuevamente a la Feria Internacional del Libro de La Habana (FILH) con propuestas diseñadas para rescatar lo que no debe ser olvidado y, al mismo tiempo, llenar los vacíos literarios que suelen atormentar a los lectores hasta que no encuentran, al fin, el libro que andan persiguiendo quién sabe Dios desde cuándo.
En esta ocasión la Editorial abrió fuego temprano en el Centro de Promoción Literaria Dulce María Loynaz, subsede de la FILH, con la presentación de los volúmenes Sara Gómez: un cine diferente, de Olga García Yero, La música en el cine documental cubano, de José Loyola Fernández, y Prisionero del rock and roll, de Francisco López Sacha.
En Sara Gómez: un cine diferente, García Yero aborda la trayectoria de una cineasta con una persuasiva inteligencia, al decir del narrador y ensayista Reynaldo González, “una mujer que vive al calor de su documentalismo, donde marcó diferencias y defendió el terreno que labraba”, algo que la convirtió en una personalidad descollante.
González destaca en el prólogo que, aún sin tener el reconocimiento que merecía, Sara Gómez se apoyó en su persistencia y valor para esquivar torpezas que parecían invencibles. En sus palabras de presentación, la poeta Nancy Morejón aseveró que el libro ahonda en la esencia de nuestra identidad y significa un intenso recorrido por la vida de una cineasta con una obra documental asombrosa.
La música en el cine documental cubano es un registro exhaustivo de los aportes de realizadores de la talla de Santiago Álvarez, Rogelio París y Rigoberto López, una indagación extraordinaria y original que propone un método artístico para evaluar la relación entre el sonido, la música y la imagen fílmica, un texto clave donde el tema, la imagen y la música revelan las expresiones renovadoras de los realizadores seleccionados.
Por su parte, Prisionero del rock and roll es un diálogo persistente de ese género con los propios de la música cubana y de la clásica en un mundo en que el rock madura y cuyo legado se torna persistente. “El lector no va a encontrar una Biblia del rock”, dijo López Sacha, “encontrará, eso sí, el rock como fenómeno artístico, el por qué no perdió su condición de arte, y sobre todo, el por qué permanece aún después de la revolución que estableció en el arte de los años sesenta”.
Desde los dieciocho años acariciaba la idea de contar los orígenes y la confirmación de ese género musical contemporáneo, reveló Sacha, y añadió que por ese entonces no tenía las herramientas suficientes para enfrentar una empresa de esa envergadura, “pero ahora el lector tiene en sus manos ese sueño acariciado, un intento teórico y de periodización muy personal que no siempre coincidirá con el criterio de los musicólogos, sino en mi memoria, mi sensibilidad y nivel de información”.