Notas líricas sobre dos poetas de paso
UN POETA CUBANO DE LO MENOR: MIGUEL LOZANO CASADO
Puesto que toda literatura tiene grandes escritores, notables y aprobados, como en los buenos colegios, un estudioso que se respete debe mirar el entramado. Él nos revela figuras de paso, que hacen obras líricas reducidas y de no alto vuelo, ni a veces siquiera sus nombres entran en las historias canonizadoras. Esa es la base del detalle, del tejido que hace virutas, barroquiza en "lo menor", se vuelve intrahistoria, a mi juicio no desdeñable.
Buscando, hallando, viendo los versos pasar, encuentro la simpática curiosidad de un poeta llamado Miguel Lozano Casado, nacido en 1873 y no sé fallecido dónde y cuándo, que viajó niño a Cuba desde la natal Medellín de Badajoz, en España. En Cuba, dedicó un poema cuyo título es la dedicatoria: "A Martí", donde se lee esta estrofa:
Todo pasa en el mundo, todo rueda,
todo es vano y mezquino;
al vuelco de las horas, nada queda
de pie sobre el camino.
Habiendo sido tan poco conocido, difícilmente su poema haya circulado en el ámbito de la lengua, por lo que no se sabría si es antecedente o consecuente de semejantes versos nada menos que del "grande de España" que fue Antonio Machado:
Todo pasa y todo queda,
porque lo nuestro es pasar,
pasar haciendo caminos,
caminos sobre la mar.
Las respectivas fechas de escritura darían el fiel de la balanza. Machado no debe de haber conocido a Lozano, Lozano probablemente sí llegó a leer la obra de Machado. Quede como punto de contacto. Alegría instantánea de la poesía.
EL VERDO OLIVO DE DULCE MARIA BORRERO
Leyendo, indagando, me encuentro con una décima de Dulce María Borrero (1883-1945) que deseo comentar. Ella es parte de una familia ilustre de las letras cubanas, pero parece haber sido tendido un velo de olvido sobre su persona, activísima en vida, y sobre su memoria y escrituras. Llegó a tener cargos públicos estatales en el ámbito de la cultura y se destacó como educadora y defensora de los derechos de la mujer. Cierto que su obra lírica fue discreta. Muchos niños de mi generación recordarán poemas de ella en los libros escolares de época. Luego, poco a poco, ha sido subsumida. Veamos esta décima de perfecta raigambre espineliana:
Conservemos la tierra
Cuando las siembras de caña
se extiendan en nuestra tierra
por el llano y por la sierra
dulcificando su entraña;
cuando no haya mano extraña
que a la nuestra se adelante
y pongamos el amante
corazón en su cultivo,
se coronará de olivo
nuestra libertad triunfante.
El matiz nacionalista es, sin embargo, precursor de la invasión de la sierra al llano y del "llano y por la sierra" de la insurrección popular de la década de 1950, prendada del uniforme verde olivo, que luego dejó a la caña de azúcar solo en propiedad estatal, sin la "mano extraña" a la cual, con sutileza, se refería la poetisa. La "dulcificación" que ella menciona, tiene detrás aquellos versos de Nicolás Guillén: "Mi patria es dulce por fuera/y muy amarga por dentro", y el carácter "redentor" que Dulce María Borrero ofrece al olivo, queda como símbolo adelantado de una mujer que iba a morir catorce años antes del Ejército Rebelde y el triunfo de la Revolución.
No deja de ser curioso también que ella casi "tradujese" el famoso poema de Bonifacio Byrne, "Mi bandera" en "Tu bandera", donde la poetisa se refiere "al hijo del patriota", en mirada coincidente con Byrne, sobre todo en sus estrofas séptima y octava.
También es a todo juicio incluso cómico que Dulce María Loynaz fuese a veces confundida en otros tiempos con la Borrero, solo por el común apelativo. Fueron esencialmente diferentes.
