En este lugar hay Aire de luz

La tertulia literaria Aire de luz que se realiza en el Centro Cultural Dulce María Loynaz, estuvo dedicada a dos poetas: Leonardo Guevara (La Habana) y Antón Arrufat (Santiago de Cuba); los dos de diferentes generaciones.
Leonardo Guevara Navarro nació en 1974 y ha publicado La maquinaria, Piramidal y Vida en comunión, fue premio Pinos Nuevos y Juan Francisco Manzano. De él comentó Basilia Papastamatíu, la anfitriona:
Conocí la poesía de Leonardo hace ya algunos años atrás, y la llegamos a publicar en La Letra del Escriba. Él es uno de los talentos cubanos que desearon recorrer el mundo […] por lo que cada vez que viene tratamos de acercarlo a los posibles lectores u oyentes. Un tiempo atrás formó parte de ese interesante experimento performático que fue Zona-Franca y desde entonces nunca ha perdido su inquietud por desacralizar, revelar o desmontar todo lo que los bien pensantes, y elegantemente, y canónicamente cultos, consideran que es la poesía bella, correcta estéticamente, y es así que utiliza en la suya las palabras en su más cruda significación, y los temas más pudorosamente ocultos, con una creatividad que nos atrapa.
Antes de empezar su lectura, como es habitual, el poeta agradeció al espacio por la invitación y la oprtunidad de compartir con Antón Arrufat, uno de los grandes de su generación y del momento, que aún con sus 80 años conserva una voz joven, sincera y madura.
Guevara escogió “El hombre taking a shower”, “La maquinaria 2”, y un poema sin título. Antes de cada lectura el escritor hizo un paréntesis, no solo para contar la atmósfera de sus versos sino hacer entender al público el espacio donde convive como emigrante. Terminó su ronda de lectura con “It was a painful day”, dedicado a su hermano; “La maquinaria”; “Martes 14”; “Para Juanka”, dedicado al poeta alamareño Juan Carlos Flores; y uno sin título.
Por su parte, Antón Arrufat escogió poemas inéditos; no obstante hizo lectura de otros ya conocidos, que casi siempre el público le solicita, entre ellos: “Canción de la vida pueril”, “Cuerpo del deseo”, “Cantar del doliente” “Claro Laín” y en su segunda oportunidad compartió un solo poema, ya conocido, pero siempre dispuesto a volverse a escuchar “Yo andaba suspirando, lloroso y vagabundo”.
La presentadora Basilia Papastamatíu expresó de este gran poeta, también narrador y ensayista, nacido en 1935, Premio Nacional de Literatura y de la Crítica Literaria:
A Antón lo conozco desde hace mucho tiempo, décadas diría, y siempre me gustó ver en él un escritor en el sentido más absoluto y exclusivo del término. Y ver claramente que no hubiera podido, ni querido, ni ser ninguna otra cosa más que eso. Y como tal no ha temido abordar todos los llamados géneros, todas las maneras posibles de hacer literatura, y lo ha hecho siempre, como sabemos, con gran talento e impecable profesionalidad. El lenguaje, la escritura, no tienen secretos para él, son su vida, su mundo, su forma privilegiada de expresarse y de comunicarse con los demás, y de su amplia obra literaria. A mí personalmente me ha atraído sobre todo su poesía, y de esta siento particular predilección por su más reciente libro, Vías de extinción, probablemente porque me identifico con las preocupaciones existenciales que revela y que son las de un ser consciente de sus límites, sus fragilidades y de la angustiosa fugacidad de su presencia en el espacio terrenal. Pero a pesar de su trasfondo sombrío, que no logran atenuar ni la ironía ni el humor tan propio de Antón, su lectura nos resulta muy seductora y nos produce el raro placer de jugar a enfrentarnos con la fatalidad.
