A favor o en contra: sin perder la objetividad

En la sala José Antonio Portuondo de la Fortaleza de La Cabaña se realizó hoy la presentación del volumen Contra la neutralidad, del periodista y escritor español Pascual Serrano. Esta obra, publicada originalmente por Ediciones Península en el año 2011, se presenta en la actual Feria Internacional del Libro de La Habana mediante la Editorial Pablo de la Torriente y con los aportes de Ana María Díaz Canals y Alejandro Romero Ávila, como editora y diseñador, respectivamente.
Las circunstancias contemporáneas de conectividad global e inmediatez del hecho noticioso son una preocupación, no solo del autor del texto presentado; que pueden obrar como refuerzo de tendencias periodísticas no necesariamente positivas para quien busca informarse y la sociedad en general. De estos obstáculos y referentes ejemplarizantes de cómo sobreponerlos, trata el combativo volumen, que fuera presentado por Iroel Sánchez.
Sánchez y Serrano se conocieron a inicios de este milenio, en el marco de las actividades promovidas por el gobierno cubano en la arena internacional para contrarrestar campañas de su similar de Washington en descrédito del primero. Sánchez refirió la rápida identificación del ibérico por el proyecto cubano y su entusiasta apoyo por los ideales progresistas y antimperialistas. En estos avatares, Sánchez refirió también cómo había recibido el libro Contra la neutralidad a manera de regalo y el entusiasmo que le generó su lectura. Como presentador, recomendó el libro especialmente para las personas dedicadas al periodismo, tanto aquellas con más trayectoria como para quienes hacen sus pininos en la profesión.
Este volumen, explicó también Sánchez, recoge las vidas y obras de cinco grandes de la profesión: John Reed, Ryszard Kapuscinsky, Rodolfo Walsh, Edgar Snow y Robert Capa. Estos nombres son conocidos en distinta medida entre el público cubano, y serían calificados por ambos oradores como figuras ejemplarizantes del reportaje y el lente, comprometidos con las causas humanas y de justicia en varias partes del mundo. Aunque pertenecientes a una época aparentemente pasada, sus trayectorias nos hablan con elocuencia sobre dilemas que también se presentan hoy. De esta suerte el texto, apasionante y profundo, no es solo sobre el pasado ni para la nostalgia, añadió Sánchez.
Al tomar la palabra, Serrano embromó un poco al primer ponente al calificar de “castigos”, todos los libros que le ha dado a leer. Agradeció a la Editorial Pablo de la Torriente, el trabajo que permitió hacer llegar su última obra al lector cubano y se refirió nuevamente a sus motivaciones.
En su exposición, Serrano arremetió contra tendencias contemporáneas del mundillo periodístico, poco coherentes con sus ideales clásicos, por no hablar de facetas humanas más entrañables. En su afán por convencer de su rigor y objetividad, los medios de comunicación modernos apelan a una versión de equidistancia y neutralidad poco convincentes. Presentar las versiones encontradas alrededor de un hecho no puede ser el último objetivo de quien debe tener, como principio, el rol de escudriñar hasta el fondo y presentar al público sus hallazgos sobre la verdad. Si la OTAN declara haber bombardeado una agrupación terrorista y la población local afirma que una boda fue masacrada; si una autoridad estatal declara que un derrame petrolero está lejos de causar daños y los pescadores de la costa lamentan la pérdida de sus medios de vida; en ejemplos como estos, el deber del informador es “mojarse”, tocar personalmente la médula del asunto y trasmitir sus sentimientos, mensajes y convicciones a la audiencia, sin perder el rigor informativo ni el apego a la realidad. La equidistancia también debe ceder, afirmó, a la prioridad de proteger a los seres humanos ante crímenes u otras violaciones de sus derechos humanos más básicos.
Asimismo, citó varios ejemplos de la hipocresía de los medios de comunicación masivos actuales. Específicamente, señaló la demora de muchas grandes cadenas occidentales en reconocer el carácter dictatorial de varios regímenes derribados por las Primaveras Árabes, dada la cordialidad que existía entre las élites de unos y otros espacios.
De esta forma, continuó, estos no parecen ser buenos tiempos para el periodismo comprometido. Sin embargo, las figuras recogidas en su texto tampoco estaban rodeados de circunstancias fáciles y, por ello, se constituyen mejor en guía e inspiración para la acción contemporánea. Refirió el autor que varias personas le han comunicado que, tras leer el título en cuestión, les han nacido ansias de leer las obras de los periodistas reseñados. Esto ha constituido el mejor de los elogios para Serrano. El hecho de que las obras de aquellos sigan despertando interés, sean releídas y vueltas a editar le sugiere la confirmación de sus tesis, sobre las insuficiencias de la prensa más extendida, que peca por superficial y banalizante, y que puede y debe ser contrarrestada por un periodismo de corazón, original y comprometido.
Como cada época tiene sus peculiaridades, resumió, en esta se pueden aprovechar los recursos tecnológicos también para la prensa escrita, sin pretender competir nunca con la inmediatez de la televisión o la Internet, pero sí para conformar reportajes profundos, de interés, capaces de marcar la diferencia en un mundo sobresaturado de información. La ciudadanía tendrá remedios para estas pesadillas si encuentra materiales de calidad, rigurosos, que respondan a los valores y permitan, como en el conocido pensamiento de Ernesto Guevara, compartir como propia y repudiar cualquier injusticia cometida contra cualquier ser humano en cualquier parte del mundo.
