La mujer en la prosa poética martiana
El 8 de marzo es una fecha especial para los cubanos por celebrarse el Día Internacional de la Mujer en el Año del aniversario 60 del triunfo de la Revolución; proceso que abrió espacios insospechados al desarrollo intelectual, humano y espiritual de las mujeres insulares.
No solo en la obra poético-literaria y periodística del Apóstol, sino también en su encendida oratoria, la mujer caribeña es fuente permanente de inspiración, ya que “él le habla de “[…] rodillas/ y con una flor en la mano”. Martí describe, con exquisita sensibilidad, a la cubana que sufre los rigores del destierro: ”cuándo más bella nuestra mujer, a no ser que fuese al caer en el sepulcro libre de la guerra, que cuando con los dedos helados del destierro halla de su tarea para comprar el pan y el carbón. Cuándo, arrebujada en la manta la noble vejez, va la señora […] a su barril de despalillar […], mientras el marido que cargó el rifle liberador prepara a los niños para hombres, ayuda con su industria al ejemplo y dicha de la casa desterrada, y al crédito que con la prueba de su virtud gana el país”.
A punto de estallar la gesta emancipadora de 1895, el Mayor General del Ejército Libertador escribe: “se ordena ya el gran sacrificio, y es justo que se apresuren a premiarlo las mujeres, que son su corona natural”. Por último, advierte: “las campañas de los pueblos solo son débiles, cuando en ellas no se alista el corazón de la mujer; pero cuando la mujer se estremece y ayuda, cuando la mujer […] anima y aplaude, cuando la mujer culta y virtuosa unge la obra con la miel de su cariño […] la obra es invencible”.
La doctrina martiana influye en la generación del Centenario, formada por aquellos jóvenes aguerridos, que comandados por Fidel no dejaron morir el pensamiento latinoamericanista y antiimperialista del Maestro y se lanzaron al combate por la definitiva liberación de la Patria.
En el ataque al Cuartel Moncada, en la lucha guerrillera y en la clandestinidad, estuvo presente la mujer cubana con su dulzura, ternura y apoyo irrestricto a las heroicas acciones bélicas, que culminaron con el triunfo revolucionario el 1 de enero de 1959. De ahí, que en este 8 de marzo rindamos merecido tributo a esa mujer única, especial, irrepetible, encantadora, que desde la época de la colonia y hasta la actual batalla de ideas, ha estado al lado del hombre en cualesquiera de las contiendas a las que la Patria la ha convocado. ¡Felicidades!
