En Páginas inéditas
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Su abuelo fue un repentista, y en ocasiones nuestro invitado interrumpía la espontaneidad de algún verso octosílabo para decir los suyos, sin llegar a ser un gran improvisador aunque en su adolescencia toma en serio la escritura. Se hace poeta y editor, profesor adjunto de la universidad, licenciado en Estudios Socioculturales; gana el Premio Calendario, La Gaceta de Cuba y Farraluque; escribe Coordenadas coloniales y Libro de Heráclito; publica en España, Ecuador, Puerto Rico y por supuesto en Cuba. Ahora está aquí, en Páginas Inéditas, espacio que dirige el periodista Fernando Rodríguez Sosa y a quien le agradece la invitación Leymen Pérez.
Con respuestas profundas, este hijo de Matanzas, de talleres literarios, respondió a las preguntas que Sosa le dirigió por espacio de una hora.
Conocimos que no recuerda su primer poema pero sí su primero publicado, en el Caimán Barbudo; su tema era el suicidio. La estética de su obra es ir contra de sí mismo, ver a los clásicos, investigar y volver a investigar sobre ellos y concordar en que cada uno de sus libros es una isla, una célula independiente: “Hay que huir de la retórica, hay que arriesgarse. Hacerlo desde la honestidad”, porque se siente realmente poeta cuando está escribiendo.
“Y el poeta es parte oficio y parte inspiración. Cada poema tiene un universo en expansión y una sangre latiendo”. La definición de poesía es para él un espacio de resistencia. Es esencia y emoción.
Respeta al escritor para niños, tiene un cuaderno para adolescentes y otros proyectos con título provisionales: “Experiencia interior” y “Fractura de la belleza”, que saldrán por Ediciones Matanzas. El ensayo breve es el que le interesa, ha escrito muchos, porque requiere del dominio del tema, la belleza del lenguaje y de lo teórico.
“Quiero acostumbrarme a escribir la historia de una pequeña novela en un poema”, así definió el intelectual el hecho de que no le interesa la narrativa como ejecución, solo como lectura.
Dedicó varios minutos a comentar su experiencia de editor en varias esferas, detallándolo como un sacerdocio, trabajo que ejerce en Ediciones Matanzas donde hay una profesionalidad ante el libro y una obsesión en su acabado. Esta profesión lo favorece porque enriquece su base intelectual y lo desfavorece porque consume gran parte de su tiempo de creación.
Escogió para el público poemas que reflejan la realidad emergente, bibliográficos: “El reparador de junta”, “Parque Lenin”, “Huelo angustia”, “La muerte de los objetos”, “El sistema educacional”, “Esperando los bárbaros”, y del libro Subsuelo prefirió “La mejor vena”.
“Yo soy el otro” -le respondió Leymen Pérez con una frase de Dostoyevski a Rodríguez Sosa, cuando le preguntó quién es él-; sé en quién me quiero convertir: en un estado superior de la conciencia”.
