Cuba ante los ojos de dos pintores... escritores
De los pintores casi siempre nos queda su obra, sea esta un paisaje, un retrato, una marina, una abstracción... Pero sucede que también existen los artistas de la plástica que gustan de expresar sus opiniones en memorias, libros de viajes, crónicas, lo cual es una manera muy fehaciente de plasmar sus impresiones.
Samuel Hazard y Walter Goodman, el primero norteamericano y el segundo inglés, vivieron ambos en el siglo XIX, se detuvieron en Cuba y escribieron libros que constituyeron una muy útil guía para dar a conocer los atractivos más sobresalientes de la Isla a los visitantes extranjeros.
El libro de Samuel Hazard (1834-1876) se titula Cuba a pluma y lápiz. Ilustrado admirablemente por su autor, por sus páginas desfilan sugerencias sobre los hoteles más aconsejables para el turista, las comidas y los baños públicos mejor atendidos, los mercados, las tabaquerías, plazas de toros y otras diversiones de la capital. Hazard revela una abierta predilección por el hotel Telégrafo, reconstruido en las esquinas de Prado y San Miguel, así como también por el hotel Inglaterra y por el Santa Isabel, frente a la Plaza de Armas, en el corazón de la Habana Vieja.
El autor se detuvo en Cuba en su temprana juventud y después realizó una segunda visita, hacia 1867 o 1868, permaneciendo en el país por varios meses, aquellos que antecedieron al alzamiento de los cubanos en el ingenio La Demajagua, el 10 de octubre de 1868. Fue esta última estancia la que le permitió adentrarse en las costumbres de la sociedad cubana y acopiar la información para redactar Cuba a pluma y lápiz, con sus primeras ediciones en Nueva York, 1871, para después publicarse en Londres en 1873. Salvando las lógicas distancias, aquel libro fue lo que hoy llamaríamos una guía turística que podía utilizarse para conocer mejor el país por los visitantes extranjeros. Sin embargo, Cuba a pluma y lápiz no tuvo su primera edición en español hasta que se publicó la traducción de Adrián del Valle, para quien, “de cuantas obras se han escrito por extranjeros, descriptivas del pueblo de Cuba, quizás sea esta de Samuel Hazard la que con más fidelidad relata usos y costumbres y la que mayor simpatía muestra por los cubanos”.
Así escribía Hazard de la bahía capitalina:
Tenemos ante nosotros una vista completa de La Habana y sus inmediaciones: el Castillo del Morro a la izquierda; a la derecha, la ciudad con el histórico fuerte de La Punta en un extremo; las casas, pintadas de blanco, azul y amarillo, con sus techos de rojizas tejas, tienen apariencia fresca y luminosa, batidas por la brisa de esta mañana de enero.
En cuanto al libro de Walter Goodman (1838-1912), se tituló Un artista en Cuba y contiene una serie de ilustraciones humorísticas que aparecieron en All Year Round. El pintor-autor llegó a Cuba por el puerto de Santiago, procedente de Francia, el 9 de mayo de 1864, dos días antes de cumplir 32 años. Permaneció en el país por cinco años, transcurridos mayormente en las ciudades de Santiago y La Habana.
Trabajó como artista y como periodista, alcanzó un buen dominio del idioma español y pintó para el teatro. Sus colaboraciones (artículos y cartas) se publicaron en The New York Herald, para lo cual utilizó el seudónimo El Caballero Inglese. Pintó en Cuba varios cuadros —entre ellos retratos— de paradero desconocido y escribió el libro citado, que se publicó en Londres en 1873, pero en español solo algo más de un siglo después, en 1986, por la Editorial Letras Cubanas.
En el lapso de su estancia cubana Goodman se trasladó a Port Royal, Jamaica, en agosto de 1868, relacionada esta visita a la vecina ínsula con el tendido del cable submarino entre aquella Isla y esta. Estuvo confinado en el Morro de Santiago por breve tiempo —junto a su amigo artista Joaquín Cuadras, quien lo acompañó en el viaje— y por último se le conminó a abandonar el país en enero de 1870, embarcando hacia Nueva York, donde pasó escaso tiempo antes de cruzar el Atlántico con destino a Londres. El artista murió en Londres.
Samuel Hazard y Walter Goodman desarrollaron esa dual condición de escribir y pintar, que les permitió dar de Cuba una imagen multidimensional... que los lectores de hoy día aún disfrutamos.
