Pasaje por… Aire de luz

Aire de luz asombró con dos poetas que, a su modo de ver, no tenían mucho en común: uno, performático (por la forma de abordar la poesía); el otro, moderado en hallarla; pero los dos desde una misma óptica. Fueron el habanero Sinecio Verdecia Díaz y el matancero David López Ximeno.
Como ya es costumbre, la conductora Basilia Papastamatíu comenzó con unas palabras:
Invité a David a leer en este espacio en un momento en el que, para mi sorpresa, me dice que hace un tiempo suspendió su trabajo poético para emprender la escritura de textos ensayísticos. Entonces le deseo toda la suerte del mundo para que en este arduo campo del pensamiento racional logre lo que se propone. Pero confío en que no suspenda por mucho tiempo su quehacer poético para el que ya nos ha demostrado que está ampliamente dotado, y en el que lo hemos visto crecer de libro en libro. Porque, en efecto, sus versos revelan una sensibilidad, pasión por la vida y por la palabra, veneración y rememoración de lo mejor de la cultura, en particular de sus mejores manifestaciones desde la Antigua Grecia hasta nuestros días, ya sea desde la literatura hasta la música y las artes plásticas y arquitectónicas. Además, y muy particularmente, expresa en sus poemas el placer de los sentidos que producen aunados el amor y la belleza.
David Ximeno escogió poemas dedicados al jazz para darnos un recorrido, a través de su lectura, por Nueva York. Fueron: “Dril cien para Chano”, “Armstrong”, “Jazz poema navideño” y “Poema color Brooklyn”.
Sobre el segundo invitado comentó la anfitriona:
Decir que Sinecio es poeta, simplemente no abarcaría la complejidad de su actividad creadora: es multifacét
ico. Porque este autor no compone su poesía solo con palabras sino que construye verdaderas situaciones poéticas. Las arma integrando oralidad, actuación, música, Y la música como elemento esencialmente rítmico que dialoga con las palabras, surge de extraños instrumentos o artefactos, de origen secular algunos, pero modificados, readaptados para que funcionen como necesita el autor. Por lo singular de sus acciones, él mismo prefiere entonces denominarse "preforma". Y así anda por el mundo, desparramando poesía, en el más amplio sentido, a veces solo, otras acompañado por amigos espiritualmente afines. Y en esta poesía plural manifiesta su veneración por sus ancestros, por las culturas milenarias que lo nutrieron, y como una manera reivindicativa de esa parte de la humanidad todavía marginada u olvidada. Y esto es verdaderamente de agradecer.
El narrador oral Sinecio Verdecia acompañó cada poema con un instrumento y nos recreó Cuba, África, Latinoamérica, su historia. Escogió: “Corazón limpio” (calimba), “El colchonero” (calimba), “Capoeira” (caxixi), “El despedidor de vuelos” (filarmónica) y “Barriendo la república”.
Para la segunda ocasión, David no quiso romper la atmósfera creada por Sinecio, que nunca estuvo sentado de una manera convencional; y aunque David jamás cambió de postura, sus poemas tomaron la tónica de su compañero. “Invocación”, rezos para su padre, “Escribir la soledad” y “Príncipe”, fueron los dichos por él.
“Reencarnación” (clave), “Abrazo” (guitarra) y “Chacumbele” (calimba) fueron los poemas-canciones recitados por Sinecio Verdecia que impresionaron al público selecto, donde se encontraban el poeta Roberto Manzano y Edel Morales, actual director del Centro Dulce María Loynaz, donde se efectuó dicha actividad.
"Una fiesta de fina espiritualidad", así clasificó Manzano a esta edición de Aire de Luz.
