Eliseo Diego: de los más grandes poetas
Como si su obra no hablara por sí misma, vale siempre destacar el elogio que le dedicara el gran escritor y amigo, Gabriel García Márquez, al bardo cubano Eliseo Diego: “es uno de los poetas más grandes de la Lengua”.
Llegó Eliseo Diego a esta tierra el 2 de julio de 1920, a su Habana querida, para crecer y adornar las letras castellanas. “Soy, de oficio, poeta”, dijo. “Un pobre diablo a quien no le queda más remedio que escribir en renglones cortos que se llaman versos. Y lo hago no por vanidad o por el deseo de brillar, o qué sé yo, sino por necesidad, porque no me queda más remedio que escribir estas cosas que se llaman poemas”.
Sus años más tiernos los vivió en la casa familiar de Arroyo Naranjo, de donde tuvo que mudarse para el Vedado al afectarse la economía durante la Gran Depresión. Luego retornaría adulto, casado con Bella García Marruz (hermana de Fina) y en compañía de su madre e hijos.
En la mocedad realiza viajes a Europa, especialmente Suiza y Francia. De aquella experiencia que cimentó su alma de escritor reflexionaba: “¿Qué habría sido de mí sin la penumbra de los inmensos bosques de la Auvernia, sin los baños romanos de Roayat, sin las maromas del guignol en los parques crepusculares? Mis primeros maestros de poesía se llaman Luigi, el 'maitre' del Hotel León, en Roayat, y Olga, su esposa (...) Les cabe la pequeña gloria de haberle abierto los trillos del alma a un oscuro poeta menor de las Antillas, Dios los bendiga, y no llegaron a saberlo”.
Posteriormente hace historia junto a otros destacados intelectuales cubanos. Fue uno de los fundadores de la Revista Orígenes, junto a Cintio Vitier, Fina García Marruz, Octavio Smith, Agustín Pi, Julián Orbón, Gastón Baquero, Ángel Gaztelu y Virgilio Piñera.
Tradujo y versionó obras de afamados autores de literatura infantil y fue redactor de la Revista Unión, de la UNEAC.
Es uno de los escritores más recordados por los niños cubanos que aprendían sus poemas en los libros de lectura escolares.
Sus primeras publicaciones datan de 1928. Su libro de prosa poética Divertimentos ve la luz en 1946, y una de sus obras más entrañables, La Calzada de Jesús del Monte, fue publicada en el 49 bajo el amparo de Orígenes.
Entre decenas de reconocimientos, obtuvo el Premio Nacional de Literatura (1986) por el conjunto de su obra. Mereció en 1988 y 1989, consecutivamente, el Premio de la Crítica.
En 1992 la Universidad del Valle, en Cali, Colombia, le otorga el Doctorado Honoris Causa. En 1993 recibe Premio de Literatura Latinoamericana y del Caribe Juan Rulfo.
Falleció en México, el primero de marzo de 1994, tras sufrir un infarto del miocardio. Sus restos fueron trasladados a Cuba para el descanso eterno en el Cementerio Colón, a pocos metros del sepulcro de su amigo José Lezama Lima.
Dejó para nosotros innumerables libros como: Por los extraños pueblos, El oscuro esplendor, Muestrario del Mundo o Libro de las Maravillas de Boloña, Los días de tu vida, A través de mi espejo, Inventario de asombros, Veintiséis poemas recientes, Soñar despierto, Cuatro de Oros (poesía), Conversación con los difuntos (traducciones), En otro reino frágil, Aquí he vivido y Poemas al margen.
