Un presente con lectura
Los libros sobre la promoción de la lectura se han ido haciendo abundantes en las últimas décadas, sobre todo por el interés que el estudio de esta praxis ha venido despertando en teóricos, académicos, editores y los propios autores, ante la supuesta crisis lectora que, según muchos, afecta al mundo contemporáneo. Existen numerosos volúmenes que rebasan el mero marco teórico para convertirse en verdaderos epígonos literarios que merecen ser citados de continuo por quienes nos empeñamos, aun en medio de la banalización global de contenidos, en promover el buen oficio de vivir leyendo buenos libros.
Vale recordar textos como Una historia de la lectura, del escritor argentino Alberto Manguel o Como una novela y La lectura en la escuela, del francés Daniel Pennac y tantos otros que se empeñan en deslindar los cánones de una contemporaneidad lectora, hoy matizada por el acceso a las redes sociales que a los seres, analógicos o migrantes, en oportunidades suele asustarnos.
Es innegable que actualmente existen nuevas y diferentes formas de leer. Pienso a veces si es menos creíble el discurso de un booktuber y el de aquellos jóvenes que intercambian criterios en una plataforma digital o red, que el de un atinado profesor en el aula, el promotor de biblioteca o el comercial de una librería. ¿Acaso cada uno en su modalidad no está apostando por un modo de leer?
También durante años, desde la Cátedra Latinoamericana y Caribeña de Lectura y Escritura y el Comité Cubano del International Book Board on Books for Young People (IBBY), se ha hecho la oportuna difusión de textos sobre la lectura. Desde los años 90 el Comité organiza su Congreso de Lectura "Para leer el XXI", que ha dado colaboraciones para la revista En julio como en enero (órgano del IBBY que bimestralmente publica la Editorial Gente Nueva) y los volúmenes coeditados por ambos: Lecturas y lectores, Para leer el XXI y Sin azafatas diciéndonos qué hacer, de la autoría de Emilia Gallego Alfonso, presidenta de ese Comité.
Recapitulo en estos aspectos luego de leer con entusiasmo y placer un volumen que acaba de publicar la Editorial Ácana de Camagüey: Lecciones de vuelo: la lectura en nuestro presente, compilado por el investigador y profesor, Premio Nacional de Literatura 2017, Dr. Luis Álvarez Álvarez.
Como bien expresa Álvarez en su presentación inicial: “Esta compilación reúne textos de investigadores, profesores universitarios y promotores culturales, que abordan el tema de la lectura desde ángulos variados, desde la filosofía del lenguaje hasta la formación de lectores, desde el mundo de la biblioteca hasta la meditación sociológica. Se trata precisamente de abordar algunas aristas diversas de la lectura en la contemporaneidad de manera que se pueda trazar al menos un panorama —muy incompleto— sobre una cuestión capital de la cultura de nuestro tiempo —y de casi todos los tiempos—. Pues la lectura no solo tiene que ver con la educación y la vida cultural: es también esencial para la meditación del ser humano sobre sí mismo e imprescindible además para consolidar la identidad de los pueblos y los individuos”.
Muchos de estos ensayos fueron temas de conferencias magistrales y seminarios en los mencionados congresos, e indudablemente trazan una pauta teórica en el hemisferio hispano. Los autores hablan del desafío de la permanencia, de la alternancia de los planos lectores, de si el libro es cultura o mercancía ¿o acaso ambas? También del modo en que se inserta en las sociedades modernas en un mundo globalizado y embrutecedor, de transnacionales que en ocasiones apuestan por el producto media para grandes explanadas de consumo y jamás proponen reivindicar los más auténticos valores literarios. En este mundo al que aluden estos ensayos, es obvio, no todos tienen la misma posibilidad de ser lectores. Por infortunio en cualquier parte existen enormes masas de personas sin alfabetizarse, otras tantas que aunque saben leer apenas cuentan con recursos para su subsistencia, cuando menos ¿cómo acceder a una buena lectura? No debe olvidarse que en muchos países no existen planes para leer, por los que tanto aboga el CERLALC (Centro Regional para el Fomento del Libro y la Lectura en América Latina y El Caribe) en nuestro continente, y mucho menos estados que propicien gratuidades o subsidios para favorecer la posibilidad de leer a los menos agraciados por la suerte.
Todos los expertos que guardan en sus páginas Lecciones de vuelo tienen una larga hoja de ruta en el camino de promover la lectura. Mencionemos, si no al propio Luis desde las cátedras con sus ensayos literarios de temas diversos, a Emilia Gallego, persona de lucidez suficiente y admirable ejecutoria en la organización y apertura de espacios para el debate, la reflexión inteligente y el trazado de estrategias que beneficien el razonamiento sobre un tema trascendente. La nómina se complementa con María del Carmen Bianchi (Argentina), Ana Franco (España), Silvia Castrillón y Fernando Cruz Kronfly (Colombia), Elsa Margarita Ramírez Leyva, Gustavo Gómez Díaz y Pablo Gómez Martínez (México), las brasileñas Marina Colasanti, Jerusa Pires Ferreira, Nilma Lacerda y Dolores Prades y los cubanos Marcia Losada García, José Alberto López Díaz y Leticia Rodríguez Pérez.
Cuando en nuestro país justamente hoy se reorganizan las fuerzas que apuestan desde sus respectivos bastiones por la efectividad de un Programa Nacional por la Lectura, que potenciado por la Biblioteca Nacional José Martí existe desde 1989, la aparición de Lecciones de vuelo: la lectura en nuestro presente es muy significativa, pues este volumen puede ser un eficaz instrumento de trabajo que permita a muchos conocer experiencias, motivaciones, propuestas y sobre todo, atrevidos diagnósticos sobre el comportamiento lector en la actualidad.
