La pena que me agita
El Centro Cultural Dulce María Loynaz (CCDML) tiene el placer de invitarle a la conferencia Gertrudis Gómez de Avellaneda. Una gran poetisa. Homenaje por los 135 años de su fallecimiento. Estará invitado el escritor, investigador y profesor Roberto Méndez. La cita es hoy martes 27 de febrero de 2018, a las 4:00 p.m. en el Centro, sito en calle 19 esquina E, en el Vedado. La entrada es libre para todos los interesados
A propósito de esta actividad, Cubaliteraria pone a disposición del lector un fragmento del prólogo -escrito por Roberto Méndez- del libro digital La pena que me agita, realizado por la Editorial Cubaliteraria en el año 2004. Sirvan estas palabras para el más sincero homenaje a La Avellaneda:
Quien en un tiempo se firmó La peregrina, sigue hoy en el camino, sin techo propio. Valdría la pena traer a colación una conferencia o, más bien, un alegato que le dedicara otra poetisa, Dulce María Loynaz, titulada "La Avellaneda, una cubana universal", en el Liceo de Camagüey, el 10 de enero de 1953. Allí reclamaba de aquel auditorio formado por las familias de apellidos más tradicionales de la región y de gran parte de los intelectuales de la localidad:
Ha llegado el momento de definirse. Cada uno tiene su modo de servir y si pensamos que dentro del suyo, Tula no sirvió a la gloria de Cuba, cedámosla de una vez, a quienes no andan con tantos remilgos para brindarle y muy contentos, sitio de honor entre sus filas […]. Ved que es vuestra Tula a quien se llevan entre ruindades y pequeñeces […]. Es a ella a quien nos arrebatan, y esta vez para siempre. No lo permita Dios, amigos presentes. Ni lo permita el Camagüey bravío. ¡A rescatar a vuestra Tula, aunque sea como en la gesta heroica, con un puñado de corazones! ¡A rescatar vuestra amazona, aunque sea como dijo Agramonte, solo con la vergüenza!
Ha llegado la hora de plantearse, sin temor, la pregunta: ¿Es Gómez de Avellaneda, una gran poetisa?
Cuando la joven escritora, de apenas 22 años, llega a España en 1836, se traza, con sorprendente seguridad, una ruta para acceder al éxito literario. No le basta con escribir los textos y guardarlos, o publicarlos en reducidas ediciones para familiares y amigos, como tantas hicieron antes que ella. La cubana desea entrar en los círculos letrados de Sevilla y Madrid, que por entonces son casi exclusivamente masculinos. Quiere acceder a la tribuna del Liceo tanto como a las tertulias de los cafés, las redacciones de los periódicos y los escenarios de los teatros. Eso la obliga a seguir un grupo de estrategias.
La primera de ellas es desligarse de todo lo escrito antes de aquel año. No puede permitirse balbuceos, ni localismos. A partir de entonces, hemos de aceptar que su escritura poética se inicia en un punto muy alto: el soneto "Al partir", una composición antológica por excelencia, marcada por el desgarramiento existencial, pero que debe encabezar su producción en el ámbito metropolitano.
¡Perla del mar! ¡Estrella de Occidente!
¡Hermosa Cuba! Tu brillante cielo
la noche cubre con su opaco velo,
como cubre el dolor mi triste frente.
En segundo lugar, la escritora, aunque afectada por incomprensiones, contrariedades familiares y hasta problemas económicos, logra sintonizar fácilmente con la liberación del yo poético romántico. En los versos halla su refugio ideal, su justificación, su plenitud. Aun limitada por convenciones sociales que rechaza, se siente libre ante la desafiante cuartilla en blanco. Esto lo demuestra con harta elocuencia un poema de aparente sencillez como "A mi jilguero". Así puede decir ella al ave presa en su jaula:
¡Oh pájaro! Pues que iguales
nos hacen hados impíos,
mientras que lloro tus males,
canta tú los llantos míos.
Sin embargo, la muchacha sabe que esa poesía íntima y desgarradora será calificada de poesía de mujer, por tanto, se le colocará al margen, como ella supone, y jamás podrá parangonarse con los autores que ha tomado por maestros: José María Heredia, Juan Nicasio Gallego, José de Espronceda, entonces, toma una decisión más o menos sorprendente: emulará a esos autores, imitará su voz, cultivará hasta la exageración el virtuosismo métrico, y junto a los sentidos versos de arte menor, colocará las odas solemnes y grandilocuentes de tema filosófico, histórico o político.
(...) ¿Por qué escatimarle, entonces, el título de gran poetisa? Es su propia obra la que viene a situarla entre los no muy abundantes autores que alcanzan las cumbres literarias.
Que el vulgo de los hombres, asombrado
tiemble al alzar la eternidad su velo
mas la patria del genio está en el cielo.
