Libreros para hacer soñar

Un niño quiere un caballo alado para ir a la escuela. Otro hace un curioso trueque para obtener un ejemplar de Alas de primavera. Es así como brota el orgullo de los libreros cubanos en esta Feria del Libro, hablando de los chicos que sueñan leyendo y estallan en sonrisas cuando ellos les ponen un libro en las manos.
Un librero puede ser un mueble para ubicar libros, pero es obvio que no hablaremos de ese, sino de quien dedica cuerpo y alma a expandir la cultura y el hábito de leer.
¿Quién puede no admirar tan loable empeño? Y precisamente en el capítulo 27 de la Feria Internacional del Libro, en el Salón Profesional del Libro, de la Fortaleza San Carlos de La Cabaña, fueron premiados este domingo los 25 que más sobresalen en Cuba desempeñando este oficio. Ellos decidieron unánimemente declararse ¨libreros H¨, la H de hombre y de hembra, que es también la letra con que empieza lo humano.
¡Qué magia envuelve a estos seres que encuentran satisfacción brindando alegría al prójimo, guiándolos por un camino fantástico, imperecedero, enriquecedor!
Una sonrisa del que compra un texto es el premio mayor de Grisel Martínez, de La Habana, laureada este año entre las mejores libreras. Gratitud hacia el libro –nos confiesa-, no hace falta más regalo. Pero disfruta del homenaje pues son muchos los años dedicados a prestarle un servicio a su pueblo.
De la montaña bajó a recibir su reconocimiento la holguinera Graciela Peña, quien nació para este oficio y viene por primera vez a La Cabaña. Asegura –y le creemos–, que no todo el mundo se monta a caballo, pasa un río crecido, o camina más de diez kilómetros para llevarle cultura a su gente.
Me conocen por lo que hago, asegura esta mujer a la que los niños le “arrebatan” los textos cuando va a vender a las escuelas, y casi no la dejan acomodarse. Si hay una “trepada”, siempre está allí con su carga literaria la oriunda del municipio de Cueto, en el Plan Turquino.
No menos orgullo se siente en Santiago de Cuba, tierra de la librera Danisel Preval, una joven que “estudió para eso”, que se le da fácil atender a los que llegan a la biblioteca Amado Ramón Sánchez. Sé que no todo el mundo tiene hábito de leer, pero poco a poco se le va fomentando, asevera con una confianza envidiable.
Y en este mundo literario donde casi reinan las mujeres se escucha a Arlén Regueiro, avileño y también de los mejores. Ha probado de todo en quehaceres, pero se quedó definitivamente de librero para trasladar un amplio repertorio de conocimientos, ideas, conceptos, historias de vida, como uno de los placeres más grandes que existe. Vender un libro no es solo vender un objeto, sino también alegría, sueños y amor –asegura. Una verdad como un templo.
Esa humildad se respiró en la premiación, donde no faltó el homenaje a los colegas que ya no están, y desbordaron las páginas de cada provincia que compone este hermoso ejemplar llamado Cuba
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