Un diario sin goma y tijera

Entre los textos más esperados por el público asistente a la 27 Feria Internacional del Libro de La Habana, sobresale el Diario perdido de Carlos Manuel de Céspedes, cuya reedición se produce veinte años después de su última aparición.
La sala Nicolás Guillén quedó pequeña para la presentación, este martes, de ese volumen junto a otra obra relacionada al Padre de la Patria, el libro El camino de la desobediencia, del escritor bayamés Evelio Traba.
Minutos después de finalizar el (re) estreno de ambos textos, los ejemplares se agotaron tras una admirable cola de lectores. Sin embargo, sus nuevos dueños marcharon con la satisfacción en sus rostros al poseer un valioso testimonio de la historia de Cuba, esa que necesita ser contada con apego a la verdad, mostrando la condición humana de sus protagonistas, con sus luces y sombras.
Al hacer uso de la palabra, el historiador Eusebio Leal Spengler, último custodio del diario de Céspedes, nos alerta sobre los años de trabajo, investigación, desciframiento y cotejo de los manuscritos para poner en manos del lector una obra profundamente humana que describe al pie de la letra los acontecimientos vividos por el protagonista absoluto del 10 de octubre de 1868.
”A medida que se va leyendo página a página el Diario perdido surge un torrente de extrañas sensaciones. Aparece el Céspedes humano con sus penas y temores junto a sus grandezas políticas para comprender, al final, la voluntad de sacrificio de un ser que lo ofrendó todo por la libertad de la patria amada”, señaló Leal.
En 1991 sale impreso el Diario perdido tras permanecer alejado de los reflectores desde el 27 de febrero de 1874. Una vez que Leal Spengler lo leyó, mandó la primera copia al Comandante en Jefe Fidel Castro, quien lo catalogó de magnífico y necesario, por lo que sugirió su impresión para conocimiento de todos los hijos del Padre de la Patria.
Como en todo diario aparecen en él las impresiones personales de su autor sobre los hombres y acontecimientos de la Cuba durante la Guerra de los Diez Años. De ahí que, como expresara el mismo Eusebio Leal, se hiciera imprescindible mostrar una obra sin goma y tijera, para que se comprendiera mejor quiénes somos y por qué somos.