Traducir a Rilke: tres poemas
Rainer Maria Rilke nació en 1875 en Praga y falleció en 1926 en Montreux, Suiza, donde había terminado de escribir sus últimos libros: Elegías de Duino y Sonetos a Orfeo. Hasta 1918, Bohemia –hoy República Checa– formó parte del Imperio Austrohúngaro, cuya lengua oficial o lingua franca era el alemán. Al igual que otros escritores praguenses como Kafka, Leo Perutz, Franz Werfel y Max Brod, Rilke escribió casi toda su obra en alemán.
Gran viajero, Rilke visitó varios países, entre ellos Italia, Rusia, Dinamarca, Suecia, Holanda, Bélgica y España. En Francia residió varios años, y esa etapa se reflejó en la novela Die Aufzeichnungen des Malte Laurids Brigge (Los cuadernos [apuntes, anotaciones] de Malte Laurids Brigge, 1910), parcialmente autobiográfica, que describe las experiencias de un joven escritor en París.
Durante una breve estancia en tierra española recorrió, en 1912, las ciudades de Toledo, Córdoba, Sevilla y Ronda. Varios autores españoles se acercaron entonces a la obra rilkeana, que algunos de ellos traducirían años después. Dignos de mención, entre los traductores de Rilke al español, son Eustaquio Barjau (Elegías de Duino, Los sonetos a Orfeo); Federico Bermúdez-Cañete (El libro de horas, Nuevos poemas); Jaime Ferreiro Alemparte (Antología poética, Elegias duinesas/Duineser Elegien, Poemas a la noche/Gedichte an die Nacht) y José María Valverde (Cincuenta poesías, Obras).
Según Octavio Paz, “la actividad del traductor es paralela a la del poeta, con esta diferencia capital: al escribir, el poeta no sabe cómo será su poema; al traducir, el traductor sabe que su poema deberá reproducir el poema que tiene bajo los ojos.”1 (El subrayado es nuestro). Una buena traducción de poesía, como toda traducción, requiere en primer lugar un profundo conocimiento de la lengua de partida. Tratándose de Rilke esto resulta aún más necesario, pues acceder al contenido de su lírica, oscura en ocasiones y compleja siempre, no es posible si el traductor no posee esa herramienta fundamental que es el manejo del idioma en que originalmente se escribieron los poemas. Las “versiones” hechas a partir de traducciones anteriores o desde otros idiomas por lo general no son confiables, y no se debería recurrir a ellas salvo en el caso de no contar con profesionales capaces de realizar una traducción directa; y aun entonces, solo si el trabajo se realiza a dúo con un especialista en la lengua de partida.
De Rilke, por suerte, hay numerosas traducciones directas de probada calidad. Entre ellas hemos elegido tres poemas cuyas versiones nos parecen especialmente logradas.
La antología de Rilke publicada en La Habana, en 1979, por la Editorial Arte y Literatura, incluye traducciones de Valverde, Ferreiro Alemparte y Yolando Pino Saavedra, en acertada selección de Enrique Saínz, que permite al lector un primer acercamiento a la poesía de Rilke. Además de esta antología, en Cuba se comercializó hace algunos años la selección Versos de un joven poeta, con traducciones de José María Valverde, editada por Mondadori.
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Otoño
Caen las hojas, caen desde lejos,
como muriendo en parques de los cielos,
caen con ademán de negación.
Y cae en las noches la pesada tierra
desde los astros a la soledad.
Todos caemos. Esa mano cae.
y mira a los demás: igual en todos.
Pero hay Alguien que acoge esta caída
con suavidad inmensa entre sus manos.
(Traducción de José María Valverde)
Herbst
Die Blätter fallen, fallen wie von weit,
als welkten in den Himmeln ferne Gärten.
Sie fallen mit verneinenden Gebärde.
Und in den Nächten fällt die schwere Erde
aus allen Sternen in die Einsamkeit.
Wir alle fallen. Diese Hand da fällt.
Und sieh dir andre an: es ist in allen.
Und doch ist einer, welcher dieses Fallen
unendlich sanft in seinen Händen hält.
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Adviento
Empuja el viento rebaños de copos
por el bosque invernal como un pastor
y más de un abeto siente que pronto
se hallará nimbado de luz y amor;
y escucha un rumor distante. Resuelto
tiende sus ramas por senderos blancos,
y hace frente al viento y crece soñando
una noche de gloria y majestad.
(Traducción de Jaime Ferreiro Alemparte)
Advent
Es treibt der Wind im Winterwalde
die Flockenherde wie ein Hirt
und manche Tanne ahnt, wie balde
sie fromm und lichterheilig wird;
und lauscht hinaus. Den weissen Wegen
streckt sie die Zweigen hin – bereit,
und währt den Wind und wächst entgegen
der einen Nacht der Herrlichkeit.
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Canción de amor
¿Cómo he de sujetar el alma, para
que no roce la tuya? ¿Cómo alzarla
por encima de ti, hacia otras cosas?
Ay, quisiera ocultarla cerca de algo
perdido por lo oscuro, en un extraño
paraje silencioso, que no vibre
cuando tu hondura vibra.
Pero cuanto nos roza, a ti y a mí,
nos arrastra a los dos, igual que un golpe de arco
sacando de dos cuerdas una nota.
¿En qué instrumento se nos ha tensado?
¿Cuál es el violinista que nos pulsa?
Oh dulce canción.
(Traducción: Federico Bermúdez Cañete)
Liebes-Lied
Wie soll ich meine Seele halten, dass
sie nicht an deine rührt? Wie soll ich sie
hinheben über dich zu andern Dingen?
Ach gerne möcht ich sie bei irgendwas
verlorenem im Dunkel unterbringen
in einer fremden stillen Stelle, die
nicht weiterschwingt, wenn deine Tiefen schwingen.
Doch alles, was uns anrührt, dich und mich,
nimmt uns zusammen wie ein Bogenstrich,
der aus zwei Saiten eine Stimme zieht.
Auf welches Instrument sind wir gespannt?
Und welcher Geiger hat uns in der Hand ?
O süsses Lied.
1. Paz, Octavio: Literatura y literalidad, El signo y el garabato. Citado por: Bradu, Fabienne: Octavio Paz traductor. Disponible en: www.letraslibres.com
